sábado, 28 de noviembre de 2009

Capítulo XVI

CAPÍTULO XVI

Aquella mañana Alicia fue a la facultad como si fuese un día normal. Álvaro estaba impresionado por su manera de sobrellevar el asunto, a pesar de que ella apenas había abierto la boca durante el desayuno. Al momento de conocerse la noticia, ella se había encerrado en sí misma y él había comenzado a interpretar cada gesto de Alicia como un acto de altruismo, incluso aquella introversión fue traducida por Álvaro como “un intento de no alarmar a Pedrito”.

Aún así, la realidad de Alicia era otra: en su interior sentía como se iba derrumbando a cada paso que daba, le costaba hasta respirar, perdía las esperanzas, las fuerzas. Alicia estaba agotada de fingir fortaleza, sin embargo había tomado la firme determinación de no rendirse; si únicamente su vida hubiese estado en juego, lo habría hecho, pero Fernando dependía de ella y eso había dado lugar a un coraje que nunca pensó tener.

Había estado varios días pensando en lo que Álvaro había dicho, “Las cosas no van a quedar así”, y era cierto, pero las armas que Álvaro pretendía usar sólo servían en una democracia, en una Dictadura da igual lo alto que grites o las razones que expongas; las balas silencian cualquier argumento, aunque nunca maten a las ideas. Además, las palabras son un arma eficaz, pero lenta y si algo no tenía Fernando, era tiempo. Y eso Alicia lo sabía demasiado bien, así que optó por luchar, pero de otra manera, y para ello era necesario que Álvaro no sospechase nada, así que pasó los últimos días interpretando un papel.

Alicia esperó en el pasillo con Álvaro hasta que él se fue a impartir su clase de Derecho Romano a los de primero y, antes de que llegara el profesor de turno, se metió en un baño, cerró la puerta tras de sí y echó una ojeada por debajo de las cabinas para constatar su soledad. Miró la puerta con aprensión, aún podía oír a sus compañeros fuera. Abrió las puertas de las cabinas una por una y tras comprobar que la suciedad era la misma en todos los retretes, entró en la última cabina y corrió el cerrojo de la puerta.

Con cuidado de no rozarse con nada, Alicia abrió el bolso. Sacó de nuevo el periódico y releyó la primera plana. Por fin encontró lo que buscaba, casi al final del artículo se mencionaba el lugar en el que le tenían recluido: le habían llevado a la Puerta del Sol, donde seguramente le tendrían preso en uno de los calabozos.

Volvió a meter el periódico en el bolso, respiró hondo y tragó saliva; Descorrió el cerrojo y abrió la puerta despacio, se asomó y aguzó el oído. El silencio reinaba en los pasillos de la facultad. Salió del retrete y se dirigió hacia la puerta, sujetó el picaporte y escuchó nuevamente con atención, esperando oír a algún profesor charlando con otro en el pasillo, pero no fue así, de modo que abrió la puerta y fue directa a la salida de la facultad. Los pasillos estaban casi desiertos y evitó con éxito a los pocos profesores que merodeaban por la facultad, atravesó la puerta sin que nadie la viera y se felicitó por ello, ya que sabía que si alguien la observaba saliendo de la universidad furtivamente, no tardaría en irle con el cuento a Álvaro.

Caminó en círculos durante un buen rato, por si la seguían; ella misma creía que era un comportamiento paranoide, pero pensó que cualquier precaución era poca si pretendía ayudar a Fernando, y cuando llegó a una calle más céntrica, pidió un taxi. En pocos minutos estaba frente al edificio en el que Fernando estaba apresado.

De pronto Alicia cayó en la cuenta de que su plan finalizaba ahí, no había pensado en cómo entrar o cómo iba a enterarse de la situación del preso sin levantar sospechas. Se sintió como una estúpida. “¿Ayudar a Fernando? ¿¡A quién vas a ayudar tú?!” Se reprendió a sí misma. Bajó la cabeza y respiró hondo mientras hacía enormes esfuerzos para no llorar. Pensó que lo mejor sería coger otro taxi y regresar a la facultad, para que, al menos, Álvaro no se enterara de su inútil excursión. Se dio la vuelta y de repente alguien la empujó por detrás de tal modo que tropezó con sus propios pies y a punto estuvo de caer al suelo.

¡Pero bueno! Podría poner más cuidado.− Dijo Alicia con un enfado que era consecuencia de su sentimiento de impotencia, más que del empujón en sí.

Y usted mire por donde va y no se plante en medio.− Dijo con muy malos modos el hombre enjuto que acababa de salir de la comisaría.

Alicia le miró con rabia y retomó su plan de volver a la universidad. Cogió un taxi y durante el trayecto pensó en lo infructuoso de su escapada; luego recordó el rostro y la expresión del hombre que la había empujado. Parecía que todos los elementos se habían confabulado para hacer de aquel, un día humillante.

Alicia ni siquiera imaginaba la trascendencia de lo que había visto.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Por un fin


El disco X1Fin, Juntos por el Sáhara, salió a la venta el día 17 de noviembre, justo después del concierto. En este disco encontraremos:
- Cadillac solitario.- Laura Pamplona & Jarabe de palo.
- ¿Dónde estás?.- Michelle Jenner & Leiva (Pereza).
- Sweet black angel.- Fede Celada & Rubén (Pereza).
- Una noche sin ti.- Jimmy Barnatán & Sidecars.
- Lo eres todo.- Silvia Abascal & Pedro Guerra.
- Sympathy for the Devil.- Asier Etxeandía & Pastora.
- ¡Chas! Ya aparezco a tu lado.- Sabrina Garciarena & Supersubmarina.
- Dulce condena.- Blanca Romero & Maldita Nerea.
- One.- Lluvia Rojo & Jaime Sr. Nadie.
- Como yo te amo.- Edu Soto & Conchita.
- La leyenda del espacio.- Juan José Ballesta & Poncho K.
- Es por ti.- María Castro & David de María.
- Amores que matan nunca mueren.- Inma Cuesta & Manuel Carrasco.
- Es muy fácil.- Alberto Amarilla & Bebe.
- Pacto entre caballeros.- Santi Millán & Estopa.
- Años 80.- Álex González & El canto del loco.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Capítulo XV

CAPÍTULO XV

Mientras tanto, en París, en una pequeña sala de estar, estallaba una discusión:

Hay que sacarle de ahí. ¿No veis que ya le tienen sentenciado? Fernando morirá si no hacemos algo enseguida.− Gritó Andrea desesperada.

Él aceptó esta misión a sabiendas del riesgo que corría, conocía perfectamente las consecuencias que un fracaso podría tener. El fracaso se ha producido de la peor manera y la organización no puede correr el riesgo de perder a otro agente para ayudar a Solís.− Sentenció un anciano de ojos grises que estaba sentado frente a Andrea.

Fernando Solís corrió el riesgo porque la organización se lo pidió, es probablemente uno de nuestros mejores agentes ¿Y vais a dejarle morir así como así?− Insistió Andrea.

¿Morir? Aún no se ha celebrado el juicio.− Comentó el anciano sin mirar a Andrea.

Ella soltó una risa nerviosa.

Debes de estar de broma… ¿Juicio? Desde que terminó la República no ha existido la justicia en España. ¡No entendéis nada! Vosotros salisteis de allí al finalizar la guerra, no vivisteis la posguerra, yo sí, no sabéis el rencor que nos guardan aún.− Soltó Andrea indignada.

Eres tú la que no entiende.− Dijo un hombre de pelo castaño que estaba sentado a la derecha del anciano.− Solís es una pérdida terrible, su muerte supone un golpe tremendo para la organización. Para sacarle de allí haría falta alguien igual de bueno que él y, suponiendo que existiera, el riesgo de perder también a ese otro agente es demasiado grande.

Se produjo un silencio tenso, durante varios segundos nadie dijo nada, los dos hombres se limitaban a mirar la alfombra y las paredes, mientras Andrea buscaba su mirada sin éxito.

¿Qué me dirías si te dijese que ya he encontrado a ese agente?− Dijo Andrea al fin.

Te diremos que no le vamos a proponer semejante misión. Es un suicidio, Solís ni siquiera pudo desenmascarar al topo.− Respondió el anciano.

De nuevo se produjo otro silencio y hasta que el anciano preguntó:

Sólo por curiosidad, ¿de quién hablas?

De mí, estoy dispuesta y sé que soy capaz de ir a España, desenmascarar al topo, sacar a Fernando de la prisión y volver con él sano y salvo.− Dijo Andrea, que se había puesto en pie, mientras les dedicaba una mirada desafiante.

No lo harás.− Comentó con desdén el hombre más joven.

Lo haré, sólo os pido apoyos, contactos, la misión la llevaré a cabo sola, pero necesito una infraestructura en la que apoyarme.

La tendrás.− Dijo de pronto un hombre que estaba apoyado en la puerta y miraba a Andrea sonriente.

No estás autorizado para brindarle semejantes apoyos a alguien que pretende ir contra las órdenes de la organización.− Contestó el anciano airado que también se había puesto en pie y daba golpes en el suelo con el bastón.

La organización es muy grande y hay gente por encima de ti, he logrado convencer a algunos, no hace falta más. Andrea llevará a cabo la misión y contará con el apoyo de la organización.

¿Esto lo haces por darle el capricho a tu mujer, la burguesita?− Inquirió el hombre joven que era el único que continuaba sentado.

No.− Contestó Antonio dando un paso hacia él.− Esto lo hago por justicia.

Hay que ser prácticos, no es que me agrade, pero no se puede ganar una batalla sólo con buenos sentimientos e ideales.− Dijo el anciano en un último intento por convencer a Andrea.

Lo sé.− Contestó ella cuando ya estaba a punto de salir.− Pero sin sentimientos ni ideales, simplemente no merece la pena ganar.

Antonio y Andrea se miraron a los ojos, sonrieron y, mientras Antonio cerraba la puerta tras él, se besaron.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Entrevista a Roberto Álamo (Buenafuente)


Roberto Álamo habla con Andreu Buenafuente de la obra de teatro Urtain, de la que es protagonista.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Que no panda el cúnico

No temais, no me he olvidado de Águila Roja, lo que pasa es que con el tema del cartel, he centrado mis esfuerzos en eso. El 1 de diciembre publicaré mis carteles en el blog, hasta entonces, me decanto por el secretismo.
Suerte para todos/as.

Capítulo XIV

CAPÍTULO XIV

La noticia corrió como la pólvora. Las gentes de la Plaza de los Frutos no daban crédito. En el Asturiano, cayó como un jarro de agua fría, un nuevo mazazo para todos aquellos que seguían creyendo en la República, pero que se habían resignado a vivir bajo el poder del yugo y las flechas. Pelayo maldijo a “todos los batracios del Pardo”, Marcelino mantuvo la esperanza de que la noticia fuese falsa, como pasó en otra ocasión, y Manolita le echó una ojeada a la mesa en la que Fernando solía tomar su café, y sabiendo que, como siempre, le tocaba ser la fuerza que sacara adelante a la familia, respiró hondo y le dio una palmada en la espalda a su suegro.

Mientras tanto, en la celda, Fernando pensaba en la reacción de Alicia cuando conociera la noticia. Estaba seguro de que saldría en los periódicos, de hecho ya le habían fotografiado junto a dos guardias civiles, cosa que le extrañó, pues era raro que Mendoza no quisiera apuntarse el éxito. Sería exhibido como un mono de feria, como una muestra del fracaso de los rojos. La idea hacía que le hirviera la sangre: Mirad lo que pasa por intentar cambiar las cosas, mejor, estaos quietecitos.

A pesar de que aún tenía el cuerpo dolorido, decidió que tenía que pensar en cómo iba a afrontar el interrogatorio. No tenía miedo, pues todos aquellos a los que podía delatar ya estaban muertos y, de los hombres que le habían llevado en coche hasta allí, no conocía ni su nombre, pero quería sentirse preparado para lo que le esperaba, no quería derrumbarse durante las torturas que vendrían.

En ese momento, la puerta se abrió con un chirrido y Mendoza apareció llevando un traje marrón que pretendía ser elegante. Miró a Fernando a los ojos y sus labios se curvaron en una sonrisa siniestra.

¿Qué tal estás? ¿Te sientes más cooperador que ayer?− Preguntó con una dulzura que daba escalofríos.

.− Contestó Fernando con sarcasmo.− Has tenido mucha suerte, hoy me siento más inclinado que nunca a ayudar a un régimen fascista.

Mendoza se puso a dar paseos frente a la celda al tiempo que sonreía.

No me he equivocado contigo, los tienes bien puestos… Ya veremos si sigues así de gallito cuando comience el interrogatorio de verdad.

¿Aún no ha empezado? Vaya, no pensé que los fascistas perdierais el tiempo con un rojo de mierda, ni siquiera lo perdéis en plantearos las órdenes que os dan…− Comentó Fernando despreocupadamente, intentando provocar de nuevo las iras de Mendoza.

Ah, pero es que no estoy perdiendo el tiempo.− Contestó Mendoza abriendo mucho los ojos, y utilizando un tono propio de un maestro que explica un problema de matemáticas a un niño.− Estoy haciendo un sondeo, para ver si puedo ahorrar energías y sacar algo de ti sin tener que recurrir a… otros métodos.

¿Qué te hace pensar que voy a querer ayudarte?− Inquirió Fernando, que, de repente, tuvo la certeza de que Mendoza aún tenía un as guardado en la manga.

¿Querer ayudarme? No, ni siquiera necesito que quieras ayudarme. Tú sabes que yo no soy de los vuestros, pero nadie más lo sabe. Otro camarada suicida, como tú, podría tener la errónea impresión de que puede cazarme y terminará como tú. ¿Lo entiendes ahora, Fernando? No eres una presa, eres un cebo.− Contestó Mendoza.

Fernando sintió que el mundo se le caía encima.

Los periódicos… Son un llamamiento, pretendes cazar a los que reaccionen ante mi encarcelamiento y a los que intenten ayudarme.− Dijo Fernando mirando a Mendoza con horror.

Veo que has comprendido la situación.− Comentó Mendoza, satisfecho, mientras asentía con la cabeza.

Se dirigió hacia la puerta y cuando estaba a punto de salir, se dio la vuelta hacia Fernando y dijo:

Simplemente quería que supieras que las muertes que vengan, son sólo culpa tuya… Incluida la de nuestro amigo común, Juan.− Dijo Mendoza sin perder la sonrisa, acto seguido salió y cerró la puerta.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Águila Roja en DVD


Ya hay fecha de lanzamiento para la primera temporada de Águila Roja en DVD: 18 de Noviembre.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Juntos por el Sahara

Os dejo el enlace para los que podais ir al concierto (lamentablemente, no es mi caso) que se celebrará el 16 de noviembre en el Teatro Price de Madrid. Las entradas ya están a la venta:
Y aquí un enlace a un video de promoción:

Y este para Marceloni

Y este para Marceloni, espero que te guste, estrellita.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Capítulo XIII

CAPÍTULO XIII

Alicia se volvió a recostar en la cama, trató de dormir otra vez, pero todo intento fue en vano; estaba demasiado nerviosa y angustiada como para conciliar el sueño, así que se dio la vuelta, dando la espalda a Álvaro, para evitar que, en caso de que se despertara, se diera cuenta de su insomnio.

Pasó la noche observando la línea de luz que se filtraba por la ventana y cuando estaba amaneciendo decidió levantarse y preparar el desayuno, pensando que, tal vez así, lograría centrar sus pensamientos en algo más cotidiano que relajara sus ánimos.

Al terminar de poner la mesa se dio cuenta de que por fin respiraba con normalidad. Se asomó a la ventana del salón y tomó aire “Sólo ha sido un sueño, no sirve de nada obsesionarse con ello”. Sonrió con la serenidad que le aportó ese pensamiento, cerró la venta y al darse la vuelta vio a Álvaro y a Pedrito que miraban, entre entusiasmados y perplejos, la mesa del desayuno.

Alicia ¿son las tortitas que me gustan?− Preguntó el niño acercándose a la mesa y olisqueando un crêpe.

Se llaman crêpes, Pedrito.− Contestó Álvaro mientras se sentaba a la mesa.

Alicia y Pedrito se sentaron uno a cada lado de Álvaro. El niño puso varios crêpes en su plato y comenzó a engullirlos con avidez.

Pedrito, te vas a atragantar, come despacio. Si quieres, esta tarde preparo más.− Dijo Alicia mirando al niño.

¿Y cómo ha sido para preparar este banquete?− Preguntó Álvaro tras beber un poco de zumo.

¡Banquete! ¿A un desayuno de crêpes, café, zumo, pan y aceite le llamas banquete? Anda que no exageras… Me apetecía daros una sorpresa.− Explicó Alicia.

Desde luego, es magnífico comenzar así el día, más cuando tengo reunión con el rector.− Comentó Álvaro, haciendo una mueca de desagrado.− Me conviene desayunar bien.

¿Esperas malas noticias de esa reunión?− Preguntó Alicia con semblante preocupado.

No, no es eso.− Contestó Álvaro al tiempo que le acariciaba la mano levemente a Alicia.− Es que me tendré que quedar después de clase y no se puede decir que tenga el día tranquilo: tengo trabajos que corregir…− De repente su rostro cambió y exclamó.− ¡Bueno! yo aquí sentado y aún no he ido a recoger el periódico.

Abandonó la mesa y al rato volvió con el periódico en las manos. Leía la primera plana con la boca entreabierta y no parecía comprender lo que estaba leyendo. Alicia y Pedrito no se habían dado cuenta de que Álvaro permanecía en el umbral de la puerta, ya que estaban demasiado ocupados tirándose trocitos de pan.

Alicia.− Dijo Álvaro con un hilo de voz.

Ella no le oyó llamar y siguió jugando con el niño hasta que, al esquivar otro de los proyectiles de Pedrito, miró hacia la puerta. Nada más cruzar la mirada con Álvaro se dio cuenta de que algo no iba bien. Se levantó y un pedacito de pan le dio en la cara.

Pedrito, para. ¿Qué pasa?− Dijo Alicia mientras avanzaba, sin quitar sus ojos de Álvaro.

Hijo, vete a tu habitación.− Ordenó Álvaro.

Aún no he terminado de desayunar, papá.− Respondió Pedrito.

Pues coge tu plato y vete a tu cuarto, pero hazlo ya.− Contestó Álvaro en un tono que no admitía réplicas.

El niño se levantó de la silla y se fue con el plato a su habitación, no sin antes dedicarles una mirada curiosa a Alicia y a su padre.

Cuando Alicia llegó a donde estaba Álvaro, este presionó el periódico contra su pecho y comenzó a hablar con voz preocupada.

Alicia… Ha ocurrido algo, algo malo, grave.− Hablaba con voz triste y al mismo tiempo, parecía estar en estado de shock.

− Álvaro, ¡Álvaro! Habla, dime qué pasa; Me estás asustando. ¿Por qué escondes el periódico?

A él no le dio tiempo a reaccionar y cuando quiso darse cuenta, Alicia tenía el periódico entre sus manos. Cuando terminó de leer, dejó el periódico en la mesa y se quedó con la mirada perdida, temblando de pies a cabeza.

Álvaro estaba pálido y aún no había asimilado la noticia, pero supo que se tenía que hacer cargo de la situación, así que se acercó a Alicia y la abrazó con fuerza. Ella no parecía ser consciente siquiera de que Álvaro seguía allí.

Alicia.

Ella pestañeó y un par de lágrimas surcaron su rostro; miró a Álvaro sin decir nada.

Te prometo que haremos lo que sea, las cosas no van a quedar así.− Dijo Álvaro con convicción, aunque en su fuero interno las esperanzas eran mínimas.

Alicia asintió con la cabeza.

En la primera plana del periódico podía leerse: CAPTURADO EL CRIMINAL FERNANDO SOLÍS.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Canciones por el Sahara

El mundo de la interpretación y el mundo de la música se unen para ayudar al pueblo saharahui. El canto del Loco, Estopa, Pedro Guerra, Manuel Carrasco, Silvia Abascal, Inma Cuesta, Álex Gonzalez, Santi Millán, Michelle Jenner y otros tantos han colaborado en este proyecto solidario.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Para todas las fernandistas


He tenido un fin de semana productivo, no se puede negar. Esta imagen siempre me gustó (no sé vosotras, pero yo andaba desesperada porque se besaran de una vez) así que ahí va este homenaje. Espero que os guste.

Para Amaran y Luz


Para las camaradas loras-estrellitas. Espero que os guste.