martes, 30 de marzo de 2010

Novedades


Sobre el éxito de la serie: Lope de Vega tuneado.
Águila Roja, ¿en los mejores cines? Pues parece ser que sí. El rodaje comenzará en verano y contará con el elenco de la serie.

lunes, 29 de marzo de 2010

Orgullo y soledad


La pareja oscura. Con una cita de Amado Nervo.
Primero debo dar las gracias a Marysol, por proporcionarme las capturas, de manera que la imagen es de las dos, porque yo solita no habría podido hacerla.
No sé si os gustará la cita, pero me muevo mucho últimamente con los demonios internos. Veo que a estos dos les mata el orgullo, más a la marquesa que al comisario... Tengo pensada hacer otra del comisario, pero con otra perspectiva, de hecho ya tengo pensada la cita.
En fin, espero que os guste.

La ambición, el odio y el amor



Lucrecia se está convirtiendo en un tema recurrente en mis imágenes, pero es que, si ya en la primera temporada era un personaje fascinante, en la segunda, es sencillamente soberbia. Para ella y su secreto deseo por el maestro (ya no tan secreto, ya que se lo confesó), he escogido una cita de William Shakespeare.
Y para Gonzalo y Hernán, una frase de autor desconocido con doble sentido, que creo que les va bastante bien.
Espero que os gusten.

domingo, 28 de marzo de 2010

Inma y Margarita


“Desde que estoy en la serie”, asegura Inma Cuesta, que interpreta a Margarita, la heroína de Águila Roja (TVE), “se me acercan muchos niños y en sus ojos puedes ver una admiración increíble. Mi personaje ha llegado, lo noto. La serie juega mucho con la imaginación, la fantasía y la historia, eso conecta con la gente joven”. Una joven enamorada del prota, pero valiente, directa y atrevida; una mujer del siglo XVII con valores feministas contemporáneos.

Fuente: El País

sábado, 27 de marzo de 2010

Lágrimas


Espero que os guste, fernandistas. La frase es de la canción Fix you de Coldplay: "Lágrimas caen por tu rostro cuando pierdes algo que no puedes reemplazar".

viernes, 26 de marzo de 2010

Capítulo XXXI

CAPÍTULO XXXI

El cansancio se aferraba a su rostro noche tras noche, como una máscara que no se podía quitar. Había intentado conciliar el sueño, pero fue inútil; desde que supo que Álvaro y Alicia estaban en el punto de mira no había logrado pegar ojo y eso le preocupaba, porque no quería ser él el causante de que Mendoza se tomara más en serio las sospechas que ya tenía. Sentía, además, ahogo por estar en esa celda, con esa bombilla permanentemente encendida; fuera seguramente estaría oscureciendo, pero allí dentro, no existía el tiempo y la luz no obedecía al sol, sino a la crueldad de un hombre.

Mientras pensaba en lo que podía sucederles a Álvaro y Alicia, escuchó unos pasos en el pasillo, acto seguido se recostó de modo que su cara quedase visible desde la puerta, cerró los ojos y adoptó una expresión de profunda placidez, aunque su cuerpo, oculto por la delgada manta, estaba en tensión. Al momento, oyó un crujido y unos pasos cercanos le indicaron que alguien había entrado en la celda. Su fingido sueño pareció convencer al individuo que había entrado, pues durante unos segundos, el único sonido que se escuchó era el de la respiración de Fernando, más intensa que la del otro hombre.

Yo pensé que, después de enterarte de que vamos detrás de esos amiguitos tuyos, estarías más inquieto.− Se oyó la voz de Mendoza hablando más para sí mismo que para el durmiente.− Ya veo que a ti sólo te interesa tu pellejo… Genio y figura.

Fernando siguió con los ojos cerrados, impasible ante el comentario, aunque esto le había relajado: Mendoza creía que no tenía interés en Alicia y Álvaro, lo cual era realmente tranquilizador. Al segundo siguiente, el policía se puso a dar patadas a un barrote.

Se “despertó” dando un bote en la cama. Miro a Mendoza con los ojos entrecerrados, como si no se acostumbrara a la luz después de un largo sueño y con voz algo tomada dijo:

¡Muy gracioso! ¿Te han quitado la pluma? Era un modo de despertarme mucho más elegante.

Mendoza sonrió mientras se cruzaba de brazos, sosteniendo en una mano un periódico.

Me gusta la gente que se despierta con humor, aunque sea ácido.

¿Me has traído otra vez la prensa? Qué detalle, al final no voy a saber si eres policía o un botones del Hotel Palace.− Comentó Fernando, mientras echaba a un lado la manta y se sentaba en el raquítico colchón.

Pues has acertado, te traigo la prensa.− Admitió, al tiempo que se inclinaba hacia delante para pasarle a Fernando el periódico entre los barrotes.

Gracias.− Dijo Fernando al cogerlo.

Pero al mirar la primera plana, la sonrisa irónica que había surcado su rostro al burlarse de Mendoza, desapareció.

¿Qué ocurre? ¿Malas noticias? ¡No me lo digas! Ha perdido tu equipo.− Inquirió el policía, adoptando una expresión de inocencia que resultaba repugnante.

Fernando ignoró a Mendoza, no podía dejar de mirar el titular y la fotografía que incluía, la misma que le sacaron al poco de llegar allí, escoltado por dos guardias civiles. Sabía que ese momento llegaría, pero aún así se sorprendió: El consejo de guerra se celebraría en una semana, lo cual quería decir que en algo más de una semana estaría sentenciado y poco más tarde, muerto en alguna tumba sin nombre.

Levantó la cabeza y vio a Mendoza que le miraba como si el sufrimiento ajeno fuese su afición favorita, al fin Fernando dijo:

Bueno, pues ya está. Dentro de poco no tendré que aguantarte. No te lo tomes a mal, pero he tenido mejores compañías.

Sí, no te ocultaré que yo también tengo ganas de perderte de vista, pero acabas de sacar un tema de conversación que me interesa.

Fernando le miró sin entender.

Me refiero a tus compañías.− Aclaró Mendoza.

¿Otra vez con eso? Ya te he dicho que no tengo nada que ver con Alicia Piña.− Se quejó, hastiado.

Peña.− Le corrigió.

Como sea.

Les hemos estado vigilando ¿sabes?

"Pues si vienes a contrastar la información conmigo, eso quiere decir que seguís sin tener nada" Pensó Fernando con satisfacción.

¿Y?− Preguntó con aparente desinterés.

Sabemos que la muchacha ha estado durante un tiempo fuera de casa, al parecer de viaje, además ha dejado sus estudios y su marido ha hecho ventas muy raras últimamente.

¿Ventas raras?− Exclamó Fernando.

Sí, un cuadro de gran valor.− Dijo mirando una pequeña libreta que había sacado de un bolsillo de la chaqueta.

Que tiene eso de raro.

Ellos no van mal de dinero.

Fernando permaneció en silencio durante un rato, luego preguntó:

¿Adonde quieres llegar?

¿No se te ocurre?− Inquirió Mendoza mirándole fijamente, luego añadió.− ¿Para que pueden querer ese dinero?

¡Y qué sé yo!− Exclamó con sinceridad.− Tendrán una gotera o no les gustará el susodicho cuadro.

O quieren sufragar algún tipo de campaña.− Sugirió el policía.

Fernando observó el rostro calculador de Mendoza y estalló en carcajadas.

¿Crees que alguien tiene interés en que yo salga?

Mucha gente, gentuza, en realidad, tiene interés en que tú salgas.

Puede ser.− Admitió sonriendo.− Pero no el suficiente interés como para que eso deje de ser tan sólo un pensamiento.− Dijo procurando hablar con cierta amargura.

¿Lo crees así?− Tanteó Mendoza.

¿Crees tú que se van a arriesgar por un agente quemado?

No, lo cierto es que no.− Respondió al tiempo que se acercaba a la puerta de la celda.− Pero me gustaría tanto cazar a otros como tú… De cualquier manera, si existe alguna misión, no tardará en llegar a mis oídos.

Mendoza salió y dejó a Fernando sólo en la celda.

Esa noche, durmió profundamente, no sin antes preguntarse por qué motivo Alicia había dejado la carrera. Y soñó con todo aquello que la muerte le arrebataría… tantos sueños por compartir. Todo eso que él resumía en una palabra: la posibilidad.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Y mañana...



El batallón de Juan es capturado por los portugueses, que reclaman un rescate al Rey español. Gonzalo convence al rey para que pague al enemigo, pero el envío es asaltado. El destino de Juan y sus hombres pende de un hilo. Mientras, Gonzalo trata de consolar a Margarita, que pasa por angustiosos momentos.

El comisario, que posee el medallón que tanto ansía el cardenal, chantajea a éste. Le dará la joya si permite que se case con Irene. El prelado acepta el trato: la boda se celebrará en breve. Cuando la marquesa se entera, finge indiferencia. Mientras, Irene y Martín quedan conmocionados por la noticia.

Sátur, que se desvive por mejorar la precaria situación en la que viven su hijo Gabi y la madre de éste, encuentra un trabajo para Estuarda. La mujer servirá en casa de un obispo, pero deberá ocultar que en su día se dedicó a la prostitución si quiere mantener su empleo.

Águila Roja y Sátur encuentran un pergamino con una misteriosa imagen. Es un mensaje que el fraile Agustín dejó antes de morir. Parece ser una pista más sobre los orígenes de Gonzalo: el escudo de la familia de su madre. De esta forma, se abre una nueva línea de investigación.

martes, 23 de marzo de 2010

Tres imágenes




Como yo soy una loca del héroe más que del maestro (no deja de ser paradójico), aquí va una tanda de ello:
La primera imagen con el Águila vigilando la ciudad con una frase que una servidora se inventó para la ocasión.
La segunda y la tercera, con una de mis obsesiones: el Águila y Margarita. Estoy deseando más escenas de tejado... En fin, para la segunda he utilizado una frase ya muy manida de una canción, manida también, porque me encanta, titulada Your guardian angel. Viene a decir: Incluso si salvarte me envía al cielo. Haciendo referencia a que el héroe siempre está ahí para Margarita (a ver si hace algo más que salvarla, que no estaría nada mal). En la tercera he usado el propio guión de la serie.
Espero que os guste.

lunes, 22 de marzo de 2010

sábado, 20 de marzo de 2010

Unas cuantas imágenes





Bueno, llevaba un tiempo sin hacer nada y hace unos días me dediqué a ello, así que aquí van:
La primera y la segunda, para Lucrecia, la superviviente solitaria, la primera de ellas, con una frase de Joseph Conrad.
La tercera imagen, dedicada a Margarita y Sátur, por la camaradería del último capítulo.
Y la cuarta imagen, para esa no-familia tan peculiar con una cita de Schiller.

viernes, 19 de marzo de 2010

Águila Roja, nominada en el Festival Internacional de Nueva York

La serie se está volviendo internacional, primero una cadena francesa compra los derechos para emitirla y ahora el Festival Internacional de Nueva York nomina a la serie en la categoría de acción y aventura.
Los ganadores serán dados a conocer a mediados de abril.
Fuente: Fórmula TV

Capítulo XXX


CAPÍTULO XXX

Mientras la identidad falsa de Andrea se tambaleaba a causa de las presiones de Ramón Rivas por firmar los contratos, Alicia no podía dejar de pensar en la decisión que tenía que tomar.

Ayudar activamente a salvar a Fernando era algo que ella necesitaba hacer para no traicionarse a sí misma, pero Álvaro había hecho una pregunta que resonaba en su mente desde el día anterior: ¿Y vas a irte con él? No se refería a Fernando, pero en ese momento ella fue consciente de que, tras llevar a cabo la misión y, suponiendo que todo fuera bien, se le planteaban dos caminos: quedarse en Madrid, con Álvaro o regresar a Francia, con Fernando.

La opción estable y conveniente que representaba Álvaro y el amor y la libertad que Fernando ofrecía: No se trataba sólo de dos hombres, sino de dos modos de vida. Ella quería a Álvaro, por ser ese amigo que siempre estaba ahí, dispuesto a ayudar o escuchar, pero no podía engañarle ni engañarse a sí misma: ella amaba desesperadamente a Fernando, eso era un hecho y no una elección, seguía enamorada de ese hombre que apareció en la Plaza de los Frutos como un misterio y se fue revelando como un luchador.

Además, quedarse con Álvaro significaba permanecer en España, acatando la injusticia y la opresión como parte de un sistema; huir con Fernando, por otro lado, era aceptar una vida llena de incertidumbre y riesgos. Estaba dispuesta a jugarse la vida por Fernando, pero aún no sabía si sería capaz de arriesgarse por algo tan abstracto como una idea ¿sería capaz de afrontar la vida como una constante lucha? ¿Era lo bastante fuerte como para comprometerse de ese modo?

En unos pocos minutos tendría que ir a casa de Álvaro y quería aclarar antes sus ideas, para poder hablar con él sin tapujos de una vez por todas. Si de algo estaba segura era de que la mentira sólo les haría más daño.

Tienes que salir ya.

Andrea acababa de entrar en la habitación. Hablaba con evidente nerviosismo.

¿Por qué? ¿Qué pasa?− Dijo Alicia levantándose súbitamente de la silla.

Viene alguien.− Soltó Andrea.

La mente de Alicia se vio ocupada en ese momento por la imagen del policía que vigilaba la casa de Álvaro, parte de esa preocupación debió de notarse en su cara, porque Andrea se acercó y acarició su hombro para calmarla.

No, no es la policía, es un amigo, pero es preferible que no te vea.

Alicia suspiró aliviada. Siguió a Andrea a la sala de estar, donde tenía su abrigo y su cartera. Andrea la iba empujando hacia la puerta y al abrir susurró:

Espera en el descansillo de arriba a que haya entrado… y tómate tu tiempo antes de volver.

Nada más cerrar la puerta, escuchó unos pasos veloces en la escalera inferior y subió sigilosamente las escaleras hasta el descansillo superior. Se pegó a la pared, como si quisiera mimetizarse con el yeso, pero su curiosidad pudo más y se asomó a la barandilla. Vio a un hombre muy alto y elegante entrando en el piso y volvió a pegarse a la pared; cuando oyó como la puerta se cerraba, bajó rápida, pero silenciosamente y sólo cuando salió a la calle, volvió a serenarse.

La irrupción de Andrea había interrumpido la reflexión de Alicia y, mientras andaba, intentó retomar sus cavilaciones, pero fue inútil. En esos momentos necesitaba concentrar su atención en el exterior.

Cuando estaba a punto de llegar a la calle en la que vivía Álvaro se dio cuenta de algo: El policía, u otro compañero, probablemente seguiría en la calle, vigilando los movimientos que se producían en esa casa, y si la veía entrar sospecharía, porque Alicia, a ojos del policía, nunca había salido. Miró a su derecha, a pocos metros estaba la casa que había usado para llegar de nuevo a la calle después de sortear varios muros.

Sin pensarlo dos veces, entró, subió las escaleras hasta la azotea y saltó los muros, pero esta vez teniendo como destino la azotea del edificio en el que vivía Álvaro. Cuando llegó, abrió la puerta y bajó hasta llegar a la segunda planta. Estando frente a la entrada, cerró el puño, respiró y golpeó la madera.

Al poco tiempo Álvaro abrió, estaba intentado aflojar el nudo de la corbata y no se entretuvo con Alicia, regresó a su habitación mientras seguía peleando con el nudo por el pasillo. Alicia sonrió al ver la feroz contienda. Hacia la mitad del pasillo, Álvaro lo dejó por imposible y volvió al recibidor. Miró a Alicia y una sonrisa apareció en su rostro.

Ella había notado un cambio con respecto al día anterior, salvando la corbata a medio atar, ofrecía un aspecto distinguido, se había afeitado y las ojeras eran menos evidentes.

Vamos a sentarnos.− Indicó él, señalando el comedor con el brazo extendido.

Ambos entraron en el salón y se sentaron en los sillones.

Álvaro, antes de nada, quería decirte…− Comenzó Alicia.

No digas nada, cualquiera habría hecho lo mismo.− La cortó él.

Lo dudo.− Dijo ella mirándole con dulzura.

No sé si eras consciente de lo que costaba el cuadro.− Comentó Álvaro, mientras Alicia se temía lo peor.− El tasador se quedó impresionado y el anticuario me ha dado una fortuna por él.− Dijo sacando del bolsillo interior de la chaqueta dos sobres de color ocre.

Los sostuvo un momento en la mano y luego, los deslizó por la mesa hasta dejarlos frente a Alicia.

Al principio no se atrevió a abrirlos, sólo miraba las abultadas formas que tenían con la boca semi abierta. Al fin, los cogió con manos trémulas y al ver el contenido sus ojos se abrieron de par en par.

Tardó un tiempo en quitar los ojos del dineral que tenía en sus manos. Miró a Álvaro que la observaba con una extraña mezcla entre diversión y melancolía.

No sé qué decir, es más de lo que yo esperaba.

¿Es lo que necesitas?

No estoy segura, pero creo que sí.− Respondió con voz quebrada.

Álvaro se levantó.

¿Te vas?− Inquirió extrañada.

Tengo que hacer la compra ahora si quiero llegar a tiempo a la facultad.

Alicia se levantó, después de guardar el dinero dentro de la cartera de cuero, en uno de los pequeños compartimentos de difícil acceso, y detuvo a Álvaro. Él la miró interrogante y ella se apartó.

Es que, se supone que eso lo tengo que hacer yo, al fin y al cabo, soy la señora de la casa ¿no?− Explicó ella.

Casi lo había olvidado.− Dijo él forzando una sonrisa mientras bajaba la cabeza.

Alicia supo que era mejor no decir nada, fue a la cocina, cogió la cesta de arpillera y se la colgó del brazo. Luego volvió al salón, donde Álvaro seguía mirando al suelo.

Necesitas algo en especial.− Preguntó mientras notaba lo vacía que resultaba la pregunta en un momento como ese.

No, compra lo que quieras.− Respondió él, mientras, sin levantar la vista, le daba a Alicia dinero.

Ella lo cogió y lo metió en el bolsillo del abrigo. Salió por la puerta y al llegar a la calle comprobó que no se había equivocado: el policía permanecía allí. Ella fingió no verle y él la siguió hasta que, tras media hora en el mercado, desapareció.

Volvió a casa de Álvaro y vio de nuevo al policía en un banco, comiendo un bocadillo.

Al llegar frente a la puerta usó sus llaves y se quedó quieta en el umbral al ver a Álvaro en el mismo lugar en el que lo había dejado. No dijo nada, fue a la cocina y dejó los alimentos en la fresquera.

Álvaro.− Musitó.

Él permaneció en silencio, pero miró a Alicia a los ojos. En ese momento, las reflexiones con las que ella había comenzado el día, reaparecieron, pero esta vez con una idea definitiva y clara en su mente.

Tengo que decirte algo.− Hizo una pausa, mientras buscaba las palabras.− Te quiero y tengo que darte las gracias, no sólo por lo del cuadro, sino por todo, por haber sido para mí un consejero, un amigo y un protector. Has sido… y siempre serás alguien importante en mi vida, pero… pero yo estoy enamorada de Fernando y no concibo la vida sin él, lo he intentado, no sabes con cuanta fuerza, pero no se puede escapar de lo que eres. Y Fernando es parte de mí.

¿Por qué me cuentas esto?− Preguntó Álvaro que parecía sufrir con cada palabra que Alicia pronunciaba.

Ella acarició su mejilla.

Porque necesitas saberlo para continuar.− Alicia hizo una pausa y apartó la mano de su rostro, luego dio unos pasos hacia la puerta y añadió.− Adiós.

Lágrimas silenciosas corrieron por las mejillas de Álvaro, mientras ella salía de la casa y de su vida.

Al cerrar la puerta, Alicia subió a la azotea y una vez allí, se permitió llorar mientras la tristeza y la esperanza se arremolinaban en su pecho. La decisión estaba tomada.

Levantó la vista y vio el cielo, parecía más azul que nunca.

jueves, 18 de marzo de 2010

Águila Roja, je t'aime

Águila Roja traspasa fronteras. La cadena gala Virgin 17 ha comprado los derechos y emitirá la serie en prime time. No tengo claro si doblarán la serie española o harán su propia versión, vería más sensata la primera opción, por que un héroe francés, sí, una damisela francesa, también, un cruel comisario francés, vale... me lo trago todo, pero un pícaro como Sátur ¿francés? NO, eso es producto del terruño, ¡se siente! XP
Fuente: El mundo

miércoles, 17 de marzo de 2010

Y mañana...



Además del sonadísimo cameo de Jorge Lorenzo como Francisco Pulido, campeón de carreras de burros, en el capítulo de mañana pasarán más cosas:

El casero echará a Estuarda y Gabi si no pagan el alquiler. Sátur intenta ayudar aceptando trabajos denigrantes hasta que consigue apuntarse a una carrera de burros con un importante premio para el ganador. Su rival será el gran Francisco Pulido.

El orfebre ha conseguido las dos partes del medallón y conoce el terrible secreto que oculta. Su paciencia se agota y está dispuesto a matar a Irene, a la que mantiene secuestrada. El Comisario y Águila Roja deben darse prisa si quieren encontrar a la joven con vida.

Martín es acusado de la desaparición y posible asesinato de Irene. De nada sirven los ruegos de Catalina a la marquesa para que interceda por su sobrino. Todas las pistas apuntan hacia el joven, que será detenido por el comisario y torturado en la cárcel.

Por otra parte, llegan soldados malheridos a la villa, pero ninguno es Juan. La falta de noticias angustia a Margarita, que escribe una carta a Juan que al final decide no enviar. Sin embargo, alguien descubrirá la misiva. Ella y Cipri organizarán una colecta para mandar provisiones al frente.

Fuente: Fórmula TV

lunes, 15 de marzo de 2010

Dos imágenes



Una imagen al héroe y otra a la doncella de la marquesa. Dos personajes distintos, pero con un punto en común: mucha fuerza.
Espero que os gusten.
Ah y gracias a Marysol, por la captura del héroe.

domingo, 14 de marzo de 2010

sábado, 13 de marzo de 2010

Sobre seres omnipresentes...


Entrevista a Barbara Lennie, la actriz que interpretó a la fugaz pero poderosa Cristina Hernando. Ella misma admite que:

“(…) es un personaje que mataban enseguida pero que está muy presente en la historia. Es la que desencadena que el protagonista se convierta en Águila Roja.”

En la entrevista, habla sobre todo de la serie en la que está trabajando actualmente, Amar en tiempos revueltos, pero la última pregunta, está dedicada a Águila Roja.

viernes, 12 de marzo de 2010

Capítulo XXIX


CAPÍTULO XXIX

Se nos acaba el dinero.− Sentenció Charles tras hacer cuentas por quinta vez.

Alicia llevaba cuatro días conviviendo con Andrea y Charles y ya se había preguntado más de una vez cómo podrían subvencionar esa misión. El partido no podía aportar más de lo que ya había cedido, pero la misión seguía exigiendo: más tiempo, más gente y más dinero.

Comemos poco.− Soltó Andrea de pronto y Charles y Alicia no pudieron aguantar la risa ante semejante comentario. Andrea chasqueó la lengua y continuó.− Bueno, ¿en qué podemos ahorrar?

En comida, no.− Declaró Charles con sorna.

Vale ya.− Pidió Andrea, aunque a ella también se le dibujaba una sonrisa en la cara.

¿Y no podemos sacar dinero de alguna parte?− Propuso Alicia con timidez.

No creo.− Respondió Andrea.

Yo cogí un poco de dinero y ropa antes de irme, puedo vender la ropa y conseguir más dinero.− Dijo ella esperanzada mostrando lo poco que tenía.

Charles miró el escaso dinero que Alicia sostenía en la mano.

Algo hará, pero seguimos quedándonos cortos, sobre todo me preocupa la gasolina… si no tenemos dinero para comprarla, no sé cómo vamos a salir del país.

Lo de la ropa, ni te molestes, la necesitarás y no te darán casi nada por ella.− Le dijo Andrea.

Alicia miró por un momento el guardapelo de plata en el que llevaba las fotografías de sus padres. Pensó en lo que podría sacar por él, pero de pronto se acordó de algo.

¿En qué piensas?− Inquirió Andrea al ver la cara absorta de Alicia.

Es que… acabo de recordar que mi padre me dejó en herencia un cuadro, “Susana y los viejos”, y bueno, él siempre pensó que era una joya, aunque al final no lo era tanto, pero seguro que podría sacar un buen dinero por él; mi tía me dijo que el tasador pudo equivocarse al valorarlo.

¿Dónde está ese cuadro?− Preguntó Andrea temiendo la respuesta.

En casa de Álvaro.

Tu marido.− Concretó Andrea.

.− Admitió Alicia y bajó la mirada. La sola idea de volver a esa casa únicamente para vender un cuadro le rompía el corazón, pero si no había más remedio, lo haría.

¿Crees que te ha podido denunciar por abandono del hogar?

¿Quién? ¿Álvaro? Imposible.− Respondió.

Si crees que puedes sacar dinero por él, ¿por qué habría que tasarlo antes?− Tanteó Charles.

Si quiero sacar el máximo, debería hacerlo así, mi tía pidió que lo tasaran y el hombre dijo que no valía gran cosa, pero sospecho que... bueno, creo que otra tasación nos vendría bien.− Argumentó ella esquivando el tema de su tía Regina.

Ya, pero las tasaciones se pagan.− Dijo Charles.

Estoy segura de que el cuadro nos ayudará.− Sentenció Alicia con un extraño convencimiento. En esos momentos, tenía la necesidad de creer que su padre le había dado las armas para seguir luchando, sólo tenía que seguir su instinto y aprender a usarlas.

Charles se encogió de hombros y Andrea asintió con la cabeza.

¿Salgo ahora?− Dudó Alicia.

Convendría.− Respondió Charles con una media sonrisa.

Alicia se puso el abrigo y cogió su cartera de cuero. Confiaba en encontrar a Álvaro en casa y, al mismo tiempo, esperaba no tener que mirarle a los ojos.

Durante todo el camino se mantuvo alerta, por si la seguían o veía a alguien con aspecto de policía. Cuando llegó, se quedó quieta mirando el portal. Cerró los ojos mientras tomaba aire y cuando volvió a abrirlos, empujó la puerta con decisión.

Subió las escaleras y se detuvo otra vez frente a la puerta de entrada, eran como pequeños obstáculos, pruebas de su determinación. Buscó en el bolso las llaves, pero al segundo dejó de hacerlo. No le parecía correcto usarlas, aquella ya no era su casa y entrar de ese modo sería como invadir el espacio de otra persona.

Llamó a la puerta. Escuchó unos pasos al otro lado y al momento la puerta se abrió. Tenía la cabeza tan agachada que supo que era Álvaro por sus zapatillas; al fin se decidió a levantar la cabeza y vio su rostro: tenía el cabello despeinado, profundas ojeras y el mismo halo de tristeza que la última vez. Al verla, su expresión no cambió en absoluto, como si supiera que su visita nada tenía que ver con un arrepentimiento.

Hola.− Dijo Alicia en un susurro.

Álvaro no contestó al saludo, se hizo a un lado y con un seco movimiento de brazo indicó que pasara.

No quisiera molestar, pero necesito algo que dejé aquí.− Se disculpó Alicia, un poco aturullada por la situación y el frío recibimiento de Álvaro.

No molestas.− Dijo Álvaro con voz ronca.

Ella le miró con preocupación: llevaba puesto el batín y parecía llevar días sin afeitarse, incluso llegó a dudar que hubiera ido a la universidad. La casa olía a cerrado, todo tenía cierto aire de abandono.

Bueno, cojo lo que tengo que coger y me voy.− Soltó.

He dicho que no molestas, no hace falta que corras.− Repitió él con tono agrio.

Alicia se quedó quieta, observándole con expresión asustada. Él se dio cuenta y cambio su expresión, intentó sonreír, pero parecía haber olvidado cómo se hacía.

¿Qué necesitas?− Preguntó, conciliador.

He venido a por el cuadro que me dejó mi padre, el de “Susana y los viejos”.− Explicó ella.

Si Álvaro encontró extraña la petición, lo disimuló bien, ya que su expresión no varió.

¿Para qué?− Continuó preguntando.

Alicia dudó antes de contestar.

Voy a venderlo.− Respondió escuetamente.

¿Y vas a irte con él?

Por un momento, Alicia pensó que se refería a Fernando y eso hizo que le temblaran las piernas, segundos después comprendió que hablaba del cuadro.

Sí, ya veré dónde lo vendo, dónde me den más dinero, claro.

Es raro.− Comentó él con expresión distraída.

¿Qué es raro?− Inquirió Alicia que cada vez estaba más preocupada por el comportamiento de Álvaro.

Te verán con el cuadro por la calle.− Argumentó él.

Me da igual que me vean.− Soltó Alicia con total sinceridad.

Te pedirán explicaciones, yo he dicho que estabas de viaje, que necesitabas cambiar de aires por un tiempo.− Explicó Álvaro.

Pero ¿de qué hablas?

Álvaro miró a Alicia y se dio cuenta de que ella no tenía la menor idea de lo que estaba pasando.

La policía. Me han estado vigilando, ayer vino uno a hablar conmigo, a preguntarme porqué no salías de casa, exigía hablar contigo o verte.− Explicó él mientras el nerviosismo iba haciendo mella en Alicia.

¿Sigue aquí?− Preguntó ella sin disimular su temor.

Pues... desde hace cuatro días siempre hay alguno rondando.− Respondió al tiempo que se acercaba a la ventana y observaba la calle con discreción, sin apenas mover la cortina.− Sí, ese es uno de ellos, el del bocadillo.− Dijo señalando a un extremo de la calle.

¿Y si entra y pregunta por mí? Seguro que me ha visto entrar

Estás aquí, no hay problema.− Contestó con aplomo.

Ya, pero yo tengo que irme, Álvaro, tengo que regresar ¿entiendes?− Explicó con un deje de histerismo en su voz.

Si no das la cara, sospecharán, si te ven, creerán que todo está bien.− Razonó Álvaro.

Pero ¿cómo me voy luego? ¿Y si me siguen? ¿Por qué está aquí esa gente?− Preguntó ella que parecía estar superada por la situación.

Álvaro observó a Alicia, luego bajó la mirada y se echó un vistazo a él mismo. No parecía estar en condiciones de ayudar a nadie en aquel momento, pero no había otra posibilidad. Se acercó a ella y, agarrándola por el brazo, la llevó hasta el sofá.

Tranquilízate, debes mantener la calma.

No puedo.− Dijo ella casi gritando.

Pues tienes que poder.− Le espetó él con severidad.

Alicia respiraba entrecortadamente y sus manos temblaban sin control.

No sé porqué está aquí la policía, pero creo que tiene que ver con Fernando, tal vez quieran tenernos vigilados para evitar disgustos. Él es un preso importante para ellos.− Argumentó Álvaro, aunque tenía la sensación de que algo se le escapaba.

¿Y cómo salgo yo de aquí con el cuadro sin llamar la atención? ¿Y cómo vas a explicar que el lunes tampoco voy a ir a la facultad?

Seguramente ese hombre de la plaza está a punto de subir por las escaleras, si no lo está haciendo ya. Debe ver a una mujer tranquila. De tú capacidad para guardarte dentro todo lo que ahora mismo estás sintiendo depende Fernando.− Dijo Álvaro, pensando que, tal vez, eso ayudara a Alicia a controlar sus nervios.

Ella escuchó con atención, se quedó muy quieta y, de pronto, comenzó a respirar con naturalidad, sus manos volvieron a tener un pulso firme. Se levantó, dejó el bolso junto al sofá, se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero.

Al momento, alguien llamó a la puerta.

El rostro de Alicia permaneció imperturbable. Se dirigió hacia la puerta y abrió.

Buenos días.− saludó con una sonrisa tímida.

Es usted Alicia Peña ¿no es así?− La increpó un hombre con tono grosero, mientras mostraba fugazmente su placa de policía.

Sí ¿puedo ayudarle en algo?− Dijo ella sin perder la sonrisa.

Que si puede ayudarme en algo… ¿Dónde ha estado usted los últimos días?

He estado de viaje.− Mintió Alicia.

Ya.− El policía se quedó un buen rato mirándola con desconfianza, luego continuó.− Tengo entendido.− Dijo mientras traspasaba el umbral.− que estudia derecho.

Ya no.

El policía se volvió sorprendido y por fortuna eso evitó que viera la expresión perpleja de Álvaro.

¿Ya no? ¿Y eso por qué?

Es muy difícil llevar la casa y estudiar, me veo obligada a dejarlo.− Contestó ella.

Álvaro no pudo ocultar su asombro ante el descaro de Alicia, pero el policía seguía dándole la espalda.

¿Y usted?− Dijo el policía volviéndose hacia Álvaro por primera vez.− ¿Aprueba que su mujer haga viajecitos cuando le viene en gana?

Es una mujer muy testaruda y si ese viaje le ha servido para darse cuenta de que no se puede tener dos cosas a la vez, bienvenido sea.− Soltó Álvaro.

Alicia supo que él no hablaba de su carrera en esos momentos y se sintió mal por ello ¿lo había sabido él antes que ella? ¿Había visto como se iba antes de que cruzara la puerta?

El policía siguió observándole durante unos segundos con cierto desprecio y Álvaro imaginó que palabras como “calzonazos” debían de estar pasando por la mente del policía, pero le daba igual, habían logrado engañarle.

Al fin el hombre se dio por satisfecho y salió por la puerta con la misma amabilidad con la que había entrado. Alicia y Álvaro se miraron.

Gracias.− Dijo ella con un hilo de voz.

No hay de qué.

Alicia permaneció en silencio durante un rato, con un remolino de sentimientos en su pecho, pero se decidió a hablar por fin.

Necesito salir de aquí con el cuadro, sin que me vea ese policía ¿crees que seguirá en la plaza?

Imagino que sí.− Supuso Álvaro sentándose en un sillón con la mirada perdida.

Ella se sintió despreciable por tener el valor de ir allí y pedirle ayuda, pero una vida estaba en juego.

Podrías salir por la azotea.− Sugirió Álvaro levantándose de golpe.

¿Por la azotea? ¿Con el cuadro?

Con el cuadro, no, claro, pero la azotea da a la del edificio colindante, podrías ir de azotea en azotea hasta alejarte lo suficiente de esta calle. Las puertas de las escaleras suelen estar abiertas, como la gente tiende allí la ropa

Ya pero necesito vender ese cuadro.

Él miraba al suelo, parecía muy concentrado.

Vuelve aquí mañana, me encargaré de venderlo.− Dijo Álvaro con determinación.

Pero Álvaro…− Rogó Alicia.

Ya está decidido.− Sentenció con voz acerada.

No, tú no puedes…

¿No puedo tomar mis propias decisiones? ¿Mis propios riesgos? ¿No fue sobre eso nuestra última discusión?− Inquirió él con las cejas arqueadas.

Alicia suspiró, no quería implicar a Álvaro después de todo lo que había sucedido, pero no se le ocurría ninguna otra opción.

Llama antes a un tasador.− Pidió.

Así lo haré.− Convino Álvaro.

Se quedó observando a Álvaro, sin saber qué decir o hacer para agradecerle el riesgo que corría. Haciendo acopio de valor, puso un pie delante de otro y, con esfuerzo, se fue acercando a la puerta. Luego subió las escaleras hasta la azotea, saltó los muros que separaban una de otra, hasta llegar a una casa alejada de la calle vigilada por el policía y bajó por las escaleras hasta el portal.

Y, aguantando la emoción que se iba acumulando en su garganta, regresó con Charles y Andrea.