sábado, 27 de febrero de 2010

La amazona


Hace tiempo alguien puso esta imagen en la Web, era de una revista... ya no recuerdo quien la colgó, pero muchas gracias.
Había olvidado que tenía esta imagen (las carpetas y yo, que tenemos un conflicto). Espero que os guste.
Edición: Gracias a Nell, que fue quien nos proporcionó la imagen.

viernes, 26 de febrero de 2010

Capítulo XXVII


CAPÍTULO XXVII

Alicia no logró reprimir las lágrimas al cerrar la puerta de esa casa a la que posiblemente, nunca volvería. Imaginó a Álvaro dando explicaciones sobre su ausencia a doña Marcela, a Pedrito, a sus colegas de la universidad, al resto del mundo…

Se sonó la nariz mientras bajaba por las escaleras y trató de apartar esos pensamientos de su mente, necesitaba serenidad para decidir qué era lo que iba a decir y hacer. Al llegar al portal se dio cuenta de que no sabía cómo convencer a Andrea, poco tenía qué ofrecerle y presentarse en el piso franco no parecía un buen modo de ganarse la confianza de esa mujer.

Se apoyó contra la pared y analizó la situación: “¿Qué necesitan para ayudar a Fernando? Apoyos e información, saber dónde está.”− Se respondió.− “¿Y teniendo eso, cuál es el siguiente paso? ¿Planear el ataque? No, antes habría que conocer el lugar, sus puntos débiles y sus puntos fuertes.”− Reflexionó Alicia.

Su rostro cambió, de pronto sabía lo que había qué hacer, así que cambió de destino y, en lugar de ir al piso de Andrea, decidió dirigirse al edificio de Puerta del sol, donde ya había estado, pero esta vez tenía un plan y un objetivo específico y tangible.

A cada paso que daba, su plan se concretaba más y para cuando llegó a su destino, en el rostro de Alicia no había el más mínimo asomo de duda. Se paró frente a la puerta y, de repente, una poderosa realidad invadió su mente: Él… Él estaba ahí, tan cerca, tan lejos… Cerró los ojos y respiró hondo, no podía dejarse llevar, Fernando dependía de su firmeza.

Miró a su alrededor, dando la espalda a la puerta, y vio lo que necesitaba: una cafetería. No era la más cercana al edificio, pero sí la que mejores vistas tenía de la entrada del mismo.

Entró en ella y pidió un café cortado. Sólo había otra persona allí aparte del camarero: un hombre enjuto, de ojos azules, con pinta de contable, que estaba enfrascado en la lectura de unos documentos. Se sentó en una mesa que estaba junto a la ventana, cerca del otro hombre, y sacó un cuadernillo. El camarero se acercó con el café y lo dejó en la mesa. Alicia le sonrió tímidamente y volvió a fijar su atención en la puerta del edificio donde tenían preso a Fernando. Abrió su cuaderno y fingió leer los apuntes. Cada vez que percibía algún movimiento en el edificio, cogía la taza de café y tomaba un sorbo, lo cual le permitía mirar por la ventana y observar detenidamente sin resultar sospechosa y luego apuntaba lo que veía en la penúltima hoja del cuaderno. Eran anotaciones incomprensibles como “9:21 – 2 ¿p?”. Si alguna vez se acercaba el camarero, lo único que vería serían los típicos apuntes de un estudiante.

Se pasó la mañana observando y anotando, aunque a ojos del camarero fue una fructífera sesión de estudio que se tradujo en cinco cafés y tres tilas.

¿Qué estudia usted, señorita?− Preguntó el camarero mientras dos clientes salían por la puerta tras tomar su café matutino.

¿Estudiar? No, yo no estudio, paso a limpio los apuntes de mi hermano mayor.− Mintió Alicia descaradamente.− Estos días los pasaré a máquina, pero primero tengo que entender su letra y como este lugar es tan tranquilo...

El camarero, satisfecho ante la explicación, sonrió y volvió a sus quehaceres.

Alicia levantó la vista y echó un ojo a la cafetería. Habían entrado y salido varias personas en el transcurso de la mañana, pero sólo ella y “el contable” seguían allí. Alicia frunció el entrecejo, mientras miraba de refilón al hombre de ojos azules, pero decidió quedarse un rato más, a pesar de que aquello no le daba buena espina.

Veinte minutos después las tripas de Alicia rugían, era la hora de comer. Optó por salir de la cafetería y comprar un bocadillo en otro lugar, para su tranquilidad, el hombre permaneció allí, leyendo aquellos documentos. Se paseó por la zona, mirando escaparates, pero manteniendo su atención en la entrada. En otro bar compró un bocadillo de tortilla y lo comió sentada en un banco de madera, dando la espalda a la puerta del edificio, pero mirando fijamente el escaparate de enfrente en el que se reflejaba la entrada del mismo.

Cuando terminó su jornada, tenía dos páginas enteras con anotaciones sobre lo que había observado. Se sentía cansada, con las piernas entumecidas y las manos heladas, pero satisfecha con lo que había hecho. Se estaba haciendo de noche y decidió no seguir observando el lugar por dos razones: la primera, que resultaría demasiado extraño ver a alguien deambulado por ahí a esas horas y la segunda, porque un ataque nocturno le parecía una idea absurda, precisamente a esas horas todo movimiento resultaba sospechoso y, por lo tanto, no necesitaría saber qué movimientos se producían en el edificio durante la noche.

Alicia se puso a caminar con las manos en los bolsillos. Todavía notaba sus pies heridos y, de vez en cuando, paraba en seco con una mueca de dolor. Cuando se alejó lo suficiente de esa zona se dio cuenta de que no sabía a donde ir ¿a casa de Andrea? ¿Conseguiría convencerla de que podía ayudar? ¿A casa de Álvaro? No, regresar sería aceptar la derrota, además, no quería hacer de la casa de Álvaro su cuartel.

Era el momento de apostar lo que tenía y eso asustaba a Alicia mucho más de lo que quería reconocer, pero no había otra opción, debía ir a hablar con Andrea y mostrarle sus armas, sus posibilidades y su determinación de ayudarles. Si ella se negaba a admitirla… sencillamente no había contemplado esa opción, era demasiado doloroso.

Así que levantó la mirada y con pasó firme fue hacia el portal de Andrea, sabiendo que podía ser el final de su decisión… o el principio de un peligro más grande que ella.

El portal de la casa de Álvaro Iniesta hacía ya diez horas que estaba vigilado. Alicia llevaba más de doce horas fuera de casa.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Y mañana...




Este jueves, la Marquesa anunciará al Comisario su futuro matrimonio, aunque pronto descubrirá que su futuro esposo no es lo que aparenta.

Juan solicitará al Rey permiso para casarse con Margarita. Tras su autorización, el monarca les dará una mala noticia. Mientras tanto, el orfebre que ha logrado hacerse con el medallón, se lo ofrece al Cardenal a cambio de oro.

Además, la muerte de un clérigo a manos de un morisco pone en alerta al comisario; el pueblo, llevado por sus prejuicios, exige que todo el peso de caiga sobre los infieles, Águila Roja investiga qué hay detrás de esta agresión aunque se topa con la extraña actitud de Sátur, que se niega a ayudarlo.


Fuente: Europapress

martes, 23 de febrero de 2010

Esa alegría que da...

... Cuando tu pregunta entra en el encuentro digital.
Pregunta:

Hola Inma, lo primero enhorabuena por tu papel, me encanta cómo interpretas, transmites una dulzura increíble.

Tengo dos preguntas:

- ¿Qué siente Margarita por Juan?

- ¿Margarita sabe que Gonzalo sigue enamorado de ella?

Muchas gracias y un besazo.

Ah, espero que te den el premio de la Unión de actores.

Respuesta:

Hola Irene, muchas gracias linda!

Margarita quiere a Juan con toda su alma, pero sigue enamorada de Gonzalo...Cómo sabe que su relación con Gonzalo es imposible, se aferra a lo que Juan le da que es mucho...yo no sabría con cual quedarme! Beso.

lunes, 22 de febrero de 2010

Un jinete entre las sombras


Gracias a Marysol he podido hacer esta imagen. Le eché el ojo a aquella toma en el capítulo: La silueta del héroe envuelta en la bruma con la luz de la Luna recortando su figura... Y se lo dije a Marysol, que como es un cielo, un encanto y un sol (como su propio nombre indica), al día siguiente ya tenía las capturas.
He usado una frase de Thomas Fuller.
Espero que os guste.
PD: ¿A que parece un Nazgûl?

sábado, 20 de febrero de 2010

Más imágenes de los tórtolos




La primera imagen es un poco rara ¿a qué sí? Bueno he escogido un símbolo que me encanta (muy celta, además) para representar el amor de Margarita y Gonzalo: El anillo Claddagh, habréis oído la leyenda veinte veces. El caso es que el anillo representa varias cosas: la lealtad (la corona), la amistad (las manos) y el amor (el corazón).
En la segunda imagen he utilizado una frase que se dice en la película El bosque, porque creo que a Gonzalo le está paralizando el miedo ¿quién lo iba a decir de él? Y Margarita no puede pasarse la vida esperando.
Y en la tercera, he utilizado un fragmento de la canción Because of you de Celine Dion, cuya traducción sería: Tú fuiste mi fuerza cuando estaba débil. Porque Margarita ha sido la fuerza de Alonso (de la familia, en general) desde que murió la omnipresente Cristina.

viernes, 19 de febrero de 2010

Capítulo XXVI


CAPÍTULO XXVI

Fernando abrió los ojos. Le había despertado un sonido metálico, un golpeteo. Al darse la vuelta, comprendió qué era lo que lo había causado: Mendoza, con una desagradable sonrisa, lo observaba desde el otro lado de los barrotes, sentado en una vieja silla y con un periódico en el regazo, mientras golpeaba los hierros suavemente con una pluma estilográfica.

Por fin te despiertas.− Comentó mientras se guardaba la pluma en el bolsillo de la chaqueta.

Fernando no dijo nada, se volvió a dar la vuelta y cerró los ojos tratando de ignorar su presencia.

Oye, no te enfades.− Exclamó Mendoza.− He venido a enseñarte una cosa que te puede interesar.

Abrió de nuevo los ojos, inquieto, pero no se dio la vuelta y permaneció en silencio, mirando la pared de la celda, esperando a que su captor siguiera hablando.

Toma.− Dijo, y le arrojó a Fernando el periódico.

Fernando optó por dejar de fingir sordera; se incorporó y cogió el periódico que le había tirado Mendoza. Antes de leerlo, observó fugazmente su rostro: Le miraba con ojillos brillantes y calculadores y se repasaba el labio inferior con el dedo índice.

Miró el periódico, era francés.

¿Me lo has traído para que haga los crucigramas? sería un detalle, me aburro muchísimo aquí dentro.− Se mofó Fernando.

La sonrisa de Mendoza no varió.

Lee, página 12.− Ordenó.

Fernando dobló el periódico y lo dejó en sus rodillas.

Yo chapurreo el francés, pero no sé francés, confundo algunos términos.− Le informó.

Si sólo fuera en francés… permíteme entonces que te haga un resumen: Es una historia sobre una traición, la peor de las traiciones: una traición a la patria.− Dijo pretendiendo ser grandilocuente.

Oye, si vas a resumir la historia, empieza ya, que estaba teniendo un sueño fantástico.− Le interrumpió Fernando con hastío.

Un par de abogados españoles han mandado cartas a intelectuales y diplomáticos pidiendo tu liberación.− Soltó Mendoza mirando atentamente a Fernando, en espera de una reacción.

Fernando se puso alerta al tiempo que su mente se centraba en Álvaro Iniesta y Alicia Peña, pero mantuvo su expresión aburrida y preguntó frialdad:

¿Y me cuentas esto por qué…?

No te hagas el tonto, tú conoces a esos dos.

No me digas.− Exclamó Fernando con ironía sin abandonar su indiferencia.

¿Uno de ellos no será esa francesita a la que el fallecido comandante Quintero apretaba las tuercas? Tengo su ficha por ahí.− Dijo Mendoza que se había puesto de pie y caminaba de un lado a otro sin perder de vista al recluso.

¿Francesita? Ah, hablas de Alicia… Lo dudo, además ella aún no es abogada ¿no?− Dijo él con el mismo tono apático, aunque en su interior su preocupación por Alicia crecía por momentos.

He leído las notas del comandante, estaba seguro de que ella estaba enamorada de ti y te protegía.− Dijo Mendoza con los ojos entrecerrados.

Bien utilizado el verbo: “Estaba”. Ella se casó. Y nunca me protegió, recuerda que estás hablando de una burguesa, son apolíticos por naturaleza, la chica simplemente trabajó para mí en la productora.− Mintió Fernando.

Por lo que sé, la señorita Peña tiene poco de apolítica, supongo que le viene de su padre.− Mendoza hizo una pausa esperando la reacción de Fernando, pero el rostro del preso permanecía imperturbable, así que continuó.− Y ya es casualidad que en la productora de cine su función fuera hacer traducciones, pero volviendo a lo otro… parece ser que su tío, Hipólito Roldán, tuvo más que ver en esa boda que su marido ¿no es cierto?

Fernando se encogió de hombros.

Vamos, ¿me vas a decir que te quitó la novia un picapleitos?− Se burló Mendoza, y su desagradable sonrisa volvió a aparecer en su rostro.

Nunca fue mi novia, pero si lo hubiera sido… la verdad es que con ese sueldo yo no puedo competir.− Respondió Fernando con una sonrisa irónica.

¿Qué sabes de ellos?− Inquirió Mendoza de repente.

Fernando le miró perplejo y lo entendió todo… Lo que tenía Mendoza era demasiado poco como para detenerles, por eso había ido a tantearle.

Sé que no son mis aliados, pero si quieres traerles para que me hagan compañía, adelante. Como te he dicho, esto está empezando a ser tedioso.− Le espetó Fernando. Luego se dio la vuelta y volvió a recostarse en la cama dando por zanjada la conversación.

De cualquier manera, les echaremos un ojo.− Sentenció irritado y se fue de la celda dando un portazo.

Cuando se quedó solo, Fernando cogió el periódico y, con cierta dificultad, leyó por encima la página 12. Comprobó con alivio que sólo se hablaba de dos abogados españoles, sin dar más datos, pero empezó a sentir una terrible desazón al pensar en lo que les podía pasar a Álvaro y a Alicia por movilizar a la opinión pública internacional.

“No podían estarse quietecitos” se quejó para sí, y fingió dormir de nuevo para que ni los guardias ni Mendoza se dieran cuenta de su temor.

jueves, 18 de febrero de 2010

Entrevista a Elisa Mouliaá


La actriz que interpreta a la candorosa Irene en Águila Roja ha concedido una entrevista. Así hemos descubierto que, además de talento, tiene una gran simpatía y humildad:

miércoles, 17 de febrero de 2010

Y mañana...



Águila Roja y Sátur pretenden entrar en un manicomio para hablar con el orfebre que fabricó el medallón. Para llegar al susodicho manicomio en el que está internado el orfebre, hay que atravesar un bosque que el pueblo califica de maldito y Sátur deberá superar sus miedos para acompañar a su amo. Águila Roja y él se encontrarán con un estremecedor lugar al otro lado del siniestro paraje.

Mientras, Margarita sigue con los preparativos de su boda con Juan. Catalina le da una idea: ponerse el vestido que usó su hermana Cristina al casarse con Gonzalo. Cuando éste la ve vestida de novia, no puede evitar que afloren antiguos sentimientos que creía haber reprimido.

El comisario salva a la marquesa y a Irene de lo que parece ser algo más que un simple robo. El cardenal, indignado con lo sucedido, encarga al comisario que averigüe quién puede estar interesado en hacer daño a su sobrina.


Fuente: Siglo XXI

lunes, 15 de febrero de 2010

Las chicas... ¡¡somos guerreras!!



Y para las dos chicas de la serie, guerreras a su manera.
Margarita, a la que no le falta coraje, amenazando al comprador de esclavos para liberar a sus compañeras, acompañada de una cita de Marcel Proust.
Y Lucrecia, esa marquesa tenebrosa, valiente pero con escasa ética... qué se le va a hacer, no se puede tener todo en esta vida.

El héroe y el romance


Tras la sequía, dos imágenes:
La del héroe con una frase de la canción I will be de Christina Aguilera, cuya traducción sería Seré fuerte por mí mismo. Y la de estos dos enamorados que miran para otro lado para evitar la verdad, con una frase de la canción Frente a frente de Bunbury.
Espero que os gusten y lamento no poder pasar más por el foro, pero ya se sabe, el deber es lo primero.

viernes, 12 de febrero de 2010

¿Recordáis esto?

Haciendo memoria he recordado una sinopsis bastante completa sobre la segunda temporada de Águila Roja y he encontrado esto:
Al enigma relacionado con su verdadero origen, se suman otros asuntos que el héroe deberá resolver esta temporada: mujeres secuestradas para ser vendidas, robos de cadáveres, lóbregos manicomios donde se producen escalofriantes experimentos… La acción se multiplica en los nuevos episodios y Águila Roja deberá hacer frente a variados peligros: desde bandidos sin escrúpulos a incendios pavorosos o cazadores de hombres, e incluso se enfrentará a un desequilibrado orfebre capaz de todo por venganza.
El tema es que ahora empieza cobrar sentido...

Capítulo XXV


CAPÍTULO XXV

Alicia se puso en marcha horas antes de que despuntara el alba. A las cinco y diez ya estaba desayunando y, para su sorpresa, no lo hizo sola: Álvaro también madrugó ese día o eso parecía, la realidad era que no había dormido.

Se intercambiaron frases triviales como “¿Me acercas la leche?” o “¿Quieres azúcar?”. De pronto, eran dos desconocidos compartiendo mesa. Pero Alicia, antes de dormir, había tomado una determinación: ser clara con él; así que tras el último sorbo de café decidió poner las cartas sobre la mesa:

No voy a ir a la facultad.− Dijo mirando a Álvaro directamente mientras él evitaba fijar sus ojos en ella.

Lo suponía.− Reconoció él.

Alicia tomó aire.

Estoy intentando ayudar a Fernando.

Eso no es ninguna novedad, has mandado ya cartas a decenas de diplomáticos e intelectuales. Y yo también intento ayudarle.− Comentó él despreocupadamente mientras removía su café con la cuchara.

Me refiero a algo más directo, más eficaz.− Explicó.

¿Cómo? ¿Qué pretendes hacer?− Inquirió Álvaro mientras dejaba la taza descuidadamente sobre la mesa, derramando café sobre el mantel.

Sabes tan bien como yo que una movilización diplomática no servirá, no es suficiente.− Espetó ella.

Y ¿qué vas a hacer, Alicia? ¿Lanzar pasquines por las calles?− Se burló Álvaro agriamente.

Ella se puso tensa.

No voy a hacer tal cosa, pero voy a hacer algo, algo que no se limite a esperar que Franco sea benévolo.− Se defendió, poniendo un especial énfasis en la palabra “hacer”.

Ponme un ejemplo.− Exclamó él.

Alicia permaneció en silencio, temblando de rabia. Aunque nunca se le pasó por la cabeza que Álvaro fuera a darle palmaditas en la espalda por su iniciativa, no se esperaba esa reacción.

Haz algo que revele tu posición con respecto a Fernando y tú también acabarás en la cárcel ¿es eso lo que quieres?− Le advirtió Álvaro que se había puesto en pie y miraba enfadado a Alicia.

Me da igual ¿lo entiendes? ¡Me da igual! Voy a sacarle de allí como sea.− Rugió Alicia.

¿Cómo vas a ayudar a Fernando si te meten en la cárcel?

¿¡Y cómo le voy a ayudar si yo misma me ato las manos?!

Ambos se quedaron en silencio unos segundos, respirando por la boca como si acabaran de correr. Fue Álvaro el primero que recobró la compostura:

La clave está en conseguir las suficientes presiones internacionales para que Franco le conmute la pena, que casi seguro será pena de muerte.

¡No! La clave está en sacarlo de ahí antes de que se celebre el juicio y punto. Franco no tiene que perdonarle la vida porque él no tiene derecho sobre la vida y la muerte, además sabes perfectamente que no será compasivo con alguien que intentó acabar con él.− Protestó Alicia con rabia.

Para sacarle de ahí haría falta una estrategia militar, un atentado ¿te das cuenta de lo que dices?

Ella le sostuvo la mirada, desafiante, mientras la expresión de Álvaro pasaba de la perplejidad al terror.

No puedes hablar en serio. Alicia, las cosas se arreglarán, ya lo verás, pero dialogando, no con violencia.− Murmuró él.

¿Dialogando? ¿Cómo? Hay una interminable lista de ideas y discursos prohibidos. ¿Cómo se habla en un país en el que te matan por expresar un argumento? Vivimos en el régimen de las fieras, Álvaro, y tú quieres hacerles razonar.− Intervino ella con lágrimas en los ojos.

Álvaro parecía desarmado, las últimas palabras de Alicia habían abierto un boquete en su visión del mundo, mostrándole una realidad que él no quería ver: un mundo en el que la palabra no tiene poder o, peor aún, un mundo en el que la palabra, si no expresa conformismo y sumisión, puede matarte… Era algo que había intentado negar e ignorar; de ese modo sentía que aún tenía cierto control sobre la situación.

En realidad nos han hecho prisioneros a todos ¿no?− Dijo él sentándose lentamente.− Pero a unos nos controlan con miedo, para otros, hacen falta barrotes.− Pensó en voz alta Álvaro.

Tenía los ojos llorosos y había algo en él que antes no estaba: Era derrota.

Alicia le miró con infinita compasión. Se dio la vuelta, cogió su abrigo del perchero del recibidor y se lo colgó del brazo; estaba a punto de salir por la puerta, con intención de ir al portal de Andrea, cuando oyó la voz de Álvaro.

Buena suerte.

Ella sonrió y se fue.

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*Gracias a NoA por las capturas de Alicia y a Fanálvaro por dejarme sus capturas de Álvaro. Ah!! Y a María1000 por hacer de intermediaria.

jueves, 11 de febrero de 2010

Otra firma para Marysol


Como la anterior me quedó muy oscura, te he hecho otra con dos imágenes, una luminsoa y la otra oscura, espero que te guste. ¡¡¡Un abrazo enorme!!!

Roberto Álamo podría ganar el premio Max de las Artes Escénicas

La obra de teatro Urtain se ha hecho con doce candidaturas, entre ellas la de mejor actor. Roberto Álamo compite con Alberto San Juan, también de la compañía Animalario.

martes, 9 de febrero de 2010

Ternura


Me encantó la ternura y el intimismo que desprendía la fotografía original, por eso quise hacer mi propia versión. Espero que os guste.

viernes, 5 de febrero de 2010

Capítulo XXIV


CAPÍTULO XXIV

La plaza estaba desierta. El viento aullaba en las calles y el cambio de temperatura hizo que tiritara. Miró a su alrededor, caminó un par de metros para alejarse del Asturiano y torció a su izquierda, hacia el estudio de fotografía; apoyó la espalda en la pared del bar con fuerza, como si deseara fundirse con la piedra, y apretó el bolso contra su estómago para protegerse del frío.

Se concentró en escuchar, acercando la cabeza a una de las ventanas que Marcelino había tapado con tablones desde el interior, pero el viento le impedía coger el hilo de la conversación que se estaba produciendo dentro del bar, aunque logró captar alguna palabra inconexa como cuneta, razón o amigo. Supuso que estaban hablando de la misión de esa mujer. “Seguramente Marce intentará convencerla de que no haga nada… Por favor que no lo consiga, que esa mujer siga adelante, por favor.”− Deseó Alicia angustiada. Había tomado la decisión de ayudarla en el momento en que Andrea dijo que había un plan para salvar a Fernando, pero si Marce convencía a esa extraña de abandonar la misión, la determinación de Alicia no serviría de nada.

De repente escuchó el crujido de la puerta al abrirse. Durante varios segundos ni siquiera respiró, cerró los ojos y tensó todos los músculos del cuerpo. Entonces, giró la cabeza y desde su escondite vio como Marcelino y Andrea, él, varios pasos por delante de ella, caminaban hacia la calle que había frente al Asturiano.

Dio un paso y su tacón retumbó en la desierta Plaza de los Frutos. Aún no había abandonado la esquina y eso la salvó de ser descubierta por Andrea que había frenado en seco y miraba a su espalda con desconfianza. Cuando se convenció de que sólo había sido un ruido provocado por el viento, retomó su camino.

Alicia miró a sus pies y, sin pensárselo dos veces, se quitó los zapatos y los guardó en los bolsillos del abrigo. Los tacones asomaban por detrás pero no llamaban demasiado la atención. Entonces caminó despacio, detrás de Andrea. Cuando hallaba algún escondrijo, lo aprovechaba y aguardaba allí, asomando sólo lo justo para seguir observándola, hasta ver qué dirección tomaba ella.

Al cabo de un rato empezaron a dolerle los pies, al principio sólo sentía el frío, pero ahora tenía varias heridas en la planta. Y eso hacía que caminara más despacio. Más de una vez temió haber perdido a Andrea, pero luego la encontraba a varios metros de distancia por delante de ella.

Al fin, Andrea llegó a su destino y Alicia la observó meterse en el portal desde una esquina cercana. Observó el edificio detenidamente, memorizó la calle y el número. Ahora sabía donde estaba la salvación de Fernando Solís, sólo era cuestión de vigilar la salida; pero era tarde y tenía que descansar, así que decidió volver a casa. Intentó ponerse los zapatos, pero estos sólo agudizaban el dolor de sus pies, así que regresó a casa descalza.

Durante el trayecto no hizo más que pensar en cómo unirse a ese grupo de disidentes, cómo formar parte de la ofensiva, temiendo que Andrea tuviera razón, tal vez ella sólo fuera un estorbo, puede que echase al traste la misión… pero algo en su interior le decía que tenía más poder del que imaginaba.

Levantó la vista. Ya había llegado.

Cuando estaba delante de la puerta, miró hacia atrás y, gracias al tragaluz, pudo ver las pequeñas gotitas de sangre que había dejado tras de sí en las escaleras de mármol. Con una mueca de dolor se calzó los zapatos e introdujo la llave en la cerradura.

Una vez dentro, cerró la puerta y fue al cuarto de baño. Se dio una ducha y al salir se encontró de frente con Álvaro.

Has vuelto.− Exclamó con cierta sorpresa.

La mirada de Alicia vagó antes de posarse en sus ojos. No podía evitar alejarse de él y al mismo tiempo no podía evitar martirizarse por hacerle sufrir. Iba a pedirle disculpas por haberse ido de esa manera tan abrupta, cuando él la abrazó. En ese momento, a ella se le atragantaron las palabras y las lágrimas; El dolor quedó suspendido en el aire por un instante. Calor, calor humano, ternura… le parecía increíble que pudiese haber algo bello en el mundo en esos momentos, pero lo había y, de repente, la esperanza volvió a encenderse.

Álvaro la soltó, lentamente, y ella comenzó a hablar con un hilo de voz.

Siento haberme ido así.− Se disculpó.

Miró a Álvaro, su rostro no era el de antes, ahora parecía cansado, pero no era el tipo de cansancio que se produce por una actividad intensa, sino ese que se dibuja en los ojos cuando ves cómo el mundo se desmorona a tu alrededor.

Ya.− Murmuró él; Permaneció callado durante unos segundos mirando a Alicia como si ella estuviese a punto de desaparecer y dijo.− Voy a ir a dormir al sillón.

¿Por qué?− Se extrañó Alicia.

Álvaro ya estaba caminando hacia el salón, arrastrando los pies, y al oír a Alicia, se volvió; Cabizbajo y con una sonrisa triste replicó:

¿Y por qué no?

Ella se quedó helada ante esa respuesta. “Lo sabe”.− Pensó.

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Gracias de nuevo a NoA por las capturas.

Inma Cuesta y Marta Aledo, nominadas por la Unión de actores


Inma Cuesta, la actriz que interpreta a Margarita Hernando podría ganar este año el premio que concede la Unión de actores a la mejor actriz secundaria por su trabajo en Águila Roja. En esta categoría compite con Carmen Conesa y Ana Wagener, ambas de La señora.
En el apartado de cine, tenemos a Marta Aledo que en Águila Roja interpreta a Estuarda. Ella está nominada en la categoría de mejor actriz secundaria por La vergüenza, compitiendo con las actrices Blanca Portillo (Los abrazos rotos) y Verónica Sánchez (Gordos).
¡Suerte para ellas!

jueves, 4 de febrero de 2010

Esta noche...

La 1 ofrece este jueves una nueva entrega de la exitosa Águila Roja. A partir de las 22.15 horas, se emite un nuevo y emocionante capítulo en el que el héroe estará a punto de morir ahogado cuando intenta recuperar el medallón, clave para conocer su verdadero origen. El problema es que esta joya, que el joven encuentra en un arcón en el fondo de una poza, tiene otro pretendiente, el cardenal, que también quiere saber quién es Gonzalo.

Mientras, un brote de viruela en el prostíbulo se extiende por la villa. Estuarda se ha contagiado y deja a Gabi al cuidado de Sátur. El niño desprecia a su padre a pesar de los desvelos de éste por hacerle feliz. Y en palacio, la Marquesa se siente indispuesta y su preocupación aumentará cuando sospeche que son síntomas de embarazo. Desesperada ante la negativa de Juan a practicarle un aborto, buscará otras alternativas.

Por otra parte, Nuño dirige terribles insultos a Estuarda, la madre de Gabi. El niño reta al hijo de la Marquesa a batirse en duelo. Pero será Alonso, consciente de que Gabi no sabe utilizar la espada, quien acuda a la cita. Cipri cree sufrir alucinaciones al ver a su mujer mientras todos piensan que está trastornado. Inés, coaccionada por el Cardenal, tendrá que seguir a sus órdenes para conseguir información privilegiada del Rey.

Fuente: EuropaPress

miércoles, 3 de febrero de 2010

De celos y amores




Esta vez me ha dado por los celos y el amor...
La primera imagen toma una frase de la canción El tango de Roxanne (Moulin Rouge, BSO), traducido serría ¿Por qué llora mi corazón? Haciendo referencia a los celos de Gonzalo hacia la, aparentemente feliz, relación de Margarita con Juan.
En la segunda imagen he optado por unas frases de una preciosa canción de Ariel Rot, titulada Me estás atrapando otra vez.
Y en la tercera imagen he utilizado una frase de la canción Haz un milagro otra vez de Moncho, que también fue interpretada por Inma. Ojalá dijera eso alguno de los dos ¿eh? que se dejen de tonterías.