domingo, 31 de enero de 2010

Para Marysol


Espero que te guste la firma. Un besazo, amiga.
Y aquí el link para que lo puedas poner de firma (con la imagen a tamaño más reducido):

sábado, 30 de enero de 2010

Entrevista a Francis Lorenzo

El actorazo que da vida a nuestro malo preferido da una entrevista. A destacar, esta frase:
"(El comisario) Llegará a extremos que no se esperaban".
Yo le habría preguntado ¿Pero para bien o para mal?

No estoy inspirada...




Bueno, no estoy muy contenta con estas imágenes, pero en fin...
La primera contiene un fragmento de la canción Fix you de Coldplay (qué socorrida es esta canción), traducido sería Si nunca lo intentas nunca lo sabrás, haciendo referencia a que estos dos tórtolos o se lanzan o se van a torturar toda su vida con "lo que pudo haber sido".
En la segunda imagen, he escogido una cita de Pablo Neruda, para ilustrar la imagen que a muchas (¿verdad, Inés? je je) nos habría gustado ver en el rescate o en el post-rescate. Pero bueno... aún hay tiempo para que ocurra.
En la tercera he escogido una frase de la canción The call de Regina Spektor que viene a decir: Volveré cuando me llames, no hay necesidad de decir adiós.
Espero que os gusten.

viernes, 29 de enero de 2010

Capítulo XXIII


CAPÍTULO XXIII

Andrea miró con cautela a la joven que estaba en El Asturiano, no parecía tener más de veinte años, pero sus ojos denotaban un sufrimiento que la hacía parecer más adulta. Marcelino, cerró la puerta y se acercó.

¿Qué haces tú aquí?− Preguntó con tono preocupado.

Marce, no puedo hablar.− Dijo Andrea en voz baja y sin apenas mover los labios, mientras le dedicaba una mirada fugaz a la muchacha.

La chica cogió el bolso y se levantó de su silla.

Da igual, yo ya me voy, ya he molestado bastante. Muchas gracias Marcelino.− Anunció la joven que no parecía haberse molestado por la indirecta de Andrea.

No, de eso nada, tú te quedas, vamos, no vuelves a pasar una noche al raso ni en broma, eso te lo ha dicho Manolita y te lo repito yo, si no quieres volver a tu casa ni venir a la nuestra, te quedas en El Asturiano y ya está.− Ordenó Marcelino a la chica, que, sin rechistar, se volvió a sentar.− Y tú, ya me estás diciendo qué es lo que estás haciendo aquí, Andrea, que pareces nueva, ¿no sabes como está el patio últimamente?− Espetó Marcelino.

Ella miró nuevamente a la muchacha con algo de desconfianza, pero antes de que Andrea pudiese abrir la boca, la chica se levantó de nuevo y se dirigió hacia la puerta.

A ver que he dicho que no, hace un frío del carajo y no puedes pasar otra noche dando vueltas por Madrid… Es alucinante, yo no sé en qué estabas pensando, con lo lista que tú eres.− Dijo Marcelino interponiéndose entre la muchacha y la puerta.

Marce, yo vuelvo otro día en el que estés menos ocupado.− Farfulló Andrea que seguía sin quitarle ojo a la chica.

A ver, Andrea, te digo yo que Alicia, que es esta de aquí, cojea de la misma pierna que tú y que yo, por eso está así la pobre.− Miró con compasión a Alicia y continuó hablando.− Es que han apresado a un… a un amigo suyo, bueno, también era amigo nuestro. Fernando Solís ¿te suena? Pues el caso es que trabajó aquí al lado, en una productora de cine, pero resultó que no era lo que parecía y, bueno… ya sabes como son las cosas en la villa de Franco.− Explicó Marcelino.

Andrea miró con renovado interés a la muchacha, a la que se le habían saltado las lágrimas nada más oír el nombre de Fernando.

¿Conocías a Fernando?− Se sorprendió Andrea.

Ella se limitó a asentir con la cabeza.

¿Me vas a decir de una vez por qué has vuelto?− Preguntó Marcelino con impaciencia.

Andrea permaneció en silencio unos instantes, observando a Alicia que se había vuelto a sentar y lloraba en silencio con la mirada perdida en sus temblorosas manos. Comenzó a sentir una indignación cercana a la ira, por el sufrimiento que estaba presenciando y entonces, sin poder evitarlo, dijo:

He vuelto por Fernando Solís.

¿Qué?− Preguntaron a coro Marcelino y Alicia.

Eso es una locura, Andrea.− Sentenció Marce mientras negaba con la cabeza.

¿Quién eres?− Preguntó Alicia perpleja.

Eso no importa.− Respondió Andrea.− El caso es que he venido aquí en su ayuda.

Pero ¿qué dices Andrea?− Exclamó Marcelino a quien le brillaban los ojos y parecía enfadado.− No sabes lo que estás diciendo. Tú sola no puedes sacar a nadie de ahí ¿me oyes?− Miró a su alrededor, buscando un argumento en contra, y preguntó.− ¿Aprueba Antonio todo esto?

Andrea suspiró al ver el nerviosismo de su amigo.

Marcelino, no estoy sola y sí, Antonio lo aprueba, fue él quien me consiguió los apoyos necesarios para que todo saliera adelante.− Dijo Andrea con calma.

Eso es una locura.− Repitió Marce al tiempo que iba tras la barra y se servía un coñac.

Alicia se puso en pie y miró a Andrea fijamente.

¿Cómo puedo ayudarte?− Preguntó con tono decidido.

Andrea observó con incredulidad a Alicia. Mientras, Marce que miraba a las dos mujeres de hito en hito, se sirvió más coñac.

No vas a ayudarnos, esto no es ningún juego, nadie ajeno va a meterse en la misión, bastante he hecho con decirte que hay un plan en marcha para sacarlo de ahí.− Contestó Andrea intentando no ser demasiado brusca.

Alicia parecía estar haciendo grandes esfuerzos para no gritar de pura rabia.

Yo necesito ayudar ¿lo entiendes? Necesito hacer algo útil, Álvaro cree que con libros y papeles podemos hacer algo, pero no es verdad, eso no ayudará a Fernando.− Dijo Alicia con voz temblorosa.

¡Ahora la otra! Esto es acojonante, pero ¿estáis todas locas?− Exclamó Marcelino y seguidamente se tomó de un trago lo que quedaba de coñac.

Andrea se acercó a Alicia mientras negaba con la cabeza. Iba a decir algo, pero Alicia continuó:

¿Conoces a Fernando? Como persona, quiero decir.− Inquirió; Andrea asintió y Alicia hizo una pausa.− Yo le conozco y no sería la primera vez que me juego la vida para ayudarle. Fui yo la que le salvó de morir en el piso franco cuando le dispararon, fui yo la que se arriesgó. ¡No me digas que no puedo hacer nada!− Soltó Alicia con fiereza.

Es imposible, tú no tienes experiencia en algo así, no puedes ayudarnos, si de verdad quieres salvar a Fernando, no intentes entrometerte. Agradezco tu ofrecimiento, pero esto es algo más grande de lo que puedas imaginar.− Le advirtió Andrea con dulzura, tratando de controlar su propia emoción al ver las lágrimas de esa desconocida.

Alicia estaba más hundida aún que antes, pero la idea de permanecer quieta y a salvo mientras otra gente se jugaba el pescuezo por Fernando era algo que no entraba en sus planes. Así que intentó actuar con normalidad y fingió resignación.

Está bien.− Murmuró y recogió el bolso con movimientos pausados.− Voy a ir a casa.

¡Eso es!− Exclamó Marcelino.− Ya verás como todo se soluciona. ¿Quieres que llame a Álvaro para que se acerque al bar?

Ella negó con la cabeza.

Andrea siguió con la mirada a la chica, que caminaba lentamente hacia la salida. Cuando se fue, Marcelino y Andrea se quedaron un rato en silencio, observando la puerta.

Andrea.− Dijo Marcelino sin mirarla.− Sabes que eso que has dicho es imposible ¿no? Quiero decir, a nadie más que a mí le gustaría que las cosas fuesen de otra manera, pero ya sabes quien manda y… bueno, lo que tú pretendes hacer es muy arriesga’o y…− Levantó la vista y la fijó en los ojos de Andrea.− Esto te puede costar muy caro, a ti y a los que estén contigo.

Andrea sonrió sabiendo lo mucho que a Marcelino le costaba hablar de ese modo tan pragmático.

Y si no nos arriesgamos ¿qué ganaremos?

Pues salvar la vida, joder, Andrea, que no serías la primera que acaba en una cuneta.− Soltó Marcelino con lágrimas en los ojos.

Andrea negó con la cabeza.

La vida hay que vivirla, pero para ello hay que exponerse al peligro.

Sí, pero por una razón, Andrea, no por una locura.

¿Un amigo no es una razón?− Preguntó Andrea alzando las cejas.

Sí, claro que es una razón y no creas que soy un cobarde, pero es que…− Masculló Marcelino que parecía estar manteniendo una dura lucha consigo mismo.

Sé lo que hago.− Sentenció Andrea.

¿Y lo sabe Fernando?− Preguntó Marcelino.− Porque dudo mucho que a él le hiciera gracia todo esto.

Andrea bajó la mirada por primera vez.

Sinopsis del próximo capítulo

Como el foro funciona mal otra vez no he podido colgarlo allí, así que os dejo aquí el enlace a una breve sinopsis del próximo capítulo:

martes, 26 de enero de 2010

Comparaciones odiosas

Ambas series están teniendo buenos datos de audiencia y comparten el honor de haber sido, cada una en su año, la serie revelación de la temporada con el mejor estreno... y hasta ahí las coincidencias porque la calidad de una está a años luz de la otra:

viernes, 22 de enero de 2010

Capítulo XXII


CAPÍTULO XXII

Tropezaba con sus propios pies, a causa de su paso ligero y el temblor de piernas que tenía desde que había doblado la esquina. Notaba como varias gotitas de sudor frío le recorrían la espalda y sentía la boca seca, casi acartonada. Su corazón golpeaba su pecho con violencia y su respiración era casi frenética. Le urgía llegar pronto al piso, comunicarle a Charles toda la información que había conseguido. Cuando llegó a unas tres calles de la cafetería en la que había sido testigo de una diarrea verbal sin precedentes, decidió tomar un taxi.

Una vez en el asiento, se le normalizó la respiración, pero no podía evitar estirarse los dedos de una mano con la otra para liberar la tensión acumulada. El taxista la miró a través del espejo retrovisor y cacareó con voz alegre:

¿Va a ver a su novio, eh? No se ponga nerviosa, está usted muy guapa.

Andrea le miró sin comprender durante medio segundo, pero después le dedicó una sonrisa cómplice, que el taxista le devolvió, satisfecho.

Paró a varias calles de distancia del piso, pagó al taxista, que le guiñó un ojo al bajarse del auto, y se puso en marcha. Cuando estaba hacia la mitad de la calle, a punto de llegar al portal, escuchó una voz conocida.

Que no, padre, que le digo yo a usted que no, que el listo este quiere timarnos. ¿Cuándo se ha visto que el vino blanco, que mira que es soso, además, tenga esos precios? ¡Si es que además no lo pide nadie!

Marcelino, hijo, que llevo más años que tú

Usted lo ha dicho, padre, lleva más años, a lo mejor es por eso que le falla la memoria.

Ella miró a su alrededor, pero no había lugar en el que ocultarse y en ese momento, Marcelino Gómez cruzó la mirada con la mujer que se había quedado inmóvil en mitad de la calle, y una expresión de sorpresa surcó el rostro del tabernero. Andrea sólo atinó a negar con la cabeza de manera casi imperceptible, pero él debió captarlo, porque retomó la discusión que mantenía con su padre y ni siquiera se acercó a ella. Por suerte, Pelayo, que iba mirando al suelo, no se percató de lo sucedido.

Andrea siguió su camino, sabiendo que tarde o temprano tendría que darle una explicación a su viejo amigo. Entró en el portal con apariencia tranquila y, a pesar de que hubiese preferido subir las escaleras de dos en dos, caminó pausada y sigilosamente. Entró en el piso y buscó a Charles. Aún no había llegado, así que dejó las gafas doradas encima de la mesa, se quitó la peluca castaña y se masajeó la cabeza, en un intento por relajarse. Esperó con impaciencia el regreso de Charles, mientras rememoraba su charla con el guardia.

Al cabo de una hora, Charles entraba por la puerta con una sonrisa.

Tenemos más apoyos de los que pensé en un principio.− Anunció Charles a modo de saludo, pero al ver el pálido rostro de Andrea, preguntó.− ¿Qué ha ocurrido? ¿No ha ido bien tu plan?

Andrea no parecía haber asimilado aún lo sucedido.

Ni siquiera he podido llevarlo a cabo.− Respondió con voz ausente.

¿Por qué? ¿Sospechaban algo? Eso es imposible.− Razonó Charles con semblante preocupado.

No, no me he explicado bien: No ha hecho falta que pusiera en marcha mi plan, no he tenido que dármelas de mujer fatal. Me ha dicho lo que quería saber y más… simplemente porque necesitaba desahogarse.− Dijo Andrea más para sí misma que para Charles. Entonces comenzó a reír.

¡Calla! ¿Qué ha pasado?− Preguntó Charles que estaba cada vez más desconcertado.

Pues al parecer el guardia con el que me he encontrado no se lleva bien con su jefe y hace poco tuvieron una riña, ya entraré en detalles luego, el caso es que el hombre estaba tan indignado y tiene tan pocas luces… que me ha contado lo que sucede ahí dentro con pelos y señales, sin que yo haya tenido que hacer nada, sólo me acerqué a él, le pregunté qué le pasaba, porque parecía agobiado… ¡y lo siguiente fue un monólogo!− Explicó Andrea, aún extrañada por su suerte.

Charles la miró con los ojos muy abiertos y preguntó con incredulidad:

¿Una riña con su superior nos ha favorecido a nosotros? Funny.− Dijo mirando a un lateral, con una media sonrisa, disfrutando de la ironía de todo aquello.

No es sólo su superior, también es el topo. El hombre que se infiltró y delató a varios camaradas. Aunque sólo tengo un nombre: Mendoza.− Sentenció Andrea en voz muy baja.

Charles abrió la boca y al rato preguntó con sorna:

¿Sólo?

Ella comenzó a relatarle todo lo que había escuchado de boca aquel guardia. Charles hacía breves interrupciones, por lo insólito de todo aquello. Cuando terminó, él decidió ponerse en contacto con la organización para alertar sobre el topo y conseguir más información sobre ese hombre.

¿Crees que conseguiremos algo? ¿No es muy arriesgado comunicarse ahora con ellos?

Tengo contactos de plena confianza, no te preocupes, hay rutas seguras aún, simplemente hay que evitar a determinados enlaces sospechosos.

No me preocupo, confío en ti.− Respondió Andrea.

Charles sonrió con tristeza y dijo:

Debemos sacar a Fernando de ahí cuanto antes.

Lo sé.− Contestó Andrea nerviosa, recordando que, según el guardia, Fernando había intentado suicidarse.− Está siendo sometido a una gran presión. Pero creo que sé como podemos sacarlo de allí, he visto algo…

Charles la miró sorprendido.

Debo trazar bien el plan, pero creo que ya tengo la clave. Ah, más tarde debo ir a arreglar un asunto, ya te contaré.− Continuó ella.

Andrea ocupó lo que quedaba del día en pensar estrategias para liberar a Fernando, aunque ya tenía un punto claro del que partir. Cuando oscureció, cambio su ropa por un vestido gris muy humilde, se ató un pañuelo a la cabeza y salió del piso rumbo al Asturiano. Al llegar, vio que el bar parecía cerrado, pero aún así, llamó a la puerta débil pero insistentemente. Marcelino abrió, dejando sólo espacio para asomar la cabeza.

¿Puedo pasar?− Preguntó Andrea en voz baja.

¿Ocurre algo?− Preguntó una voz femenina desde el interior del bar.

Andrea estaba a punto de darse la vuelta, cuando Marcelino la agarró del brazo y casi susurrando dijo:

Entra, es de confianza.

El establecimiento estaba en penumbra, pues Marcelino había apagado todas las luces y sólo la farola de la calle, cuya luz se colaba por entre los tablones que Marce solía poner en las ventanas al cerrar, proporcionaba algo de claridad al lugar.

Al principio sólo vio una silueta sentada en la mesa más alejada de la puerta, pero cuando sus ojos se acostumbraron a esa semi oscuridad, Andrea distinguió a una chica joven, morena y con ojos llorosos.

miércoles, 20 de enero de 2010

Entrevista a José Ángel Egido

Dice cosas muy interesantes en la entrevista, leedla con atención:
Por ejemplo que mantuvo una amistad con el rey en el pasado, razón por la cual conoce muchos secretos del monarca, información que no dudará en usar para llegar al Vaticano. Y que lo único que vuelve humano a este personaje es Irene, su inocente sobrina, a la que adora.

lunes, 18 de enero de 2010

Y más imágenes




No me cabían todas en la otra entrada, así que aquí dejo las últimas.
- La primera con un fragmento de la canción Deseos de cosas imposibles de La oreja de Van Gogh, que creo que le va muy bien a la situación de Margarita en este momento.
- La segunda, un homenaje a Sátur, que estuvo enorme en el capítulo anterior.
- Y la tercera y última imagen, con un fragmento de la canción Just like heaven de Katie Melua. En la parte de Margarita pone: Tú, perdida y solitaria; y en la parte de Gonzalo, Tú, suave y único. Porque creo que expresa cualidades de cada uno. En la parte central, el título de la canción que le va al pelo: Como en el cielo.

Algunas imágenes más






Tomando algunas de las capturas que Inés ha compartido con el foro, he hecho estas imágenes. Y ahora, como diría Jack el destripador, vayamos por partes:
- En la primera imagen he cogido la frase que le dijo Gonzalo a Margarita, porque me hizo mucha gracia que él, precisamente él, sacase a colación lo de disfrazarse.
- En la segunda imagen he utilizado una cita de un tal Paddock (perdonad mi ignorancia, pero no sé quien es).
- En la tercera imagen he cogido un fragmento de una canción de Michelle Featherstone, de título Coffee & Cigarretes, traducido quiere decir: Debo renunciar a ti. Haciendo referencia a que Margarita, intentando huir de todo el dolor de su pasado, renuncia a Gonzalo a pesar de amarlo.
- En la cuarta imagen he cogido un fragmento de una canción de Rosana llamada A las buenas y a las malas. Le queda bien a la marquesa una frase que hace referencia tanto a su estilo como a su caracter.
- Y para la última imagen, he optado por un fragmento de la preciosa canción Almost lover de A fine frenzy. La traducción sería Adiós, mi sueño sin esperanza. Un pequeño homenaje para ese otro gran amor de la serie, el que Hernán siente por Lucrecia.

Entrevista a Roberto Álamo


Un enlace a la entrevista de Roberto Álamo, el actor que encarna a Juan de Calatrava, el médico enamorado de Margarita, en Águila Roja:
Hablan sobre todo de la obra de teatro Urtain en la que, al parecer (digo "al parecer" porque, aunque sé que es un gran actor, no he tenido la oportunidad de verla), Roberto hace un gran papel.

viernes, 15 de enero de 2010

Capítulo XXI


CAPÍTULO XXI

Andrea se miró en el espejo por novena vez y se dio por fin el visto bueno al no reconocerse a sí misma en el reflejo. Llevaba una peluca castaña, unas gafas doradas que le daban un toque de distinción y un sencillo vestido beige.

Miró a Charles y le dedicó una sonrisa confiada, aunque los nervios empezaban a hacer mella en su interior. Él iba a hablar con unos viejos camaradas para que estuviesen preparados en caso de necesitar su ayuda. Ella salió por fin del piso y se encaminó al oscuro tugurio en el que suponía, dada su cercanía con el edificio, que tomarían café los guardias en su tiempo de descanso.

Cuando llegó, el bar estaba aún vacío, por lo que pasó de largo y fue a una calle paralela, donde estuvo ojeando escaparates durante un buen rato. Al regresar al bar, vio que en la barra había un hombre uniformado que tenía la cabeza agachada sobre una humeante taza de café. Andrea entró con aire despistado y pidió un cortado. Echó una ojeada al guardia y vio que tenía la mirada perdida en el interior de la taza.

¿Se encuentra usted bien, caballero?− Preguntó al tiempo que le dedicaba su mejor sonrisa.

He tenido días mejores, pero métase en sus…− Respondió el guardia sin mirar a Andrea, pero cuando levantó la cabeza y la vio, freno en seco y cambió su tono cortante por uno mucho más amable.− Perdone señorita, no es un buen momento, ¿sabe?

Lamento haberle importunado; Si puedo ayudarle en algo… Soy buena escuchando, tal vez quiera desahogarse.− Dijo Andrea con voz dulce.

El guardia volvió a mirarla, pero esta vez de arriba abajo, sin ningún disimulo. Observó la cara de Andrea y tras hacer una mueca, comenzó a hablar como si estuviera charlando con una amiga de toda la vida.

Es Mendoza, mi jefe. Se cree muy listo por haber engañado a esos rojos.− Comentó él sin mirar a Andrea.

¿Perdón?− Saltó Andrea que no esperaba tanta sinceridad.

Lo habrá leído en los periódicos, ese Fernando Solís o Fernando Rosales. Lo atrapó él y no hay quien le aguante, siempre fue un engreído pero ahora… cada vez que ocurre algo malo, es culpa de otro, él nunca tiene la responsabilidad de nada, bueno sí, de los aciertos, claro está, esos son todos suyos.− Explicó el guardia a Andrea con una tranquilidad de la que se podía deducir que o bien el guardia era un inepto o bien ignoraba por completo la importancia de la información que estaba revelando.

Ah, sí, lo he leído, me alegré mucho de la captura de ese indeseable.− Acertó a decir Andrea cuyo nerviosismo crecía por momentos.

Como todos... Pues es que la última ha sido de órdago. ¿A usted le parece normal que si un preso se cuelga en su celda se culpe a un guardia de eso?

Al oír esto, a Andrea se le cortó la respiración.

¿Solís se ha suicidado?− Inquirió Andrea controlando a duras penas su histerismo.

Lo intentó, pero no lo consiguió, ahí está tan ricamente en su celda, pero bueno, respóndame ¿soy yo responsable de que el rojo ese se cuelgue en su celda?

No, claro que no, sólo él es responsable de sus actos.− Dijo Andrea con voz neutra.

Ahí se equivoca usted.− Respondió el guardia tomando un sorbo de café.− La culpa la tuvo Mendoza otra vez. ¿A quién se le ocurre decirle a ese que será el culpable de las muertes de los que intenten liberarle? El tipo quiso hacerse el héroe y por eso se colgó. Mendoza sabe que pisó en falso, pero ¿lo reconoce? ¡No! Es mucho más fácil echarme la culpa a mí por no haberle quitado el cinturón a ese desgraciado.

Andrea guardó silencio y tras unos segundos dijo:

Se tiene muy creído su triunfo, por lo que me cuenta ¿no?

¿Creído? Eso es poco, señorita. Lo único que ha hecho Mendoza ha sido engañar a esos rojos de mierda y se piensa que por eso merece ser recibido por el Generalísimo o algo así, pero no señor, ese tipo sólo tiene astucia, nada más, no tiene lo que hay que tener para hacer las cosas de frente.

Andrea miró su reloj de muñeca y comentó:

Dios mío, se me ha ido el santo al cielo charlando con usted.

El guardia la miró y sonrió.

Pues váyase, señorita, que a mí ya me ha hecho un buen favor escuchándome, la verdad es que ahora estoy más animado.

Me alegra oír eso. Adiós, caballero.− Se despidió Andrea mientras pensaba “El favor me lo has hecho tú a mí”.

jueves, 14 de enero de 2010

Otra imagen


Gracias a las capturas de Inés (gracias de nuevo), he podido hacer esta imagen, del momento en el que el comisario saca a toda la villa de la cama para preguntarles “por las buenas” quién le disparó y se ve como Gonzalo, Margarita y Alonso se juntan como una verdadera familia.


La frase que he escogido pertenece a la canción I said de Michelle Featherstone, la traducción sería: Dije que te protegería de la oscuridad otra vez.

Entrevistas de los protagonistas


miércoles, 13 de enero de 2010

Conócete a ti mismo


Una imagen para esa búsqueda de identidad que ha emprendido nuestro héroe. la cita es de Marcos Ponce de León.

El cardenal Mendoza, una bellísima persona...


Como es un personaje tan misterioso y el actor que lo interpreta es tan genial, creo que merece una imagen con una frase (algo cómica) que muestra sus intenciones.

domingo, 10 de enero de 2010

Para Patty e Inés






Para dos niñas del foro.
La imagen de Gonzalo llorando la muerte de Agustín, va dedicada a Inés, en agradecimiento por haberme cedido la captura de Gonzalo. Espero que te guste, la frase que he usado es de Edward Young.
La imagen de Gonzalo y Margarita es para Patty, una recién llegada al foro de Águila Roja, pero con la que yo ya había compartido muchas charlas y risas. En esta imagen he usado un fragmento de la canción Dónde quiera que hoy que estés, de Mónica Molina. Un besazo y espero que te guste.
Además incluyo una imagen de Lucrecia con una cita de Albert Einstein.

Edición: Añado otras dos imágenes que estaban ya cogiendo polvo en mi cajón de imágenes. La de Sun-Ji y el Águila lleva una cita de Cecilia Bölh de Faber y la de Gonzalo y Margarita, lleva un fragmento de un poema de Miguel Ángel Buesa.

viernes, 8 de enero de 2010

Para celebrar el regreso de héroe a las pantallas





En fin... aquí os dejo las últimas imágenes que he creado y alguna que se me había quedado olvidada por ahí. La frase de la primera imagen es del gran Charles Chaplin, la frase de la segunda imagen es de una canción de Pasión Vega (Olvidarte), el autor o autora de la tercera frase es anónimo y la cuarta imagen lleva una frase de Henri Lacordaire.

jueves, 7 de enero de 2010

El maltrato

En otra entrevista realizada a Myriam, esta vez por el diario Público, ella comenta:

− Su personaje se mueve en un mundo de hombres. ¿Ha cambiado mucho la cosa desde entonces?

Bastante porque las mujeres que nos han antecedido han peleado bastante, pero las mujeres tenemos aún muchas batallas por ganar. En esta temporada tratamos los malos tratos hacia la mujer, y rodar esas escenas resulta muy duro.

Fuente: http://www.publico.es/televisionygente/283468/mujeres/aun/muchas/batallas/ganar


¿Os acordáis de que la marquesa se ve obligada por orden real a casarse con un hombre que no es de su agrado? ¿Y si es esa la gran tragedia que sufre la marquesa en esta temporada? Tal vez sea por eso que Gonzalo en una escena la lleva en brazo, puede ser que ese tipo maltrate a Lucrecia Y más aún: En uno de los anuncios vemos que Lucrecia, medio llorando dispara a alguien ¿y si es a la joya de su marido a quien dispara?

miércoles, 6 de enero de 2010

Lo que cuesta ser marquesa


Entrevista a Myriam Gallego, en la que también podemos encontrar fotos de la nueva temporada:

Fondo de pantalla

Aquí está, pero como bien decíais, esta imagen no es mejorable, sólo se la puede hacer diferente, pero nada más. Espero que os guste.

Entrevista a David Janer

En esta entrevista habla de la segunda temporada y explica que "Hay más trabajo técnico, con más especialistas para las escenas de lucha, hemos ganado fluidez y habrá momentos más espectaculares; en la primera temporada íbamos muy perdidos, haciendo una secuencia de acción en dos horas, lo que llevaba a un nivel de tensión impresionante".

martes, 5 de enero de 2010

Han venido ya los reyes


Me uno a la iniciativa de Elara de los regalos de reyes. Aquí os dejo el mío, para todo el foro, por esos ratos tan estupendos que pasamos debatiendo, elaborando retorcidas teorías, deleitándonos la vista y los oídos con imágenes y vídeos y hasta buscando la Luna (la que me quiera entender, que me entienda, je je).
He tomado prestada una frase de la canción Peligro de incendio de Joaquín Sabina.

Más imágenes






Aquí os dejo mis últimas creaciones, espero que os gusten. Las imágenes del héroe me han encantado y por eso he hecho tantas. Y sinceramente, no es que yo tenga talento, es que... ¡Qué imágenes!
La frase de la imagen de Alonso es de Simón Bolívar. Y la frase de la última imagen del Águila Roja es de René de Chateaubriand.

lunes, 4 de enero de 2010

¡Magnífico!


Dudo que alguno de los que hacen posible la serie lean esto, pero lo tengo que decir, otra vez: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, una y mil veces, por hacer esta serie, con sus infinitos detalles. Me ha encantado este primer capítulo, ha sido muy intenso, frenético... sublime.
Tengo ganas de ver la continuación, pero claro, repetiré el jueves, que esto es como el chocolate, como lo pruebes estás perdida.
De nuevo, gracias.
Ah, y gracias también a las foreras por hacer esta serie más estupenda aún, si cabe, con sus comentarios.
La imagen es de FórmulaTV.

Águila Roja, segunda temporada

Por fin tenemos una sinopsis de la segunda temporada de Águila Roja.
Esta vez el héroe se obsesionará con descubrir sus orígenes, tras averiguar que Hernán Mejías, además de ser el hombre que asesinó a su esposa, es su hermano. Esta revelación impide que Águila Roja culmine su venganza, pero no evita que Alonso le dispare.
Además de los personajes habituales, podremos conocer a nuevos personajes, como el cardenal Mendoza, que ambiciona ser el nuevo Papa, su sobrina Irene que, a pesar de los intentos de la marquesa porque se enamore de Hernán, terminará enamorándose de Martín, un joven rebelde que es sobrino de Catalina.
Además veremos a Alberto San Juan, interpretando a un soldado de la compañía de Juan, el médico.

viernes, 1 de enero de 2010

Capítulo XX

CAPÍTULO XX

El aire desaparecía mientras notaba la presión del cinturón en su garganta, le temblaban las piernas y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Poco a poco, el mundo se fue oscureciendo y se llenó de vacío: no veía nada, no sentía nada, ni siquiera la presencia del cinturón apretando su cuello, no oía nada. “Ya llega”, pensó con alivio.

Entonces notó como la presión del cinturón variaba, se aflojaba y notó su cuerpo de nuevo; cayó al suelo, el aire inundó sus pulmones, sus sentidos se reactivaron, podía notar el frío suelo en su mejilla, podía ver dos pares de piernas ir de un lado para otro y podía oír los gritos de Mendoza y los lamentos de un guardia. La muerte no había llegado, para bien o para mal, Fernando era un superviviente.

¡¡Te dije que le quitaras el cinturón!!− Bramó Mendoza.

No tenía.− Balbuceó un guardia paliducho con una incipiente barriga.

No tenía.− Repitió Mendoza con sorna.− Y ¿no se te ocurrió que tal vez lo había escondido en alguna parte de la celda?− Preguntó con furia.

Apenas le dejamos solo, no tuvo tiempo de…− Comenzó a justificarse el guardia.

¡¡¡Pues ya ves que sí tuvo tiempo!!!− Rugió Mendoza que parecía fuera de sí.

Entonces miró a Fernando, que permanecía en el suelo.

Llama a un médico, sólo falta que se muera antes de que le fusilemos.− Ordenó al guardia.

Mendoza se quedó mirando a Fernando, sin decir una palabra, sin hacer nada, y él continuó en el suelo, con los ojos medio abiertos observando la celda con una nota de tristeza en su mirada. Al cabo de veinte minutos se presentó el guardia; el doctor le seguía.

Era un hombre bajito con cabello canoso y ojos grises. Reconoció a Fernando con una indeferencia rayana con la frialdad.

Está bien, ha estado bastante tiempo sin oxígeno, pero con un poco de descanso se repondrá.− Concluyó el médico.

De acuerdo, gracias.− Le dijo Mendoza al doctor sin dejar de mirar a Fernando; Luego añadió.− Gutiérrez, acompañe al doctor.

El guardia subió con el médico y Mendoza volvió a quedarse solo con Fernando. Él ya estaba recostado en la cama y físicamente parecía estar bien, aunque tenía moretones en el cuello y los ojos enrojecidos.

Lo que has hecho no ha estado nada bien.− Comentó Mendoza en voz baja.

Fernando se limitó a observarlo con esa mirada triste que había nacido de su fallido intento de suicidio.

Y no lo vas a volver a hacer.− Sentenció Mendoza.

Fernando, sin poder evitarlo, alzó una ceja y Mendoza al ver su escepticismo preguntó:

¿Necesitas una razón para no intentarlo de nuevo? Te la daré.

Sin hacer más comentarios, Mendoza desapareció del corredor que había frente a la celda, se escucharon sus pasos subiendo por la escalera y en unos pocos minutos volvió con unas carpetas marrones bajo el brazo.

Cógelas.− Dijo con un tono, casi amable.

Fernando se incorporó y se acercó a los barrotes; Cogió las carpetas y se sentó en la cama.

Ábrelas, por favor.

Él obedeció y abrió la primera de las carpetas. Durante unos segundos no entendió nada. En la carpeta pudo ver una ficha de detención de hacía un año, incluía una foto; Se acercó entrecerrando los ojos para distinguir el rostro del hombre que aparecía en ella. Era Isidro, el que fuera contable de los negocios de doña Paquita, entre ellos, Numancia films. Abrió la otra carpeta con manos temblorosas y vio la misma ficha, pero esta vez era la de Juan Villaba, más conocido como Juanito el Grande.

¿Lo entiendes ahora? Ellos fueron detenidos por el mismo motivo por el que tú estás ahora aquí: por trabajar en una empresa que planeó un atentado contra el Generalísimo; si tenemos al cabecilla, ellos no tendrán que venir aquí, pero si nos faltas tú, no me quedará más remedio que ordenar su detención de nuevo y esta vez ningún abogado en el mundo podrá hacer nada por ellos.

Fernando le dedicó a Mendoza una mirada llena de odio y se dio cuenta de que, hiciera lo que hiciera, su detención ponía en peligro a mucha gente.

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*Mañana no voy a tener tiempo de colgarlo, así que...