jueves, 31 de diciembre de 2009

Y más imágenes



Y para terminar, estas otras imágenes que están más centradas en Gonzalo, Margarita y el Águila Roja. En la primera imagen he usado una frase de la canción In this life de Delta Goodrem, cuya traducción aproximada sería Dos corazones que pueden desatar un fuego. Para la segunda imagen he usado una cita del gran Oscar Wilde y para la tercera he escogido un fragmento de la canción Hero de Nickelback, que viene a decir, Y ellos dicen que un héroe puede salvarnos. Yo no voy a quedarme aquí y esperar.
Espero que os gusten!

Imágenes de esa dama condenada a no tener lo que desea






Como ya es Nochevieja y sé que si lo dejo para más adelante se me va a a olvidar, voy a colgar mis últimas creaciones. Esta ronda está dedicada a Lucrecia, me apetecía mucho hacer alguna imagen de ella y me han salido hasta dos marcapáginas (se ve que es una de mis habilidades secretas, ja ja, pero cuidado con el tamaño porque están muy ampliadas).
La frase usada en la primera imagen correcsponde a la canción Hay amores de Shakira.
Luego hay dos versiones de una misma imagen: una presentada como un dibujo en sepia (es que los adoro) y otra mezclando el efecto dibujo con el color propio de la fotografía.
Espero que os gusten.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El 7 de Enero, vuelve Águila Roja


No hay mucho más qué decir, salvo que el sabado se emitirá un resumen de la primera temporada. Y el jueves, ya sabéis, a las 22:00 y sin publicidad, se emitirá el primer episodio de la segunda temporada de la serie.

Conociendo a Irene


Ya tenemos una breve descripción del personaje de Irene, sobrina del cardenal, que está interpretado por la actriz Elisa Mouliaá:

Irene es la joven y tímida sobrina del cardenal Mendoza. Acostumbrada a una vida de encierro y meditación en Roma, se queda atónita al descubrir cómo es la vida real en el Palacio de la marquesa cuando su tío encomienda a Lucrecia su cuidado. De mano de Lucrecia, descubre el mundo de la sexualidad y los hombres. Sin embargo, la marquesa aprovecha su inocencia para modelarla a su antojo y predisponerla a favor del comisario. Éste, bajo las órdenes de la marquesa, tratará de conquistarla y asegurarse así una posición de poder por las influencias familiares de la joven.

Frente al comisario, Irene se enamora de Martín, sobrino de Catalina, que entra a trabajar como jardinero de la marquesa. Pero las diferencias sociales que les separan pondrán difícil su relación.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo XIX


CAPÍTULO XIX

Andrea pasó una parte de la noche explicando a Mario el motivo de su regreso. Cuando le vio en la cena sintió pánico por unos segundos, luego se tranquilizó, pues sabía que él nunca la delataría, pero más tarde, ella le tuvo que calmar a él. Sin darle demasiados datos le dijo lo suficiente para que se quedara tranquilo.

Charles, ante la inesperada visita corrió a esconderse a otro cuarto y cuando Mario se fue, Andrea, a pesar del cansancio, tuvo que responder a las preguntas lógicas de Charles.

¿Estás segura de que no le dirá nada a Ramón Rivas?− Preguntó por tercera vez Charles.

Ya te lo he dicho, Mario es

El abogado de Ramón Rivas y tu ex marido.− Concluyó Charles.

Sí, pero es un buen hombre, íntegro y nunca haría nada que me pusiera en peligro.− Explicó Andrea mientras se quitaba los pendientes.

Espero que tengas razón.− Dijo Charles con tono preocupado.

La tengo, así que vamos a pensar en Fernando ¿se te ha ocurrido algo para saber si le tienen allí?− Preguntó Andrea.

Sí. Entrar y preguntarles.

Muy gracioso.− Soltó Andrea mientras colocaba la peluca rubia en un soporte.

No pretendía serlo. Sencillamente no se me ha ocurrido un modo de saber si es cierto que está allí sin delatarnos. ¿Quién más iba a preguntar? Y sobre todo ¿para qué lo iban a decir?

Alguna manera habrá de...− Comenzó Andrea, pero de repente se quedó callada, con la boza medio abierta y mirando a la nada con un gesto de fascinación en su rostro.

¿Qué pasa?− Inquirió Charles observando a Andrea con el ceño fruncido.

¿Para qué lo iban a decir? ¿¡Para qué lo iban a decir?!− Exclamó Andrea casi riendo.

Habla más bajo. ¿Se te ha ocurrido algo?− Preguntó Charles incrédulo.

Suena a tontería y precisamente por eso puede funcionar… Si me preparo adecuadamente, claro.− Dijo Andrea, estaba tan emocionada que caía en la incoherencia y Charles la miraba con una mezcla de diversión y preocupación.

Pero ¿me lo vas a decir?− Soltó Charles usando un tono tan alejado de sus maneras de caballero inglés, que hacía pensar que Paloma le habría soltado algo parecido muchas veces.

¿Qué hace un hombre para conquistar a una mujer?

What? ¿Eso a qué viene? No te entiendo, Andrea.− Preguntó Charles confuso.

Responde a mi pregunta.− Insistió ella con una nota de impaciencia en su voz.

¿Qué hace un hombre para conquistar a una mujer? Pues no sé… Trata de impresionarla, supongo, pero ¿qué relación tiene esto con Fernando?

¡Exacto! No todos los guardias de esa comisaría tienen idea de lo trascendental que es la discreción, pero sí saben la importancia del preso que custodian.− Comentó Andrea abriendo mucho los ojos mientras intentaba explicar su plan.

Y ¿pretendes que uno de los guardias le confirme a una mujer que tienen allí a Fernando?− Preguntó Charles que tenía la sensación de que se estaba perdiendo algo.

No, nadie me va a confirmar nada, en todo caso me lo van a relatar como un logro heroico, para intentar captar mi atención.− Dijo Andrea más para sí misma que para Charles, que escuchaba perplejo.

¿Tú? De ninguna manera, Andrea ¿sabes lo arriesgado que es? Es importante que Marie Berger siga siendo una identidad segura, no deberías…

No iré como Marie Berger, tengo otro disfraz.− Explicó Andrea distraídamente; Se quedó un rato pensativa y luego dijo.− Una de las pocas cosas que conozco de ese lugar es el bar más cercano, supongo que es allí donde van los guardias en sus cambios de turno. Iré mañana mismo.− Decidió entusiasmada, olvidando el cansancio que tenía.

¿Estás segura? Es muy temerario para ser tan poco fiable, no tienes ninguna garantía de que el guardia vaya a hablar de ello y, lamento mi grosería, pero ni siquiera sabes si alguno de esos guardias se fijará en ti.

Andrea alzó las cejas y dijo:

Cuando te enseñe el otro disfraz me dices si se fijarán o no, además, sólo necesito hablar con uno.− Respondió Andrea, zanjando la conversación con una sonrisa, y acto seguido se fue a dormir.

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Dedicado a NoA, por cederme muchas de sus imágenes. Gracias, estrella.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz Cumpleaños, María


¡¡Para que veas el cariño que te tengo!! que yo a este señor no le cuelgo en mi blog más que por ti, ja ja. En fin, bromas aparte, feliz cumpleaños y un beso enorme.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Los nuevos fichajes




Ya sabemos más sobre los personajes que surgen en la segunda temporada de Águila Roja.

- El Cardenal Mendoza (José Ángel Egido) es un poderoso miembro del clero con demasiada ambición.

- A este le acompaña su bella sobrina Irene (Elisa Mouliaá) que al parecer no tiene nada que ver con su tío ya que tiene un carácter dulce e inocente.

- Y para terminar está Martín (el fichaje que en principio parecía un rumor, Roger Berruezo), un campesino rebelde y (sin duda) muy atractivo que es sobrino de Catalina.

http://www.formulatv.com/1,20091221,13684,1.html

sábado, 19 de diciembre de 2009

Cuatro imágenes -como celebración de mi descanso-




Aquí os dejo cuatro imágenes más, en realidad tres, porque la de Lucrecia quedaba bien en diferentes tonalidades, de modo que hice las dos tomando prestada una frase de Jonathan Swift que creo que plasma bastante bien lo dañinas y denigrantes (para la propia persona, sobre todo) que pueden llegar a ser ciertas ambiciones. Para la imagen de Gonzalo y Margarita he optado por una canción del grupo Staind que me encanta: Everything changes. Y para la del Águila Roja con Margarita (con la que he intentado emular, con imágenes de la primera temporada, el rapto que Margarita sufre en la segunda) he usado el título de una de mis canciones predilectas del grupo The red jumpsuit apparatus.
Ya de paso, agradezco a Maodi su iniciativa de crear el hilo de felicitaciones y aprovecho para desearos unas felices fiestas.
De todo corazón de vuestra Slayer.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Subidón



Tantas imágenes y tantos vídeos en tan poco tiempo, después de haber estado a dos velas han provocado en mí un subidón y eso ¿en qué se puede traducir? pues sí, en imágenes, así que aquí van otras dos.

Gentileza de Aliga


Esta captura, es préstamo de Aliga, de modo que gracias, porque sino me tenía que contentar con las que nos ha ofrecido RTVE. la frase, no hace falta decirlo, es de Gonzalo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Y esta, dedicada

Como sé que te gustan mucho las foticos y esta imagen en concreto es bonita por sí misma. Te dedico esta imagen, Cibeles, espero que te guste.

Creaciones de la segunda temporada


Por fin, no sabéis qué ganas tenía ya. Bueno, espero que os guste, para la imagen de Gonzalo y Margarita he usado un fragmento de la canción Contigo, de Rosana.

El regreso de la serie

Hola gente, por fin tenemos nuevos avances de la serie que será emitida en 2010 (extraoficialmente se ha hablado de enero como mes de regreso). Aquí os dejo el enlace:
Más videos en la Web oficial de Águila Roja.

martes, 15 de diciembre de 2009

Más Águila Roja


Reedición de dos imágenes que os gustaron mucho, espero que estas también. Un beso!

sábado, 12 de diciembre de 2009

Capítulo XVIII

CAPÍTULO XVIII

Andrea cenó con los Rivas, se encontró con alguien a quien no esperaba ver, pero charló con todos ellos animadamente, fingiendo un acento francés que nunca tuvo y ningún miembro de la familia Rivas sospechó nada; Charles permaneció en el piso, sentado frente a una mesa, con la mirada fija en el extremo opuesto, ingeniando maneras de conocer el paradero de Fernando; Y mientras todo esto ocurría, Alicia lloraba en silencio en el cuarto de baño.

¡Alicia, sal ya, que me hago pis!− Gritó Pedrito al otro lado de la puerta, mientras hacía aspavientos y se contorsionaba para que su padre, desde el salón, se diera cuenta de la urgencia que tenía.

Pedrito, hijo, aguanta un poco.− Dijo Álvaro levantando la vista por un momento de los trabajos que estaba corrigiendo.

Alicia se lavó la cara y se la secó rápidamente con una toalla, se miró al espejo y respiró hondo, antes de dar el visto bueno a su rostro. Todavía notaba las pestañas húmedas a causa de las lágrimas, pero nadie lo notaría a no ser que se acercara mucho. Abrió la puerta del baño y antes de que pudiera salir, Pedrito entró como una exhalación.

¡Bueno!− Exclamó Alicia intentando aparentar normalidad.

Se dirigió al salón y al ver que estaba Álvaro, se dio la vuelta.

Alicia.

Ella regresó al vano de la puerta, pero no entró en la estancia, como si una barrera invisible flanqueara la entrada.

¿Qué tal estás?− Preguntó Álvaro mientras ordenaba los trabajos que tenía esparcidos sobre la mesa.

Alicia adoptó una expresión hermética y ausente.

Bien.− contestó lacónicamente.

Supongo que estás preocupada por Fernando y es normal, pero no tienes que fingir delante de mí, me parece bien que Pedrito no sepa nada de todo esto, pero ¿no quieres saber lo que he estado haciendo?− Comentó Álvaro, al tiempo que metía los trabajos en su cartera de cuero.

¿Has averiguado algo?− Preguntó Alicia caminado lentamente hacia Álvaro.

Por el momento, poca cosa, pero estoy a la espera de que me den más datos, mis contactos son lentos y escasos, pero fiables.− Respondió Álvaro mientras dejaba la cartera en una silla.

Álvaro se puso en pie, fue hacia el aparador y llenó generosamente dos copas de jerez, le ofreció una a Alicia y se sentó en el sillón. Alicia permaneció de pie, observando a Álvaro con el ceño ligeramente fruncido.

He averiguado dónde lo tienen.

Eso lo decían en el artículo.− Dijo Alicia sin poder ocultar su decepción.

También me he ofrecido como abogado defensor de Fernando.

Alicia abrió mucho los ojos, dejó la copa en la mesa y se sentó a su lado, de repente sintió una oleada de ternura hacia Álvaro.

¿Y ha aceptado?− Preguntó emocionada, poniendo una mano en su rodilla.− Espera un momento.− Musitó cambiando su rostro esperanzado por un semblante serio.− Fernando va a ser juzgado por un tribunal militar, según decían en el artículo, tú no puedes ser su abogado, no eres militar.− Al llegar a esa conclusión, Alicia, inconscientemente, retiró la mano de la rodilla de Álvaro.

Lo sé, pero tenía que intentarlo.− Contestó Álvaro apesadumbrado.

Hubo unos segundos de silencio, de repente se oyó abrirse la puerta del baño y el correteo de Pedrito, acto seguido se escuchó abrirse otra puerta, al otro extremo del pasillo: Pedrito había entrado en su cuarto.

¿Sabes algo más?− Preguntó Alicia sin muchas esperanzas.

Estoy intentando enterarme de las condiciones en que tienen a Fernando y también de qué se le acusa exactamente. Probablemente mañana me digan algo sobre los cargos a los que va a enfrentarse.− Respondió Álvaro. Tras unos segundos, dijo.− Lamento no poder decirte más.

No tienes nada de qué disculparte, al contrario.− Sentenció Alicia.

Ambos se quedaron en silencio de nuevo, mirando únicamente al suelo. Desde que saltó la noticia de Fernando, las baldosas habían pasado a ser un elemento útil a la hora de esquivar un contacto visual incómodo.

Voy a dar un paseo.− Anunció Alicia mientras se levantaba.

Te acompaño.− Dijo Álvaro incorporándose del sillón y dejando la copa en la mesa.

No.

Álvaro se quedó inmóvil, casi congelado ante la negativa de Alicia, ella se dio cuenta de su brusquedad y trató de arreglarlo.

Es que prefiero estar sola, lo necesito.− Dijo con voz más dulce.

Deberías compartir conmigo todo eso que llevas dentro, Alicia, no puedes con esto tú sola.

Ella permaneció en silencio unos segundos, mirando al suelo nuevamente y buscando las palabras, cuando por fin habló, lo hizo con voz trémula:

Necesito llevar esto sola, porque si empiezo a hablar, si empiezo a llorar… No arreglaré nada y además tú sufrirás. Y eso es algo que no estoy dispuesta a asumir.− Dijo Alicia con sinceridad.

Álvaro se quedó de piedra y cuando ella salió del salón, se desplomó en el sillón.

Ella cogió su abrigo y salió de casa sin tener aún un destino fijado.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Entrevista a Roberto Álamo

No sé al resto, pero a mí este actor me cae genial, me parece un hombre sincero y divertido, me alegro de que forme parte del elenco de Águila Roja.
Aquí os dejo el enlace a la entrevista:

martes, 8 de diciembre de 2009

Más héroe

Como me encantan las escenas de tejado, aquí va una imagen de uno de esos momentos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Dos felicitaciones



Dos felicitaciones, pero los mismos deseos: Que tengais unas fiestas felices y divertidas, que el próximo año sea mejor que el anterior, que el mundo sea un lugar un poquito más justo para todos y, ¿por qué no? QUE OS TOQUE LA LOTERÍA.

Parejas y triángulos


Aquí dos imágenes, una de una pareja que es y no es al mismo tiempo, y otra de ese triángulo amoroso que trae por el camino de la amargura a más de una y más de dos.
La imagen de la parejita tiene la frase que da título a una canción de Sarah McLachlan y el triángulo amoroso, tiene la frase de una canción que cantó Inma en AETR, titulada Los dos amigos.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Capítulo XVII

CÁPITULO XVII

Una elegante mujer mira por la ventanilla del tren. Es una rubia de ojos negros y sonrisa amable; aparentemente no supone un peligro para nadie, es menuda y su carísima ropa sugiere que no le preocupan tanto los acontecimientos del mundo, como lucir perfecta en cada ocasión. Sin embargo, Marie Berger se dirige a España con un objetivo claro y muy alejado de la imagen que proyecta.

En el vagón contiguo viaja un caballero que lee detenidamente un periódico. Es alto, delgado y de pelo castaño oscuro. Detrás de unas gafas redondas, sus ojos saltan de renglón en renglón; al llegar al final del artículo, dobla el periódico y lo deja sobre sus piernas mientras observa por la ventanilla como caen unos tímidos copos de nieve. Hace pocos días salió de Inglaterra para Francia y el cansancio del viaje se dibujado en su rostro en forma de ojeras. Aún así, sus ojos azules no han perdido su viveza. Aunque ya se había alejado de la política, Charles, que en este viaje ha cambiado su nombre por James Norton, ha accedido a embarcarse en la misión a petición de un viejo amigo.

El hombre subió al tren dos estaciones después de que lo hiciera Marie Berger y aunque ambos desconocen el paradero del otro en el tren, saben que una vez estén en España tendrán que colaborar.

Cuando llegaron a España bajaron por separado y siguieron caminos distintos. James Norton llegó al piso franco veinte minutos antes de que lo hiciera Marie. Una vez allí, cayeron las máscaras: Marie comenzó a quitarse horquillas del pelo y, agarrando de un extremo, se libró de la peluca rubia, revelando un cabello negro ondulado. Charles, por su parte, se quitó las gafas y las dejó en una mesilla. Sonrieron y comenzaron a hablar en voz muy baja de la misión que les había llevado hasta allí. Tras unos pocos minutos de charla, se planteó el primer problema:

No puedes fiarte de la prensa… en ningún estado, pero menos aún en España.− Sentenció Charles con un marcado acento inglés.

No digo que sean el adalid de la sinceridad, pero es el único dato que tenemos de su situación.− Comentó Andrea al tiempo que señalaba con el dedo un artículo de prensa.

Pero no podemos arriesgarnos, deberíamos cerciorarnos de que efectivamente es ahí donde le tienen antes de preparar una ofensiva contra ese edificio, el factor sorpresa es esencial.− Dijo Charles.

Lo sé, tenemos que preparar alguna estratagema para averiguar si le tienen allí encerrado ¿alguna idea?− Preguntó Andrea ligeramente desanimada.

Algo se nos ocurrirá, de todos modos no podemos planearlo ahora, debes ir al despacho de Ramón Rivas, es trascendental mantener las apariencias.− Le recordó Charles a Andrea.

Lo sé…− Respondió Andrea con desgana.

Si te sirve de consuelo, mañana yo tendré que cubrir un evento deportivo.− Comentó Charles esbozando una sonrisa.

Andrea suspiró y después de unos minutos salió del piso como Marie Berger para encontrarse con Ramón Rivas.

La canción de Inma y Manuel

La colaboración que hicieron Inma Cuesta y Manu Carrasco para el disco Juntos por el Sáhara:

viernes, 4 de diciembre de 2009

Y una imagen misteriosa


Un héroe en la oscuridad de la noche. Había pensado en ponerle una cita, pero la imagen de Gonzalo surgiendo de entre la penumbra tiene mucha fuerza por si sola.

Otras creaciones



Aquí os dejo otras creaciones. La frase de la parejita la tomo de una canción de Mónica Molina que se titula La despedida y la cita de la imagen de Gonzalo es del escritor Alfred Victor de Vigny.

martes, 1 de diciembre de 2009

Más carteles


Y aquí el único que me han expuesto, la verdad es que me gusta más cualquiera de los otros.

Carteles para Águila Roja






Bueno, aquí están mis creaciones. No estoy muy orgullosa de ellas, porque sólo uno me quedó como yo quería que quedara, pero en fin, al menos he participado.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Capítulo XVI

CAPÍTULO XVI

Aquella mañana Alicia fue a la facultad como si fuese un día normal. Álvaro estaba impresionado por su manera de sobrellevar el asunto, a pesar de que ella apenas había abierto la boca durante el desayuno. Al momento de conocerse la noticia, ella se había encerrado en sí misma y él había comenzado a interpretar cada gesto de Alicia como un acto de altruismo, incluso aquella introversión fue traducida por Álvaro como “un intento de no alarmar a Pedrito”.

Aún así, la realidad de Alicia era otra: en su interior sentía como se iba derrumbando a cada paso que daba, le costaba hasta respirar, perdía las esperanzas, las fuerzas. Alicia estaba agotada de fingir fortaleza, sin embargo había tomado la firme determinación de no rendirse; si únicamente su vida hubiese estado en juego, lo habría hecho, pero Fernando dependía de ella y eso había dado lugar a un coraje que nunca pensó tener.

Había estado varios días pensando en lo que Álvaro había dicho, “Las cosas no van a quedar así”, y era cierto, pero las armas que Álvaro pretendía usar sólo servían en una democracia, en una Dictadura da igual lo alto que grites o las razones que expongas; las balas silencian cualquier argumento, aunque nunca maten a las ideas. Además, las palabras son un arma eficaz, pero lenta y si algo no tenía Fernando, era tiempo. Y eso Alicia lo sabía demasiado bien, así que optó por luchar, pero de otra manera, y para ello era necesario que Álvaro no sospechase nada, así que pasó los últimos días interpretando un papel.

Alicia esperó en el pasillo con Álvaro hasta que él se fue a impartir su clase de Derecho Romano a los de primero y, antes de que llegara el profesor de turno, se metió en un baño, cerró la puerta tras de sí y echó una ojeada por debajo de las cabinas para constatar su soledad. Miró la puerta con aprensión, aún podía oír a sus compañeros fuera. Abrió las puertas de las cabinas una por una y tras comprobar que la suciedad era la misma en todos los retretes, entró en la última cabina y corrió el cerrojo de la puerta.

Con cuidado de no rozarse con nada, Alicia abrió el bolso. Sacó de nuevo el periódico y releyó la primera plana. Por fin encontró lo que buscaba, casi al final del artículo se mencionaba el lugar en el que le tenían recluido: le habían llevado a la Puerta del Sol, donde seguramente le tendrían preso en uno de los calabozos.

Volvió a meter el periódico en el bolso, respiró hondo y tragó saliva; Descorrió el cerrojo y abrió la puerta despacio, se asomó y aguzó el oído. El silencio reinaba en los pasillos de la facultad. Salió del retrete y se dirigió hacia la puerta, sujetó el picaporte y escuchó nuevamente con atención, esperando oír a algún profesor charlando con otro en el pasillo, pero no fue así, de modo que abrió la puerta y fue directa a la salida de la facultad. Los pasillos estaban casi desiertos y evitó con éxito a los pocos profesores que merodeaban por la facultad, atravesó la puerta sin que nadie la viera y se felicitó por ello, ya que sabía que si alguien la observaba saliendo de la universidad furtivamente, no tardaría en irle con el cuento a Álvaro.

Caminó en círculos durante un buen rato, por si la seguían; ella misma creía que era un comportamiento paranoide, pero pensó que cualquier precaución era poca si pretendía ayudar a Fernando, y cuando llegó a una calle más céntrica, pidió un taxi. En pocos minutos estaba frente al edificio en el que Fernando estaba apresado.

De pronto Alicia cayó en la cuenta de que su plan finalizaba ahí, no había pensado en cómo entrar o cómo iba a enterarse de la situación del preso sin levantar sospechas. Se sintió como una estúpida. “¿Ayudar a Fernando? ¿¡A quién vas a ayudar tú?!” Se reprendió a sí misma. Bajó la cabeza y respiró hondo mientras hacía enormes esfuerzos para no llorar. Pensó que lo mejor sería coger otro taxi y regresar a la facultad, para que, al menos, Álvaro no se enterara de su inútil excursión. Se dio la vuelta y de repente alguien la empujó por detrás de tal modo que tropezó con sus propios pies y a punto estuvo de caer al suelo.

¡Pero bueno! Podría poner más cuidado.− Dijo Alicia con un enfado que era consecuencia de su sentimiento de impotencia, más que del empujón en sí.

Y usted mire por donde va y no se plante en medio.− Dijo con muy malos modos el hombre enjuto que acababa de salir de la comisaría.

Alicia le miró con rabia y retomó su plan de volver a la universidad. Cogió un taxi y durante el trayecto pensó en lo infructuoso de su escapada; luego recordó el rostro y la expresión del hombre que la había empujado. Parecía que todos los elementos se habían confabulado para hacer de aquel, un día humillante.

Alicia ni siquiera imaginaba la trascendencia de lo que había visto.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Por un fin


El disco X1Fin, Juntos por el Sáhara, salió a la venta el día 17 de noviembre, justo después del concierto. En este disco encontraremos:
- Cadillac solitario.- Laura Pamplona & Jarabe de palo.
- ¿Dónde estás?.- Michelle Jenner & Leiva (Pereza).
- Sweet black angel.- Fede Celada & Rubén (Pereza).
- Una noche sin ti.- Jimmy Barnatán & Sidecars.
- Lo eres todo.- Silvia Abascal & Pedro Guerra.
- Sympathy for the Devil.- Asier Etxeandía & Pastora.
- ¡Chas! Ya aparezco a tu lado.- Sabrina Garciarena & Supersubmarina.
- Dulce condena.- Blanca Romero & Maldita Nerea.
- One.- Lluvia Rojo & Jaime Sr. Nadie.
- Como yo te amo.- Edu Soto & Conchita.
- La leyenda del espacio.- Juan José Ballesta & Poncho K.
- Es por ti.- María Castro & David de María.
- Amores que matan nunca mueren.- Inma Cuesta & Manuel Carrasco.
- Es muy fácil.- Alberto Amarilla & Bebe.
- Pacto entre caballeros.- Santi Millán & Estopa.
- Años 80.- Álex González & El canto del loco.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Capítulo XV

CAPÍTULO XV

Mientras tanto, en París, en una pequeña sala de estar, estallaba una discusión:

Hay que sacarle de ahí. ¿No veis que ya le tienen sentenciado? Fernando morirá si no hacemos algo enseguida.− Gritó Andrea desesperada.

Él aceptó esta misión a sabiendas del riesgo que corría, conocía perfectamente las consecuencias que un fracaso podría tener. El fracaso se ha producido de la peor manera y la organización no puede correr el riesgo de perder a otro agente para ayudar a Solís.− Sentenció un anciano de ojos grises que estaba sentado frente a Andrea.

Fernando Solís corrió el riesgo porque la organización se lo pidió, es probablemente uno de nuestros mejores agentes ¿Y vais a dejarle morir así como así?− Insistió Andrea.

¿Morir? Aún no se ha celebrado el juicio.− Comentó el anciano sin mirar a Andrea.

Ella soltó una risa nerviosa.

Debes de estar de broma… ¿Juicio? Desde que terminó la República no ha existido la justicia en España. ¡No entendéis nada! Vosotros salisteis de allí al finalizar la guerra, no vivisteis la posguerra, yo sí, no sabéis el rencor que nos guardan aún.− Soltó Andrea indignada.

Eres tú la que no entiende.− Dijo un hombre de pelo castaño que estaba sentado a la derecha del anciano.− Solís es una pérdida terrible, su muerte supone un golpe tremendo para la organización. Para sacarle de allí haría falta alguien igual de bueno que él y, suponiendo que existiera, el riesgo de perder también a ese otro agente es demasiado grande.

Se produjo un silencio tenso, durante varios segundos nadie dijo nada, los dos hombres se limitaban a mirar la alfombra y las paredes, mientras Andrea buscaba su mirada sin éxito.

¿Qué me dirías si te dijese que ya he encontrado a ese agente?− Dijo Andrea al fin.

Te diremos que no le vamos a proponer semejante misión. Es un suicidio, Solís ni siquiera pudo desenmascarar al topo.− Respondió el anciano.

De nuevo se produjo otro silencio y hasta que el anciano preguntó:

Sólo por curiosidad, ¿de quién hablas?

De mí, estoy dispuesta y sé que soy capaz de ir a España, desenmascarar al topo, sacar a Fernando de la prisión y volver con él sano y salvo.− Dijo Andrea, que se había puesto en pie, mientras les dedicaba una mirada desafiante.

No lo harás.− Comentó con desdén el hombre más joven.

Lo haré, sólo os pido apoyos, contactos, la misión la llevaré a cabo sola, pero necesito una infraestructura en la que apoyarme.

La tendrás.− Dijo de pronto un hombre que estaba apoyado en la puerta y miraba a Andrea sonriente.

No estás autorizado para brindarle semejantes apoyos a alguien que pretende ir contra las órdenes de la organización.− Contestó el anciano airado que también se había puesto en pie y daba golpes en el suelo con el bastón.

La organización es muy grande y hay gente por encima de ti, he logrado convencer a algunos, no hace falta más. Andrea llevará a cabo la misión y contará con el apoyo de la organización.

¿Esto lo haces por darle el capricho a tu mujer, la burguesita?− Inquirió el hombre joven que era el único que continuaba sentado.

No.− Contestó Antonio dando un paso hacia él.− Esto lo hago por justicia.

Hay que ser prácticos, no es que me agrade, pero no se puede ganar una batalla sólo con buenos sentimientos e ideales.− Dijo el anciano en un último intento por convencer a Andrea.

Lo sé.− Contestó ella cuando ya estaba a punto de salir.− Pero sin sentimientos ni ideales, simplemente no merece la pena ganar.

Antonio y Andrea se miraron a los ojos, sonrieron y, mientras Antonio cerraba la puerta tras él, se besaron.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Entrevista a Roberto Álamo (Buenafuente)


Roberto Álamo habla con Andreu Buenafuente de la obra de teatro Urtain, de la que es protagonista.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Que no panda el cúnico

No temais, no me he olvidado de Águila Roja, lo que pasa es que con el tema del cartel, he centrado mis esfuerzos en eso. El 1 de diciembre publicaré mis carteles en el blog, hasta entonces, me decanto por el secretismo.
Suerte para todos/as.

Capítulo XIV

CAPÍTULO XIV

La noticia corrió como la pólvora. Las gentes de la Plaza de los Frutos no daban crédito. En el Asturiano, cayó como un jarro de agua fría, un nuevo mazazo para todos aquellos que seguían creyendo en la República, pero que se habían resignado a vivir bajo el poder del yugo y las flechas. Pelayo maldijo a “todos los batracios del Pardo”, Marcelino mantuvo la esperanza de que la noticia fuese falsa, como pasó en otra ocasión, y Manolita le echó una ojeada a la mesa en la que Fernando solía tomar su café, y sabiendo que, como siempre, le tocaba ser la fuerza que sacara adelante a la familia, respiró hondo y le dio una palmada en la espalda a su suegro.

Mientras tanto, en la celda, Fernando pensaba en la reacción de Alicia cuando conociera la noticia. Estaba seguro de que saldría en los periódicos, de hecho ya le habían fotografiado junto a dos guardias civiles, cosa que le extrañó, pues era raro que Mendoza no quisiera apuntarse el éxito. Sería exhibido como un mono de feria, como una muestra del fracaso de los rojos. La idea hacía que le hirviera la sangre: Mirad lo que pasa por intentar cambiar las cosas, mejor, estaos quietecitos.

A pesar de que aún tenía el cuerpo dolorido, decidió que tenía que pensar en cómo iba a afrontar el interrogatorio. No tenía miedo, pues todos aquellos a los que podía delatar ya estaban muertos y, de los hombres que le habían llevado en coche hasta allí, no conocía ni su nombre, pero quería sentirse preparado para lo que le esperaba, no quería derrumbarse durante las torturas que vendrían.

En ese momento, la puerta se abrió con un chirrido y Mendoza apareció llevando un traje marrón que pretendía ser elegante. Miró a Fernando a los ojos y sus labios se curvaron en una sonrisa siniestra.

¿Qué tal estás? ¿Te sientes más cooperador que ayer?− Preguntó con una dulzura que daba escalofríos.

.− Contestó Fernando con sarcasmo.− Has tenido mucha suerte, hoy me siento más inclinado que nunca a ayudar a un régimen fascista.

Mendoza se puso a dar paseos frente a la celda al tiempo que sonreía.

No me he equivocado contigo, los tienes bien puestos… Ya veremos si sigues así de gallito cuando comience el interrogatorio de verdad.

¿Aún no ha empezado? Vaya, no pensé que los fascistas perdierais el tiempo con un rojo de mierda, ni siquiera lo perdéis en plantearos las órdenes que os dan…− Comentó Fernando despreocupadamente, intentando provocar de nuevo las iras de Mendoza.

Ah, pero es que no estoy perdiendo el tiempo.− Contestó Mendoza abriendo mucho los ojos, y utilizando un tono propio de un maestro que explica un problema de matemáticas a un niño.− Estoy haciendo un sondeo, para ver si puedo ahorrar energías y sacar algo de ti sin tener que recurrir a… otros métodos.

¿Qué te hace pensar que voy a querer ayudarte?− Inquirió Fernando, que, de repente, tuvo la certeza de que Mendoza aún tenía un as guardado en la manga.

¿Querer ayudarme? No, ni siquiera necesito que quieras ayudarme. Tú sabes que yo no soy de los vuestros, pero nadie más lo sabe. Otro camarada suicida, como tú, podría tener la errónea impresión de que puede cazarme y terminará como tú. ¿Lo entiendes ahora, Fernando? No eres una presa, eres un cebo.− Contestó Mendoza.

Fernando sintió que el mundo se le caía encima.

Los periódicos… Son un llamamiento, pretendes cazar a los que reaccionen ante mi encarcelamiento y a los que intenten ayudarme.− Dijo Fernando mirando a Mendoza con horror.

Veo que has comprendido la situación.− Comentó Mendoza, satisfecho, mientras asentía con la cabeza.

Se dirigió hacia la puerta y cuando estaba a punto de salir, se dio la vuelta hacia Fernando y dijo:

Simplemente quería que supieras que las muertes que vengan, son sólo culpa tuya… Incluida la de nuestro amigo común, Juan.− Dijo Mendoza sin perder la sonrisa, acto seguido salió y cerró la puerta.