miércoles, 30 de septiembre de 2009

Una imagen del encapuchado y Margarita


Espero que os guste... a mí desde luego me encantó aquella escena.

Capítulo VII

CAPÍTULO VII

El júbilo estalló en la camioneta al poco de perder de vista a la pareja de guardias civiles. El conductor, haciendo gala de una sorprendente efusividad, sonrió de oreja a oreja y le tendió la mano a Fernando por encima del volante. Fernando la estrechó con fuerza, mientras decía:

Lo logramos, camarada.

Si te digo la verdad, no las tenía todas conmigo.− admitió el conductor.

Bueno, pero ya ha pasado, hemos logrado cruzar. Ahora sigue mis indicaciones. Llegaremos a un bosque y ese será el final de tu viaje… que no del mío.− Añadió con un suspiro.

¿A partir de ahí continuarás solo?− Inquirió el conductor sorprendido; desde que habían cruzado la frontera se mostraba más locuaz.

Tuerce por ahí.− Indicó Fernando.− Sí, cuando lleguemos a ese bosque cada uno seguirá por su camino.

Y ¿falta mucho para llegar?− Preguntó el hombrecillo, con un deje lastimero en la voz.

¿Acabas de conocerme y ya quieres perderme de vista? Vaya, y pensar que tú me habías caído simpático.− Soltó Fernando con un tono sarcástico.

No estoy acostumbrado a este tipo de misiones, yo suelo hacer cosas más… más sencillitas.− Contestó el conductor a modo de disculpa.

No te lo echo en cara, hombre.− Dijo Fernando, dándole una palmada en el hombro.− Pues supongo que faltan varias horas, pero ya no habrá que preocuparse, no tú, al menos; si hemos logrado pasar la frontera, no tendríamos porqué tener problemas en otros controles. Además, iremos por zonas más seguras.

De acuerdo.− Contestó el conductor.

Desde luego no le había hecho demasiada gracia saber que todavía faltaban varias horas para dejar a Fernando en el bosque, pero parecía más tranquilo al saber que lo difícil ya lo habían superado.

Mientras tanto, en un portal de Madrid, Alicia trataba por todos los medios de borrarse los rastros de lágrimas antes de subir a casa, frotándose la cara con el borde del camisón. Temía que Álvaro o Pedrito se hubiesen despertado y no quería contestar preguntas incómodas (con respuestas dolorosas) como “¿Por qué lloras?”, de modo que subió los peldaños de la escalera en silencio, casi aguantando la respiración.

Cuando llegó al rellano, caminó con más sigilo aún. Se paró frente a la puerta entreabierta y tomó aire antes de cruzar el umbral. La casa estaba en penumbra y Alicia sólo podía imaginar la ubicación de los muebles; tanteando giró a la derecha, hacia el dormitorio y de pronto oyó una voz a su espalda:

¿Qué hacías?

Era Álvaro.

martes, 29 de septiembre de 2009

¿Un triángulo amoroso?


Llevó bastante tiempo sin hacer nada, lo sé, pero es que todo son problemas con las solicitudes e inscripciones... Ay, quien tuviera escuela propia como cierto maestrillo y así ni cursos, ni oposiciones, ni nada. XP

En fin, aquí os dejo esta imagen sobre el triángulo ¿o no? amoroso. La letra es de la canción Iris de Goo goo dolls. La traducción sería: Sólo quiero que sepas quien soy (I just want you to know who I am), Eres lo más cerca que estaré del cielo (you're the closest to heaven that I'll never be). Espero que os guste.
Pd: Siento la falta de oscuridad, Granizo, no sé a qué se deberá...

domingo, 27 de septiembre de 2009

Una excepción




Aunque este foro esté dedicado casi en exclusiva a la serie Águila Roja, voy a hacer una excepción para dar cabida a las imágenes de Héctor que tanto han gustado a mis adoradas loras.

Clausura del festival

Aquí os dejo el enlace a la Web. Podréis ver el video de la clausura.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Para los hermanos que no tienen en común ni el apellido


Hacía mucho que no editaba una imagen (en mi defensa debo decir que la burocracia universitaria me deja agotada, quemada... y alco psicótica) así que aquí os dejo una, dedicada a estos dos hermanos a los que lo único que les une es que ambos son seres humanos del género masculino (aunque Anodina tiene dudas al respecto). Espero que os guste.

Festival de cine de San Sebastián

Inma será la encargada de presentar la gala del festival... a ver si se le escapa algo sobre la serie, porque como tengamos que confiar en los responsables de la web para saber su regreso, nos enteremos por la Súpertele.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Felicidades a otra lora

Hola Patty. Muchísimas felicidades. Te dejo aquí a uno de tus chicos...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Felicidades lorita



Bueno, te dejo aquí dos imágenes para que te eches unas risas, al menos. Muchas felicidades.

martes, 22 de septiembre de 2009

Águila Roja ¿próximamente?

A través de una noticia que nada tiene que ver con la serie o la productora nos hemos enterado de en qué fase del proceso se encuentra la segunda temporada de Águila Roja: Postproducción
¿La veremos en breve? ¿se cumplirán los pronósticos que apuntan a octubre? Ojalá.
Aquí os dejo un enlace a la noticia:

domingo, 20 de septiembre de 2009

Una imagen para la marquesa

Sé que sonará raro, pero Lucrecia es un personaje que me depierta más lástima que odio, así que para ella esta imagen triste.

Otra imagen del mismo momento


Me encantó ese momento en el que Gonzalo sube al tejado tras enterarse de la decisión de Margarita, así que aquí le dedico otra imagen. Las frases son de la canción Stay de Michelle Featherstone (os la recomiendo). La traducción: Si construyera un muro de cien pies de altura, ¿te mantendría eso dentro? (...) ¿Te quedarías? ¿Te quedarías conmigo?

sábado, 19 de septiembre de 2009

Capítulo VI

CAPÍTULO VI

Alicia se despertó sobresaltada en mitad de la noche. La habitación estaba envuelta en sombras y solo un rayo de luz procedente de la farola de la calle se colaba en la habitación y dibujaba una línea en el suelo y parte de la cama. Miró a Álvaro, él estaba plácidamente dormido, tenía el brazo derecho apoyado sobre su vientre. Alicia le cogió la mano con cuidado y la retiró, se zafó de las sábanas y se puso en pie. Juraría haber oído algo ¿estaría volviéndose loca? Estaba segura de que alguien había pronunciado su nombre y eso era lo que la había despertado. ¿Lo habría soñado? “No, − se respondió a sí misma.− esto no ha sido un sueño, me he despertado por ese sonido”.

Salió de la habitación, con todo el sigilo del que fue capaz, pues no quería despertar a Álvaro ni dar explicaciones sobre eso que la había despertado en mitad de la noche y, lo que es más, hacerla sentir más viva de lo que había estado en meses.

Se dirigió al cuarto de estar y luego fue hacia la puerta de entrada, miró por la mirilla y no vio nada. “No ha sido un sueño, no ha sido un sueño… Por favor, que no haya sido un sueño”. Tras dudar unos instantes abrió la puerta y se asomó al descansillo. Reinaba la más completa oscuridad y sus ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse. Allí no había nadie. "Tiene que estar, le he oído".− se dijo y bajó los peldaños de la escalera de mármol, con la esperanza de volver a oír esa voz en el rellano, pero tampoco estaba allí, así que salió a la calle y entonces, lo vio:

Fernando.− Musitó.

Allí estaba él, con su gabardina beige, fumando un cigarrillo con la misma tranquilidad que lo hacía en Numancia films.

Señorita, ¿se encuentra usted bien?

Su voz no era la misma, ni su modo de andar, ni siquiera su altura… ni siquiera su rostro. Había sido un espejismo.

Sí, me encuentro bien, es que necesitaba tomar el aire, estaba un poco mareada.− contestó Alicia y haciendo un gran esfuerzo logró sonreír.

El sereno la miraba extrañado y entonces Alicia cayó en la cuenta de que iba en camisón y descalza. Cuando el hombre se alejaba, seguramente preguntándose por la salud mental de la joven, Alicia preguntó:

Disculpe, ¿ha visto a alguien por aquí? Antes de que yo saliera, quiero decir.

No, no ha pasado nadie.− Contestó el sereno, al tiempo que tiraba la colilla al suelo

Vale, gracias.

Alicia se dio la vuelta y entró de nuevo en el portal. Cerró la puerta y se apoyó contra ella, deslizándose hasta caer al suelo. Y allí, sola en mitad de la noche y en la oscuridad, se abrazó las rodillas y lloró.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Un fondo de pantalla


Bueno chicas, para las más góticas del foro va este fondo, espero que os guste... Para situarnos, la imagen es del momento en el que Gonzalo sube al tejado tras enterarse de que Margarita ha aceptado la petición de Juan.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

domingo, 13 de septiembre de 2009

Capítulo V

CAPÍTULO V

Ya era de noche, la lluvia había cesado, pero el suelo era un auténtico barrizal y a pesar de que Fernando puso todo el cuidado en no mancharse, para cuando finalizó el arduo caminó ya tenía tanto el dobladillo del pantalón como los calcetines empapados y mugrientos.

En la linde del bosque le esperaba una camioneta y, afortunadamente dentro de ella también le esperaba ropa sencilla (la que pudiera llevar cualquier trabajador), limpia y seca. Fernando observó al hombre con el que iba a cruzar la frontera. Este no se había molestado en bajar del vehículo, como el anterior, sino que estaba sentado con los brazos apoyados en el volante y miraba a través de la luna delantera con una expresión de profundo aburrimiento. Fernando supuso que el hombre debía de llevar allí plantado horas, probablemente desde que él empezó la “excursión” por el bosque. Tras la primera toma de contacto, con contraseña y desconfianza inicial por ambas partes, el conductor, esta vez un hombre de unos cincuenta años y Fernando comenzaron a hablar, mientras este se cambiaba de ropa en la parte trasera de la camioneta:

¿Conoces el recorrido?− Preguntó Fernando sin muchas esperanzas, mientras se desabrochaba los zapatos.

No.− dijo lacónicamente, mientras alzaba una ceja.

Te iré guiando.− contestó Fernando con un suspiro.

Una vez se hubo puesto aquellas humildes prendas, Fernando recogió la pistola del suelo de la camioneta, se la colocó a la espalda, bien sujeta al pantalón, hizo un ovillo con su elegante traje gris y sus zapatos, salió de la camioneta y se adentró un poco en el bosquecillo donde metió todo aquello en el hueco de un árbol. Se dirigió de nuevo a la camioneta y se sentó junto al conductor, mirándole de soslayo.

No hizo falta ninguna orden, en cuanto Fernando se sentó, el conductor arrancó la camioneta. Este individuo era sin duda más experimentado que el joven que le había llevado en coche hasta el bosquecillo, pero aún así no parecía ser plenamente consciente del peligro a juzgar por su expresión que denotaba un profundo hastío o, tal vez, pensó Fernando, esa es su cara habitual. Escuchaba todas las indicaciones de Fernando, pero no gesticulaba en ningún momento. Durante las dos horas y media su única expresión fue aquel rostro apático y sus ojillos entrecerrados mirando la carretera.

Su apatía cesó al ir acercándose a la frontera, Fernando fue testigo de su transformación: el conductor se puso derecho en el asiento, sus manos adquirieron cierta rigidez y un rictus extraño apareció en su boca. Fernando tuvo, por primera vez durante todo el viaje, ganas de reír ante el modo de ese personajillo de expresar su nerviosismo.

Tú quieres que nos paren ¿no?− Dijo Fernando con una media sonrisa.

¿Qué? ¿Por qué?− Por primera vez, parecía mostrar algo de interés hacia Fernando.

Pues porque hasta ahora lo estabas haciendo de primera: un tipo aburrido que tiene ganas de llegar a casa y dormir de una vez; lo que yo llamo una actuación estelar, pero ahora de repente eres el perfecto ciudadano y responsable conductor, bien sentado, poniendo atención a la carretera, con cara de bueno… vamos que nos paran seguro.

¿Qué se supone que tengo que hacer?

Pues ir como hasta ahora. Son las doce y media de la noche, estás cansado, como lo estaría cualquiera, si te ven tenso, sospecharán de ti.

¿Y tú? ¿Tú no necesitas disimular?

− Hace años que el disimulo me sale natural.

Está ahí, a pocos metros, ¡la frontera!

¿Y a ti qué? Eres un transportista de…− Mira hacia la parte trasera de la camioneta y observa lo que parecen ser lámparas, radios antiguas y algún mueble pequeño.− trastos viejos que se dirige a España para vender su mercancía, piénsalo así.

Tienes razón.− dice mientras respira hondo, adopta durante unos segundos una expresión feroz y de nuevo vuelve a ser el tipo apático que se encorva sobre el volante y mira la carretera con los ojos a medio abrir.

“Un tipo curioso”, piensa Fernando mientras contiene una carcajada. En realidad él también está nervioso, pero no lo demuestra, aparentemente tiene sueño y tiene la mirada perdida, pero hace ya rato que tiene localizados a una pareja de guardias civiles que paran a algunos de los coches y transportes que cruzan la frontera.

La camioneta se acerca, los guardias civiles miran el vehículo con interés y a Fernando lo embarga un mal presentimiento, se recuesta en el asiento, para que no vean el bulto que hace la pistola en la chaqueta de lana que lleva puesta. Y en ese momento uno de los guardias civiles se acerca.

Fernando mira el terreno y observa al otro guardia civil ¿a quién dispara primero? Justo en ese momento el guardia civil pasa de largo y se pone a manosear la carga que llevan:

− ¡Oye Félix! ¿Tú no querías regalarle una radio a tu mujer?

El otro guardia civil se acerca y coge una de las radios.

Pero ¿Tú crees que este trasto funciona?

Claro que funciona, señores, estas no son de las que hay que estar dándoles manotazos todo el día para que cojan la emisora, todos los que nos han comprado una están contentísimos con ella.− Contesta Fernando mientras les dedica la mejor de sus sonrisas.

¿Ves?− dice el otro guardia civil.

¿Me puedo quedar con esta? Así no os incordiamos y podéis seguir sin que os paremos, que parecéis cansados.− dice el tal Félix.

Fernando le echa un vistazo al conductor que parece estar al borde del colapso y contesta.

Sí, ¿Por qué no? A ninguno de los dos nos apetece regatear.

Bien, pues sigan que están entorpeciendo el tráfico ¿no lo ven?

La camioneta siguió su rumbo con sus dos ocupantes exultantes por la suerte que habían tenido. Una radio a cambio de un traidor, a Fernando le pareció un buen precio a pagar y no se percató de que la expresión triunfal de uno de los guardias civiles poco tenía que ver con la radio.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Los padeceres de Gonzalo



Aquí mis últimas creaciones, esta vez, de los momentos más críticos de Gonzalo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Mis últimas creaciones (ya le tocaba a Margarita)





He estado centrada en los estudios últimamente y no he podido crear ninguna imagen, tenía alguna ya creada, pero he tardado en colgarla por ese motivo, de modo que aquí os dejo mis últimas creaciones. Una de ellas se la tengo que agradecer a Micaela, que es un sol y me cedió la imagen.

A mis Parrots les pido un poquito de paciencia, sigo escribiendo, pero la verdad es que ayer tuve una cena y hoy estoy bastante agotada por la tensión pre-examen. Prometo colgar el próximo capítulo en breve.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La gala de clausura del FesTVal de radio y televisión de Vitoria

Aquí os dejo un enlace al video, es el momento en el que se entregan los premios Pasión de Críticos 2009:
http://www.youtube.com/watch?v=2Kjr1NSNo40

Capítulo IV

CAPÍTULO IV

Había llegado por fin al pueblo acordado, salió de la estación, se subió el cuello de la gabardina para resguardarse del frío y de la lluvia y giró a la izquierda, allí junto a la estación, había estacionado un coche negro lo suficientemente elegante como para evitar que la policía francesa les importunase, aunque sin ser excesivamente llamativo.

Fernando se acercó al conductor que estaba fuera del coche, apoyando su espalda contra la puerta mientras fumaba un pitillo, no aparentaba tener más de veinticinco años. Fernando se aproximó aún más y, cuando estaba un metro de él, preguntó:

¿Tienes fuego?

El joven no contestó, sino que sacó una caja de cerillas y se la tendió a Fernando.

Preferiría un mechero.

El chico continuó sin pronunciar palabra, simplemente sonrió y le abrió la puerta a Fernando. Fernando le devolvió la sonrisa y entró en el coche, se sentó en el asiento del copiloto y se frotó las manos para calentarlas. El conductor rodeó el coche y se sentó en el asiento del piloto, miró a Fernando y dijo:

¿A dónde?

¿Cómo? ¿No lo sabes?

Creyeron que era muy arriesgado, con tantos camaradas cayendo… El plan íntegro sólo lo sabéis tú y la persona que te informó a ti, nadie más.

Fernando no habló, miró al chico con una expresión inescrutable. Le parecía coherente lo que había dicho y además el chico había reconocido la contraseña, pero después de tantos años no podía evitar sentir desconfianza cuando se encontraba con este tipo de sorpresas. Al fin dijo:

Te iré guiando.

− ¿Has traído un mapa?

¿Crees que soy un aficionado? − contestó molesto.− Claro que he traído un mapa, pero está en mi cabeza, no en mi bolsillo. Lo contrario sería una temeridad.

¿Crees que pueden pillarnos? − había un deje de terror en su voz.

Fernando suspiró.

Escucha yo trabajo así, corro riesgos, pero los que debo correr, ni uno más, en caso de que nos pillen, tú no me conoces de nada, yo me he metido en tu coche y te he amenazado con una pistola obligándote a llevarme de ocupante.

¿Con qué pistola?

Con esta.− dijo sacando el arma de la parte trasera del cinturón y volviéndola a guardar al instante; el chico parecía más asustado que antes.− ¿De acuerdo? No te va a pasar nada, de todos los que estamos metidos en todo esto, tú eres el que más tranquilo puede estar, esta es la parte fácil del viaje, tú no cruzarás la frontera así que no te preocupes, no pasará nada. Pero si pasa tú dirás…

Que me amenazaste con una pistola.

Así me gusta.

Fernando hizo un gesto con la cabeza y el chico arrancó por fin el coche; fue guiándole calle por calle, camino por camino. De cuando en cuando, el chico le dedicaba una mirada de asombro. Una de sus ocupaciones en sus últimas semanas en Francia fue memorizar la ruta que había que seguir.

Al fin llegaron al borde de un bosquecillo muy tupido, después de viajar por un camino de tierra muy bacheado. Fernando ordenó al muchacho parar el coche y el joven le obedeció sin rechistar. Fernando abrió la puerta y salió, era consciente de que no llevaba la ropa adecuada para caminar durante horas por ese bosque, pero no tenía alternativa, así que se agachó y se arremangó la pernera del pantalón para evitar ensuciarla. Se puso en pie y se dio cuenta de que el chico aún no se había ido, seguía ahí junto al coche mirando detenidamente a Fernando, como si esperase nuevas órdenes.

Pero ¿se puede saber qué haces ahí? ¡Largo!

Yo creí… ¿no tengo que acompañarte?

No, claro que no, tú ahora vuelve a tu casa y por si tenías alguna duda: Nunca has estado aquí y nunca me has visto. Para en algún pueblo cercano, entra en el bar y habla con todo el mundo de que… el coche ha sufrido un sobrecalentamiento y has parado para que se enfríe, lo importante es que se te vea bien y luego a tu casa.

¿Y si alguien pregunta qué hacía por esta zona?

Pues eres chofer y estabas probando el coche que tu patrón se acaba de comprar, yo que sé…− parecía furioso, pero en realidad su enfado tenía más que ver con la preocupación que sentía por el ingenuo muchacho que con las preguntas que le hacía.− Y ahora largo.

Buena suerte, adiós.

El chico se metió en el coche y arrancó. Fernando observó el coche hasta que desapareció en la lejanía y entonces murmuró:

Gracias camarada.

Un relato: Capítulos I, II y III

Mi clan Parrot ya sabe que me ha picado el gusanillo de la escritura, pero al resto os informo: Me ha dado por escribir un relato tomando como protagonista a cierto personaje de AETR que fue muy maltratado: Fernando Solís. Como fernandista que soy, no podía ser de otra manera. Pretendo mostrar su historia de otro modo. Todas nos quedamos impactadas por lo mal llevada que fue la cosa, que parecía que habían hecho volver al personaje únicamente para matarle y es que se centraron más en las circunstancias que en la persona. Yo intento contar la Historia de Fernando en vez de la crónica de una muerte anunciada, que fue lo que ellos hicieron, razón por la cual muchas espectadoras nos sentimos insultadas.

Ahí van los primeros tres capítulos:

CUANDO QUEMABA EL AIRE

CAPÍTULO I

Él nunca creyó en la guerra y sin embargo había dedicado su vida a la lucha. Los libros de historia contaron y cuentan patrañas sobre que la guerra civil española finalizó en el 39. Pero eso no es cierto, los nacionales continuaron sesgando vidas, atando alas y acallando voces durante los años que siguieron, así que Fernando Solís no vio otra opción, no fue una elección, sino una cuestión de supervivencia, si renunciaba a su libertad, renunciaría a su propia esencia y por lo tanto habría muerto, aunque sería un cadáver andante, como tantos otros en esa España humillada. Fernando eligió vivir, pero vivir a su manera. El problema era que lo que empezó como supervivencia terminó convirtiéndose en responsabilidad, en una cuestión de justicia; no podía permitirse a sí mismo la comodidad de la que disfrutaban otros, no podía resignarse a vivir bajo un yugo y por ello perdió y renunció a las únicas dos mujeres a las que había amado.

Aquella mañana, mientras apuraba un cigarrillo, pensaba en la nueva misión que le habían encomendado: había un topo en la organización y había que neutralizarlo. Fernando recibió la noticia con preocupación, pero también con esperanza ya que si la policía franquista se había tomado la molestia de infiltrar a alguien en la organización era porque les temían, porque esos cuatro idealistas eran peligrosos... Porque existía una posibilidad. Fernando pensó en la última vez que había creído que existía una posibilidad, una oportunidad de ser libres de nuevo y sonrió amargamente cuando recordó como todo aquello por lo que había trabajado durante un año se fue al garete en un solo día por detalles aparentemente insignificantes.

Estaba repasando el plan, en una pequeña cafetería parisina y cuando tomó el primer sorbo de café, no pudo por menos acordarse de Alicia, sin duda su gran amor, ese amor redentor que nunca pensó merecer, después de lo que sucedió con Belle. De repente sintió una honda tristeza, le gustaría que en ese momento Alicia cruzara la puerta de la cafetería portando unos croissant de esa pastelería que mencionó en la plaza de los frutos y que él fingió conocer, se imaginó su silueta caminado hacia él, iluminándolo todo, incluso a él, con su eterna sonrisa y su característica boina roja ladeada. Cerró los ojos con fuerza, reprochándose a sí mismo esos pensamientos, no podía permitirse la debilidad como tampoco permitió a su egoísmo arrastrar a Alicia a una vida incierta. Ella estaría a salvo en casa de Álvaro Iniesta, ajena a la misión y ajena también a que él iba a regresar a España en apenas unas horas.

CAPÍTULO II

Terminó el café de un trago y se fue de la cafetería; le recordaba demasiado todo aquello que no pudo ser y prefería tener la mente fría y serena; No se perdonaría jamás que una misión fracasara porque él antepusiera su estado de ánimo al plan, había demasiadas cosas en juego como para que sus sentimientos fueran considerados algo trascendente, esa era su opinión, al menos.

Mientras cruzaba la pequeña plazoleta sacó del bolsillo su documentación, falsa por supuesto. Observó el tipo de papel, la tinta con la que habían escrito su nombre (Fernando Rosales) y el sello estampado; eran convincentes. Lo guardó de nuevo en el bolsillo y se dirigió a la estación, aunque faltaba al menos una hora y media para que su tren llegase a la vía y dos horas para que saliese de allí, rumbo a España. Estaba nervioso, calmado de cara a la galería, pero con una tormenta de emoción y preocupación en su pecho. Temía perder el tren o que alguien notase que su documentación era falsa, temía que alguien recordara a ese fugitivo cuya fotografía copó las primeras planas de los periódicos españoles durante una buena temporada, tras el atentado fallido. Aún así, la esperanza de poder ayudar a los suyos era mayor que su temor. Estaba ansioso por atrapar al traidor. Además, una vez en España, sabía lo que tenía que hacer, era el viaje lo que más le preocupaba, si saltaban las alarmas en la frontera, todo estaría perdido.

Estaba tan absorto en sus pensamientos que cuando quiso volver de nuevo a la realidad se encontraba ya en la estación. Muchas veces se asombraba de su capacidad para hacer las cosas de modo automático. Observó a la gente que había en el andén: un niño correteaba por allí y su madre lo perseguía con una mirada feroz, Fernando cerró el paso al niño y la mujer pudo por fin asir la manita del pequeño, sonrió a Fernando en agradecimiento y se alejó con el niño. Había también un grupito de estudiantes, (unos niños de papá − Determinó Fernando mientras les dedicaba una mirada evaluadora), varios hombres elegantes charlaban entre sí y la mujer que había estado persiguiendo al niño se unió al grupo, sin duda, alguno de ellos sería su marido. No parecía haber nadie sospechoso allí, ningún hombre con gabardina fingiendo leer un periódico, por ejemplo, todo un tópico − Pensó Fernando para sí.

Se quedó de pié apoyando el hombro contra una columna, sacó un cigarrillo y lo encendió, deseando que el tiempo pasase rápido, nunca le gustaron las largas esperas. Vio pasar varios trenes, el grupito de estudiantes desapareció entre los pitidos del primer tren y el grupo de hombres, la mujer y el niño, en el segundo. Más gente fue llegando al andén y a medida que llegaban Fernando los analizaba, en busca de algo sospechoso. Ni siquiera en Francia gustaban los tipos como él. Además, ahora Francia y España querían llevarse bien. Y sin duda, – pensó – su cabeza en una bandeja acompañada de un buen surtido de foie-grass, todo bien envuelto con remite francés y dirección al Pardo, habría sido un estupendo gesto de buena voluntad entre naciones. Sus labios se curvaron en una sonrisa irónica mientras imaginaba todo aquello.

Las películas que Fernando se había montado en la cabeza, más por aburrimiento que por preocupación real, no se cumplieron; La policía francesa no apareció y Fernando se embarcó en el último viaje de su vida a las seis y treinta y uno de la tarde.

CAPÍTULO III

La lluvia acompañó a Fernando durante todo el viaje. Mientras miraba por la ventana, golpeándose en la rodilla con un manido periódico, pensaba en sus siguientes movimientos y realizaba el plan mentalmente: pararía mucho antes de que se tuviera que realizar el cambio de tren (debido a que las vías francesas son más estrechas que las españolas); En un pueblecito perdido le esperaba un coche que le llevaría por caminos recónditos, hasta una zona que habría que cruzar andando, era un tramo de varios kilómetros y después, una camioneta, en la que se cambiaría de ropa − pasando del elegante traje color gris perla a los trapos más míseros que se pueda imaginar.− le llevaría por lugares perdidos… y cruzaría la frontera, el momento más crítico de todos. En caso de que lograran pasar sin levantar sospechas, esa misma camioneta le llevaría al monte y volvería a caminar solo durante varios kilómetros, para encontrarse con la célula de maquis que había dado la voz de alarma sobre compañeros desaparecidos.

Ellos pensaron que eran demasiados desaparecidos como para tratarse de un golpe de suerte de la policía franquista, que nunca se había caracterizado por su perspicacia. Rápidamente los maquis se dieron cuenta de que había un topo en la organización y contactaron con los camaradas franceses o mejor dicho, con los camaradas españoles que habían tenido que exiliarse. Y allí estaba él, en el tren, la respuesta a ese grito de socorro, deseando estar por fin con esos maquis que, como tantos otros, seguían jugándose la vida por defender unas ideas prohibidas.

El revisor le sacó de su ensimismamiento, mostró su billete, el revisor rasgo el borde y le devolvió el resto del billete. Fernando siguió mirando por la ventanilla y repasando el plan mentalmente, aunque durante el trayecto, fueron varias las veces que Alicia Peña se coló en su mente, eclipsando todo lo demás.

domingo, 6 de septiembre de 2009

FesTVal de Vitoria


No se puede decir que lo hayan publicitado mucho. Las noticias que mencionan a David, que ayer fue Vitoria a recoger un premio más para la serie Águila Roja (Mejor serie dramática), en realidad le rebautizan como un tal Óscar Janer, pero ya tenemos una foto de él... esperemos que surjan más a lo largo del día.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Un pequeño homenaje



Como es la pareja que más me gustó de la serie que he optado por dejar de ver, les hago aquí un pequeño homenaje ahora que soy un poquito más diestra en el arte de la imagen. Espero que os guste.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Águila Roja regresa a las pantallas

Vuelve, no sé cuando, pero Águila Roja vuelve en la temporada de otoño. Octubre es un mes que ha sonado mucho, pero RTVE aún no ha confirmado nada, tampoco es seguro que se mantenga el jueves como día de emisión, porque también se ha oído el lunes como día previsto para que se emita durante la próxima temporada y lo cierto es que esto le podría hacer mucho daño a Telecinco; recordemos que uno de los platos fuertes de la cadena amiga es CSI que se emite los lunes y ni siquiera la ciencia forense les está dando buenos resultados... A decir verdad una competencia directa con Águila Roja, serie que, recordemos, ha sido lo más visto del año superando incluso al otro gran monstruo nacional Sin tetas no hay paraiso, les terminaría de hundir.
Pero bueno, a lo que ibamos, que podemos alegrarnos porque nuestro pajarraco preferido ya está de vuelta.