jueves, 29 de abril de 2010

El pasado de Lucrecia


Aunque ya sabíamos muchas cosas sobre el libro La profecía de Lucrecia, merecía la pena esta entrada aunque sólo fuera para que vierais la portada en grande.
Sabemos que es un libro que narra como Lucrecia de Guzmán, plebeya, llegó a convertirse en lo que es hoy, la ambiciosa Marquesa de Santillana.
La novela cuenta también con otra protagonista, Margarita, antigua amiga de Lucrecia. Además, veremos desfilar a otros personajes como Cipri, Inés, Cristina, Catalina o Simón.
Este libro no supone nada desde el punto de vista literario, pero sí desvela algunos secretos sobre la marquesa que la serie dejó en el aire.
Está editado por Espasa y cuesta 17'96 €

Fuente: Fantasymundo

miércoles, 28 de abril de 2010

Las dos caras de un mismo amor


Espero que os guste. Simplemente quería hacer una imagen en la que se mostrara que para Gonzalo de Montalvo y para el Águila Roja, sólo hay una debilidad, un amor: Margarita.

martes, 27 de abril de 2010

Inma Cuesta en UAU!


Ayer Inma estuvo en UAU! El programa presentado por Santi Millán. Allí le hiciero un test de facebook... no apto para todos los públicos:

domingo, 25 de abril de 2010

Mónica Cruz en Águila Roja


La actriz ha afirmado en el Festival de cine de Málaga que actualmente está trabajando en Águila Roja, es un papel pequeñito, pero no sabemos de qué se trata ¿Qué personaje será?
Nota: Gracias a Rocioluna por la noticia, es ella quien la ha "cazado".

sábado, 24 de abril de 2010

El guerrero y la debilidad



La primera imagen de Gonzalo en pleno entrenamiento, con una frase (muy cierta) de Eurípides de Salamina. Y la segunda, sobre la debilidad de ese guerrero: Margarita. He escogido una frase de René de Chateaubriand. Eso sí, a ver qué día Gonzalo le suelta algo así a Margarita...
Espero que os gusten.

viernes, 23 de abril de 2010

Águila Roja, nominada en los Premios anuales de la televisión

La serie opta a un nuevo premio, esta vez, el que concede la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión.
Compite en diversas categorías: Mejor programa de ficción, Mejor productor, Mejor maquillaje y caracterización, Mejor dirección de fotografía e iluminación, Mejor dirección de arte y escenografía y Mejor música para televisión.
Fuente: Europa Press

Capítulo XXXVI


CAPÍTULO XXXVI

En el piso franco, se respiraba la tensión. El coche estaba ahora escondido en una zona cercana a Madrid, preparado para el momento de ir al rescate de Fernando, las octavillas aguardaban en dos maletas y Andrea esperaba en un cuarto la llegada de Alicia. Caminaba de una pared a otra, mordisqueándose el dedo pulgar de su mano derecha, y mirando con nerviosismo la puerta.

Cuando Alicia llegó, Andrea no le dio tiempo de entrar en la estancia, se abalanzó sobre ella y la increpó:

¿Qué ha pasado? ¿Has logrado convencerle?− Preguntó, pero antes de formular la última cuestión, supo que no lo había conseguido.

Alicia tenía la cabeza gacha y los ojos enrojecidos.

Está decidido. No atiende a razones, he intentado explicarle los riesgos que corre, pero no me ha escuchado. Y me ha pedido que te diga algo.

¿Qué?− Dijo Andrea, con el corazón acelerado.

Que él va a luchar, pero puede hacerlo por libre o siguiendo vuestras órdenes.− Dijo Alicia sin levantar la vista. No era capaz de aguantarle la mirada a Andrea mientras pronunciaba esas palabras.

¿Nos chantajea?− Exclamó indignada.

Ella simplemente movió la cabeza afirmativamente.

Lo siento, os he fallado, lo siento muchísimo.

Andrea la miró, estaba a punto de soltar un comentario sobre el gran error que supuso que ella le contase a Álvaro todo aquello, pero se frenó. Alicia tenía la cabeza tan agachada que apenas podía ver su rostro.

No es culpa tuya, has hecho lo que has podido, estoy segura.− La consoló Andrea.

De pronto Alicia se echó a llorar.

Y si… ¿y si le detienen? dios mío. ¿Y si lo matan? Le he arruinado la vida, primero le utilicé y ahora… No puedo más, no puedo más.− Sollozó mientras Andrea la sujetaba impidiendo que se cayera al suelo.

Alicia parecía estar al borde del desmayo. La tensión que había estado soportando desde que se enteró de la detención de Fernando le desbordaba, y los últimos acontecimientos... ya era demasiado. Se veía a sí misma como si estuviera en el ojo del huracán, un lugar en calma rodeado por un bucle de violencia. La culpa, el desasosiego, el cansancio, la angustia… un cúmulo de emociones difíciles de controlar.

Alicia, Alicia, escúchame. Vamos a solucionar todo esto, me oyes, todo va a salir bien. No le va a pasar nada a Álvaro.− La tranquilizó Andrea.

Pero él no puede participar, no debe…− Dijo, aún con la respiración alterada a causa del llanto.

Andrea no respondió, en su interior ya había empezado a asumir la participación del marido de Alicia como algo necesario, por la falta de gente, e inevitable, por el chantaje del propio Álvaro. Llevó a Alicia al sillón y fue a la cocina. Al cabo de un rato, regresó con un vaso de agua.

Toma, bebe un poco. Intenta serenarte.

Alicia obedeció y tomó el vaso con ambas manos. Temblaba de pies a cabeza y tenía hipo.

Yo vuelvo mañana y le convenzo. No sé como, pero le convenzo.

No hay tiempo para eso. Volverás, pero le darás instrucciones. Ya está hecho, si quiere participar, será siguiendo nuestras órdenes. Nadie actúa por libre.− Sentenció Andrea con voz acerada.− Por cierto, lo de mi identidad ya está resuelto, le he dado un contrato falso a Ramón Rivas, he tardado en convencer a mi amigo, pero al final ha accedido. Para cuando se descubra que es falso, estaremos lejos de aquí.− Añadió, intentando cambiar de tema.

Pero él… él no puede.− Negó Alicia, con el vaso temblándole en las manos, sin dar muestras de haber oído lo último que había dicho Andrea.

Él lo ha decidido, ya no puede echarse atrás. Esto no es un juego, ha tomado una determinación, ahora debe atenerse a ello.− Dijo Andrea, acercando una silla y sentándose frente a ella.

Alicia no habló, terminó el vaso de agua, se acercó a Andrea y le tomó las manos. Ambas se apretaron con fuerza las manos, no hizo falta decir nada. Al fin, se tranquilizó, segura de que, pasase lo que pasase, tenía una amiga con quien contar.

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Horas más tarde, lejos de allí, un hombre luchaba contra el tiempo. No podía evitar pensar en aquellos momentos como en una cuenta atrás. Cada vez quedaba menos para la pantomima del juicio y Fernando hacía balance de su vida.

Recordó a su padre, la noche en que murió, la noche en la que se dio cuenta de que el miedo no llevaba a ninguna parte. Era sólo un niño y aprendió una dura lección, tal vez por eso, por perder la inocencia tan temprano, a veces era demasiado estricto, tanto consigo mismo como con los demás.

¿Había hecho algún bien en el mundo? No estaba seguro, había luchado en Francia contra los nazis y en España contra los franquistas y no creía haber ganado ninguna de las dos guerras: Una le había arrebatado a Belle y la otra le había negado a Alicia. Tal vez ese era el problema, que siempre hubo algo mayor que él, un bien o una idea superior a su propia vida. Había luchado, sí, pero ¿había vivido? Sin duda intentó, pero los tiempos no acompañaban. No sabía vivir sin libertad ni sin justicia… Y no sabía vivir con los ojos cerrados y las manos quietas. ¿Era culpa suya? Tampoco lo sabía, al ver la muerte tan cerca se dio cuenta de que sólo tenía dos cosas claras: que no se arrepentía de haber peleado y que amaba a Alicia Peña Caballero.

Podría haber otras formas de lucha, pero él no las conocía, no sabía luchar contra las fieras sin sacar su propia fiereza, no sabía… Igual que no sabía respirar sin acordarse de Alicia. Recordó aquel día en el que atropelló a una bella muchacha, como si el destino hubiera decidido echar a uno en brazos del otro. Ella le llamó “idiota” en francés, al ver como había quedado su bicicleta… Fernando sonrió y la fría celda recuperó, en cierto modo, la calidez de aquel momento. Guardaba ese día entre sus recuerdos más preciados, fue el día que volvió a vivir, el día en el que Belle, por algún motivo, le dejó marchar.

Nunca podría expresar con palabras lo que ella había supuesto… Es difícil pensar que alguien pueda resucitar a una persona que está viva, pero ella lo hizo. Fernando andaba, comía, hablaba, pensaba, luchaba… pero no sentía, no desde que en una fiesta, en París, se vio obligado a apretar el gatillo y matar así a Belle. A partir de ese momento, sus sentimientos quedaron guardados, como en una capsula, y no les permitía salir o alterarse con otra emoción. Se quedó únicamente con el dolor de la culpa y de su ausencia. Pero Alicia lo rompió todo. Rompió la fachada que tanto tiempo había tardado en construir, rompió la capsula, el dolor y la culpa… y lo inundó todo. No estaba seguro de si ella había entrado en su corazón por medios propios o si fue él quien la dejó entrar, pero sabía que a ella no la había podido engañar. Alicia vio más allá del hombre frívolo que trabajaba en una productora… aunque tal vez él nunca quiso engañarla. Recordaba esas conversaciones en las que Alicia huía de él, enfadada y decepcionada, y él corría tras ella diciéndole que aún tenía mucho por ver.

Fernando acarició inconscientemente la manta. Fueron los dos: ella le salvó y él quería ser salvado. Pero ¿Por qué lo permitió? Ella ahora mismo estaría angustiada por su encarcelamiento, pensando en qué hacer. O tal vez no, puede que esos abogados españoles que se habían arriesgado para presionar al Régimen fueran dos desconocidos, puede que él para ella no hubiese sido más que ese primer amor por el que todos pasamos… quizá Alicia era feliz con su nueva vida. Fernando sintió celos, por primera vez en mucho tiempo, y se sintió mezquino por ello. Alicia tenía derecho a seguir adelante… sin él.

Se dio la vuelta en la cama y, apretando la cara contra la manta, lloró. “Si pudiese verla sólo una vez más, sólo una…”.

miércoles, 21 de abril de 2010

Entrevista a Elisa Mouliaá


La guapísima actriz que interpreta a Irene, la hermana perdida de Gonzalo y Hernán, nos habla de su trayectoria, su personaje y del rodaje de la tercera temporada.

Nota: Gracias a Nell, que es la persona que ha encontrado la entrevista, no yo.

lunes, 19 de abril de 2010

Entrevista a David Janer


El Diario Montañés ha entrevistado a David Janer, el protagonista de Águila Roja. Es cortita, pero sustanciosa:

El corto de Marta Aledo


Pichis, el corto dirigido por Marta Aledo y protagonizado por Natalia Mateo, ha sido seleccionado por el Festival Ibérico, en el que se exhibirán veintidós cortos de España y Portugal.

El siguiente proyecto de Inma


Inma Cuesta forma parte del elenco de la siguiente película de Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro, Gordos). Se trata de una comedia ligera, sin dobleces, que comenzará su rodaje en mayo. Completan el reparto Raul Arévalo (primo del director, que ha participado también en Los girasoles ciegos, Gordos, etc.), Quim Gutiérrez (Azuloscurocasinegro) y Adrián Lastra (Hoy no me puedo levantar, Fuga de cerebros).
Así que ya sabéis, hay que ir al cine... ¡MUCHO!

sábado, 17 de abril de 2010

Identidad y desolación




Empezaremos por la identidad:
El pobre Gonzalo, que si monta un circo, le crecen los enanos y si pide ayuda, le roban el medallón, con una cita de Jorge Luis Borges.
Siguiendo por Gonzalo, de nuevo, pero esta vez haciendo referencia a sus penas de amores. He usado una frase de la canción Do what you have to do de la gran Sarah McLachlan (habréis notado ya que me gusta ¿no?). Cuya traducción sería: "Tengo la sensatez de reconocer que no sé cómo dejarte ir."
Y por último, las penas de amores de Margarita que, aunque intenta seguir adelante con su vida, sigue enamorada de Gonzalo. He usado un fragmento de la canción Life after you de Chris Daughtry, pero como lo he puesto en español, no son necesarias más explicaciones.
Espero que os gusten.

viernes, 16 de abril de 2010

Capítulo XXXV


CAPÍTULO XXXV

¿Tan difícil es de entender?− Repitió por tercera vez.− Quiero seguir adelante y no podré hacerlo si ahora me hago a un lado.

Álvaro, esto es muy arriesgado, piensa en Pedrito, piensa…− Intervino Alicia con voz trémula.

Pienso en lo que le diré cuando en el periódico salga tu foto junto a la de otros, porque has sido fusilada o peor, cuando te conviertas en una más de los millones de desaparecidos. Pienso en la imagen que quiero que tenga de su padre, en eso pienso.− Sentenció él con una dureza en su voz, hasta entonces desconocida.

Pero ellos no lo permitirán…− Dijo ella con un deje de súplica.

¿Que no lo permitirán? ¿Qué tienen ellos que permitirme?− Soltó Álvaro en un arrebato; luego al darse cuenta de lo infantil de su argumento, añadió.− El riesgo es mío y por lo que sé, el peligro andará en otra parte ¿no?

Alicia no supo qué decir. Estaba decidido, enfadado y convencido de que para seguir adelante tenía que hacer eso, como si no hacerlo fuese a significar vivir anclado en ese momento toda su vida, reconcomido por la culpa del “pude haber hecho más.”

No vale con tomar una decisión, es más que eso, hay un plan, hay unas normas, un protocolo, si uno se pone en peligro, pone en peligro al resto ¿lo entiendes? No se reduce sólo a tu vida, esto se extiende al grupo entero, si cae uno… caen los de alrededor.− Argumentó Alicia, pensando en la cara que habría puesto Andrea de haberla oído decir eso.

Álvaro la miró y, por primera vez, su semblante convencido tuvo un asomo de duda y preocupación. Entonces se acercó a Alicia y pidió:

Dime qué debo hacer y qué no debo hacer, explícame cómo hacerlo, pero no esperes que me eche atrás, porque no lo voy a hacer… no puedo. Habla con quien tengas que hablar, yo asumiré mis responsabilidades ante quien sea, pero voy ayudar.− Hablaba con la calma propia de quien tiene claro lo que va a hacer.

Alicia se imaginó fugazmente a Andrea dándole instrucciones a Álvaro y se sintió culpable por albergar esperanzas en que él participara.

No es tu vida, Alicia, no tienes derecho a decirme ni a aconsejarme nada. Ya no.

Ella le miró sorprendida, luego bajó la mirada. No se atrevía a hablar, ni tan siquiera las palabras de agradecimiento, que deseaba pronunciar, acudían a sus labios.

No creo que esté diciendo nada descabellado ¿o sí?

¡Sí!− Soltó Alicia con energía renovada.

¿Por qué?− Preguntó Álvaro con un tono ciertamente apático.

Por que esto es una misión para salvar a Fernando y él es la razón por la que yo me he ido de casa.− Respondió de golpe. Al momento de decirlo se mordió el labio inferior, arrepentida, sabiendo que eso había sido demasiado hiriente, demasiado directo… demasiado cierto.

¿Acaso crees que me voy a vengar haciendo fracasar la misión? ¿Me crees capaz de hacer algo tan ruin?− Inquirió él, indignado.

No.− Negó Alicia.− Pero resulta extraño, entendería que no quisieras saber nada de mí, pero en lugar de eso te interesas por la misión y además pretendes ayudarme… Lo siento, Álvaro, pero no lo entiendo.− Sentenció.

Ya te expliqué mis razones. Si no supiera nada de esa misión, sería distinto, pero sé cosas, sé qué pretendéis hacer, sé que la vida de un hombre depende del éxito de esta misión… y sé que tú estás en ella. No puedo ignorar todo eso, Alicia, no puedo, jamás me perdonaría que sucediera algo. Jamás.− Había estado a punto de decir “jamás me perdonaría que te sucediera algo”, pero frenó sus impulsos, no podía decirle a Alicia la razón última de su afán por ayudar. Sería demasiado doloroso para ambos.

Ella seguía sin comprender por qué Álvaro habría de culparse y sólo supo decir:

No puedo convencerles de que te dejen participar, lo siento. Lo has intentado… ¿no es suficiente para ti?

Diles lo siguiente: Voy a ayudarte, puedo hacerlo bajo sus órdenes o por mi cuenta, que decidan ellos cómo quieren trabajar.− Replicó con dureza.

Eso es chantaje.− Exclamó Alicia cada vez más sorprendida.

Él se limitó a mirarla con el ceño fruncido, luego se dio la vuelta y cerró los ojos.

Alicia no veía su rostro y le observaba con preocupación.

¿Por qué no te vas?− Peguntó él con acritud.

Alicia no se vio con fuerzas para responderle, fue andando lentamente hasta la puerta y, antes de traspasar el umbral, le dedicó una última mirada. Álvaro seguía de pie, dando la espalda a Alicia. Cerró la puerta y subió a la azotea, mientras la culpa y la pena se iban adueñando de su pecho. “¿Qué le he hecho? ¿En qué le he convertido? Habría sido mejor que nunca nos hubiésemos conocido”. Mientras ella subía los peldaños, responsabilizándose de la imprudencia y temeridad de Álvaro, él se desplomó sobre el sillón y lloró por lo perdido, pero sobre todo, lloró por el miedo que le abrasaba las entrañas desde que Alicia se fue de casa: El miedo a que ella muriera.

jueves, 15 de abril de 2010

Mi luz


Os dejo aquí una imagen con una frase de Henry David Thoreau. Espero que os guste.

martes, 13 de abril de 2010

Lo que sabemos de la tercera temporada


Los orígenes de Gonzalo seguirán siendo la trama principal. Ahora intentará descubrir el paradero de su hermana y acercarse a Hernán, su hermano mayor.

Capítulo XXXIV


CAPÍTULO XXXIV

“Tengo que hacerlo”. Se repetía una y otra vez. “Deben saber lo que ha ocurrido”. Con estos pensamientos, Andrea metía, con manos temblorosas, una hoja de papel en un sobre de color ocre. Observó la ciudad tras el cristal empañado, mientras se ponía una peluca pelirroja y se protegía el cuello con un pañuelo.

Alicia había salido hacía media hora para decirle a su marido que el grupo no aceptaba su participación. Andrea estaba ansiosa por ver llegar a Alicia y saber cómo había ido el encuentro. Charles y Fisco habían ido a las afueras, para traer a la ciudad el coche que iban a usar, un automóvil que había sido sustraído a la policía y que llevaba años escondido en una fábrica abandonada.

Andrea respiró hondo y se apretó las manos, una contra otra. Cogió la carta y se la guardó en el bolsillo del abrigo. Salió de casa y fue con paso ligero hacia el Asturiano que, con toda seguridad, estaría cerrado.

Mientras caminaba recordó el tiempo que había vivido allí, ese pasado en el que la Plaza de los Frutos era su hogar… parecía otra vida. Aunque muchas cosas habían cambiado, algo permanecía: el gris. Ese gris que, en el 39, tiñó las calles, el aire, las miradas y los gestos, cuando la libertad comenzó a ser una utopía.

Por fin llegó, se paró delante de la puerta roja de el Asturiano, el bar, efectivamente, seguía cerrado. Sacó la carta del bolsillo y la miró entre sus manos, en el sobre únicamente se leía: Manuela Sanabria. Desde luego, no era el mejor modo de decir las cosas, pero era arriesgado hablarlo en persona. Ni siquiera fue capaz de mencionarlo la vez que habló con Marcelino, le faltaron las fuerzas.

Con cuidado, metió la carta por debajo de la puerta. Se levantó y se dio media vuelta, conteniendo las lágrimas al saber en que, en unas horas, sus amigos se enterarían de que Luisa había sido asesinada en el monte.

lunes, 12 de abril de 2010

Entrevista a Javier Gutiérrez


El gran actor Javier Gutiérrez que interpreta a Sátur en Águila Roja ha concedido una entrevista. Entre otras cosas, el actor ha señalado:

La tercera temporada, que es la que estamos ahora rodando, tiene que ser muy potente, espectacular, con tramas más enrevesadas, intriga, acción y continua tensión sexual no resuelta entre Gonzalo y su cuñada.

Entrevista

domingo, 11 de abril de 2010

Homenaje Vol. I



He querido hacer un homenaje a los personajes más relevantes de la serie, espero que os guste.
Empiezo, como no podía ser de otra manera, por el héroe y su amada, con una frase tomada de una canción de Mónica Molina: Donde quiera que hoy estés. Creo que expresa bien la rendición de Gonzalo que en un primer momento luchaba contra lo que siente por Margarita y ahora... creo que ha optado por "aliarse al enemigo".
Sigo con las dos luchadoras de la serie, una en el lado oscuro, la otra, más altruista. Decidí poner una frase de una genial canción llamada A woman's heart. traducido sería: Mi corazón está deprimido, mi corazón está tan deprimido, como sólo el corazón de una mujer puede estarlo. Ahora que ambas están pasando por un mal momento, Lucrecia porque ha perdido al comisario y Margarita porque ama a Gonzalo pero se va a casar con Juan, creo que es una buena frase para ellas.
Y otra más para Margarita, porque los líos de esta pobre son tema aparte... tenía poco con un triángulo amoroso, que ahora tiene que lidiar con un cuadrado (y encima ella no tiene katana). He utilizado un fragmento de la canción Sorry de Lene Marlin. La traducción sería: Lo siento, es demasiado tarde para traerlo de vuelta... traer de vuelta todo lo que tuvimos.

Homenaje Vol. II





Y sigo con el homenaje.
Empezando por Juan, con una cita de Sigmund Freud. Me pareció que iba bien por el oficio de Juan, sumado a lo que vimos en el último capítulo: las palabras de aliento que daba a sus soldados para que no se rindieran.
El comisario e Irene, esa boda que nos dejó cierto asquillo, con una frase que, pienso yo, resume el sentir general.
Inés y Cipri... aquí además quiero mostrar mi enfado ya que, aunque estoy contenta con la segunda temporada, no comprendo que se hayan olvidado de Inés de esa manera. La frase la dice Cipri en uno de los episodios.
Y para finalizar, Sátur y Alonso, en el momento de mayor angustia, pensando que van a fusilarles, con una frase preciosa tomada del último capítulo; Desde luego si me tuviera que quedar con algo de Sátur (me costaría, porque es genial), sería con su confianza en la bondad ajena, algo que demuestra lo buena persona que es.

viernes, 9 de abril de 2010

Águila Roja Vs. Fútbol


Y volvió a pasar, el fútbol no logró ganar al pájaro. Con un 29'7% de share y 5.722.ooo espectadores, el último capítulo de la segunda temporada volvió a ser lo más visto de la jornada.
Y cuando regrese, lo será otra vez.

Capítulo XXXIII


CAPÍTULO XXXIII

La lluvia caía con fuerza mientras una empapada Alicia corría por las azoteas. Cuando llegó al piso, tenía el frío metido en el cuerpo. Se cambió de ropa y, aún tiritando, fue a hablar con Andrea, sabiendo que lo que le iba a contar no le haría ninguna gracia.

¡¿Qué!?− Gritó por tercera vez.− Pero ¿cómo se te ocurre contarle eso? ¿Quieres que nos descubran? Pensé que habías entendido el peligro que esto conlleva; la discreción, Alicia, no es un capricho, es pura necesidad.

Lo siento, Andrea, sé que hice mal.− Se disculpó Alicia con un hilo de voz.− Él insistió tanto… necesitaba saberlo.

¿Que necesitaba saberlo?− Repitió, perpleja.− Lo último que necesita es saber lo que estamos haciendo. Le has puesto en peligro ¿lo entiendes?

Él sabe a lo que se expone, además no va a participar

Hombre, lo que nos faltaba.− Soltó Andrea.

Sólo quería saber si necesitaba ayuda.

Alicia, déjale muy claro que no va a participar, cuando te conté que no tenemos suficiente gente, no pensé que fueses a tomártelo así.− Comentó ella con decepción.

Y no me lo tomé así.− Se defendió Alicia, indignada.− No tuve más opción que decirle algo, no es que fuera allí expresamente a buscar colaboración, ni siquiera pensaba verle, nos cruzamos en la escalera.

Bueno, eso ya da igual. Mañana le verás otra vez ¿no es así? Pues quiero que zanjes esta locura cuanto antes.− Ordenó Andrea con voz angustiada.− No fue buena idea aceptarte en el grupo.− Murmuró.

Alicia se puso en pie, enfadada por el comentario.

He logrado el dinero que necesitábamos vendiendo un objeto muy preciado para mí y he guardado las apariencias, mejor que tú, incluso: a ojos de todos, yo ahora soy una respetable mujer que se encarga de la casa mientras su marido trabaja. Tu identidad, en cambio, no es tan creíble ¿quieres que te lo eche en cara?− Le espetó Alicia con voz peligrosamente suave.

Andrea bajó la mirada, sabía que había sido demasiado dura, pero temía que ella estuviese siendo descuidada.

Tienes razón.− Musitó.− Pero quiero que seas consciente de lo que nos jugamos, no se puede confiar en todo el mundo, Alicia.

En Álvaro, sí.− Dijo, furiosa.

Seguro que sí, pero le expones. Y no me parece bien que él participe. Es tu marido y sabe que tú…− Objetó Andrea incapaz de acabar la frase.

Sí, sabe que yo estoy enamorada de Fernando.− Concluyó Alicia y bajó la cabeza.

Andrea pensó fugazmente en Antonio y en Mario.

Por eso creo que él no debería

No va a participar.− Aseguró ella con rotundidad.

Pero eso se lo tienes que hacer entender ¿de acuerdo?− Dijo Andrea con suavidad.

Alicia asintió.

Andrea, tengo que preguntarte algo.− Dijo bajando la mirada.

Dime.

¿Es posible conseguir un visado? Para mí, quiero decir. Quiero volver a Francia con… con vosotros.− Murmuró.

¿Volver?− Se extrañó Andrea.

Me crié en París, vine a España hace poco más de un año.− Respondió Alicia.

Bueno, hay formas de conseguir la documentación, una vez estemos allí, no creo que ese sea el mayor de nuestros problemas.− Comentó Andrea.

Ambas se miraron, sin saber qué decir, tensas aún por la discusión.

Lamento haberte culpado de lo de tu identidad, no creo que sea responsabilidad tuya.− Se disculpó Alicia, tras unos minutos en silencio.

Lo es, pero da igual.

¿Podrás arreglarlo?

Sí, eso creo. Mañana.

Finalizaron así la conversación. Andrea se sentó a la mesa y se puso a escribir en una pequeña cuartilla, mientras Alicia se acercó a la ventana y permaneció observando los tejados empapados y brillantes de las casas cercanas, bajo esa luz perlada, propia de las tormentas, mientras su mente iba de Álvaro a Fernando y de Fernando a Álvaro, hasta que se decidió a formular una pregunta que llevaba rondando su mente durante hacía tiempo.

Andrea.

¿Sí?− Dijo esta, levantando la vista del papel.

¿Por qué volvió?

Perdona, no te entiendo.− Dijo Andrea, confusa.

Fernando. ¿Por qué regresó a España?

Una misión.− Respondió escuetamente y volvió posar la pluma sobre el papel.

Ya lo imaginaba, pero ¿qué clase de misión?− Inquirió Alicia, impaciente, con la mirada perdida en la lluvia.

Había que neutralizar a un topo. Un traidor que estaba delatando a muchos camaradas.− Explicó Andrea sin dejar de escribir.

Neutralizar… ya. Y lo consiguió, claro.

No, el topo le atrapó a él. Es lo que hemos logrado averiguar, al menos, pero la fuente es… de toda confianza.− Aclaró Andrea, recordando su charla con el guardia.

Entonces ¿por qué has dicho “estaba delatando”?

Por que actualmente se encuentra en el edificio de Puerta del Sol… custodiando a Fernando.− Concluyó Andrea.

De repente crujió la puerta y ambas pegaron un respingo. Andrea se levantó y se interpuso entre Alicia y la entrada. Al ver a Charles, las dos suspiraron con alivio. No venía solo, le acompañaba un hombre de unos cuarenta años, de pelo negro, ojos vivaces y piel morena muy curtida. Cada uno portaba una maleta.

Déjala ahí.− Indicó Charles al otro hombre, una vez hubo cerrado la puerta, al tiempo que él posaba la maleta en el suelo.

¿Ya están listas? ¿Todas?− Preguntó Andrea sin ocultar su sorpresa, mientras se acercaba a los dos hombres.

Sí, ha sido un gran riesgo venir con ellas ahora, pero no había otra opción, es posible que su casa.− Explicó, señalando con una seca cabezada al otro hombre.− ya no sea un lugar seguro.

Alicia había permanecido en el salón, contemplando la escena con una mezcla de angustia y curiosidad, hasta que el desconocido la miró directamente y, un segundo después, se acercó a ella, tendiéndole la mano con una sonrisa. Alicia, dubitativa, le dio un fuerte apretón.

Creo que no nos conocemos. Me llamo Fisco.

Encantada, yo soy Alicia… ¿Fisco?− Se extrañó ella.

Bueno, en realidad mi nombre es Francisco, pero nadie me llama así. Todos me llaman “Fisco” porque nadie me deja un céntimo a deber.− Explicó el hombre con simpatía, al tiempo que se encogía de hombros.

Por como hablaba, era como si conociera a Alicia toda la vida, algo que a ella le agradó, pues le resultaba muy agotador el hecho de tener que desconfiar de todo y de todos.

Luego se sentaron y hablaron. El plan comenzaba a materializarse.

GRACIAS

Necesito dar las gracias otra vez, como ya hice al final de la segunda temporada al equipo de Águila Roja. Sois formidables, no tengo palabras. Gracias por esos guiones, esos decorados, esos peinados, ese vestuario, esos especialistas y esos actores y actrices.
Dudo mucho que alguien de Globomedia lea esto, pero aún así, creo que es importante decirlo.
Y gracias, también, a la legión de fans de la serie, en especial a los que andan por el foro de RTVE, por hacer la serie aún más interesante.
Un beso.

jueves, 8 de abril de 2010

Entrevista a Inma Cuesta


A la guapa actriz no le molesta nada que la comparen con Pe (¿por qué no? Ambas son guapas y con talento) aunque los sueños de Inma no tengan nada que ver con Hollywood.

miércoles, 7 de abril de 2010

Y mañana...



El matrimonio entre el Comisario e Irene, la bella y joven sobrina del Cardenal, es inminente. Este último se siente presionado a aceptar esta boda de conveniencia para obtener el medallón que tanto desea y que el Comisario le ofrece a cambio de que autorice la boda con su sobrina. El prelado intentará evitar la unión atentando contra la vida del Comisario.

Al mismo tiempo, la Marquesa, arrepentida por haber fomentado este matrimonio, procura que la ceremonia no llegue a celebrarse facilitando la huida de la novia con su verdadero amor, Martín, el jardinero del palacio. ¿Conseguirá el Comisario sus propósitos con tantas personas en contra?

Tras averiguar que el asesino de su mujer fue el Comisario y que éste es, además, su hermano, Gonzalo dedica su existencia a buscar a su verdadera familia. Otro hermano desaparecido y un misterioso medallón por el que otros no dudan en matar son las claves para encontrar sus auténticos orígenes. Pero su deseo por conocer quiénes fueron sus verdaderos padres se desvanece cuando las pistas que podrían llevarlo hasta ese tercer hermano resultan infructuosas y el medallón que una vez llegó a estar en su poder le es arrebatado. Sólo Sátur, que ha hecho de la búsqueda los orígenes de su amo su razón de vivir, le anima a seguir adelante. Además, el descubrimiento del escudo que perteneció a la familia de la madre de Gonzalo aporta nuevas pistas para seguir con la investigación.

Veremos además a Alberto San Juan, interpretando a Víctor, un valiente soldado caracterizado por un pasado oscuro y su difícil temperamento.

Fuente: Fórmula TV

lunes, 5 de abril de 2010

Llegó el momento de decir adiós


El 8 de abril concluye la segunda temporada de Águila Roja. En este último capítulo veremos al gran Alberto San Juan interpretando a Victor, un soldado de la compañía de Juan que se hace amigo de nuestro médico.
Fuente: Telelocura

domingo, 4 de abril de 2010

Tres imágenes, tres temas




Traigo para todas.

Para las Juanis y Gonzalistas (a las que cae bien Juan) desesperadas porque este vuelva sano y salvo de la guerra, una imagen con la frase que dijo Juan.

Para las que les va el lado oscuro y desean ver a la pareja Hernán-Lucrecia de nuevo juntos, una imagen con una frase tomada de la canción La despedida de Shakira.

Y para las Gonzalistas (con una captura de Inés) que estamos como locas porque Gonzalo le diga Te quiero, con todas sus letras, a Margarita y acabe así con su suplicio, una imagen con un fragmento de uno de mis poemas preferidos de Pablo Neruda.

sábado, 3 de abril de 2010

Una emoción para siempre... para las Juanis


A mí me tiran los personajes maltratados y como ahora mismo con Juan se están cebando, ahí va esta imagen.
He tomado una frase de una canción de Eros Ramazzotti, de título Una emoción para siempre. Mirando desde el punto de vista de Margarita que tanto teme tener que decir adiós a ese hombre que hizo que recuperara la sonrisa (soy gonzalista, pero Juan es un amor, eso hay que reconocerlo), independientemente de si está o no enamorada de él.
Ojalá no tenga que decidir cómo recordarle...

viernes, 2 de abril de 2010

Para que la semana se haga más corta




Para que la espera sea un poco más amena, os dejo aquí estas imágenes:
La primera de Lucrecia y Hernán, con una frase de la canción Fields of gold que traducida sería algo así como: "Tú me recordarás cuando sople el viento del oeste sobre los campos de cebada, olvidarás el sol en este cielo celoso, cuando caminamos en campos de oro."
La segunda sobre esa boda que no pinta nada bien, tomando el título de una obra de Moratín.
Y la tercera, con una frase de José Marti, haciendo referencia a que el deber de ayudar es, para Gonzalo, superior a sus deseos.

Capítulo XXXII


CAPÍTULO XXXII

Ya está, han puesto fecha para el juicio. Debemos movilizar al resto inmediatamente.− Dijo Andrea con firmeza al tiempo que tiraba un periódico sobre la mesa.

La trivial conversación de Alicia y Charles se cortó. Él se sentó en una de las sillas dispuestas alrededor de la mesa y acercó el periódico; tras leer únicamente el titular, se puso en pie. Alicia se levantó del sofá y con pasos tímidos se fue acercando a la mesa.

Quedaos aquí, yo me encargo de esas gestiones.− Ordenó Charles mientras se ponía el abrigo; Frenó en seco y, mirando a Andrea, añadió.− Explícale lo que haremos.

Él se fue y Andrea permaneció unos segundos observando la puerta con aprensión. Luego giró la cabeza y vio a Alicia, paralizada frente al periódico. Se acercó y, agarrándola de los hombros, la alejó de la mesa.

Ambas se sentaron en el sofá.

Sabías que esto iba a pasar.

Alicia no daba muestras de haber oído nada. Durante un tiempo sólo se escuchó el golpeteo de la lluvia en los cristales de la ventana que tenían a su espalda.

Sólo era cuestión de tiempo.− Prosiguió Andrea.− No es tan malo.

Alicia la miró ceñuda.

Me refiero a que nuestra misión depende de ello.− Aclaró, pero ella seguía mirándola con dureza.− Alicia, nuestro plan no es sacar a Fernando de allí, eso lo harán ellos por nosotros.

La expresión molesta de Alicia se tornó en concentración y al final dijo:

¿Planeáis liberarle durante el traslado?

Más o menos; Es un poco más complicado.

Pero hará falta mucha gente, yo pensé

Que íbamos a entrar allí pegando tiros.− Sugirió Andrea con una sonrisa.

Alicia sonrió y bajó la mirada, algo abochornada.

Si es necesario, se hará, pero en principio, será algo más sutil.

Hubo unos segundos de silencio, Andrea observaba a Alicia, pero ella parecía estar perdida en sus pensamientos. De repente sonrió con nostalgia, levantó la vista y vio la mirada interrogante de Andrea.

Acabo de recordar algo que me dijo, bueno, que me escribió Fernando.− Alicia alzó la cabeza y, con aplomo, recitó unas frases que, a fuerza de releer, había terminado por memorizar.− “Nos imagino paseando por los jardines de Luxemburgo, sentándonos a tomar un café en alguna terraza del bulevar Saint Germain”.− Y volvió a bajar la cabeza, mientras las lágrimas asomaban a sus ojos.

Andrea permanecía observándola, con la cabeza ladeada.

Y ¿por qué pensabas en eso ahora?− Inquirió.

Ella miró a los ojos de Andrea y murmuró:

Por que necesito creer que todo eso va a pasar, necesito creer que es algo más que una promesa dormida.

Seguro que sí.− Afirmó Andrea, aún sabiendo que la situación no era nada halagüeña.

Alicia pestañeó un par de veces y se dirigió a Andrea.

Bueno ¿entonces ya está todo listo para liberar a Fernando?− Preguntó, cambiando bruscamente de tema.

No, lo cierto es que no… El plan está hecho, pero nos falta gente, ya lo sabes.− Contestó ella y una diminuta arruga apareció en su frente.− Unos deberían encargarse de liberar a Fernando y otros, de vaciar la comisaría.

¿Vaciar la comisaría?

Una maniobra de distracción, nos descubrirán, tarde o temprano, pero si hay pocos policías en la comisaría, hay más posibilidades de huir.

¿Y qué clase de maniobra de distracción habíais planeado?

Una lo suficientemente grande como para sacar a los policías del edificio en el que Fernando está siendo custodiado, pero no tan espectacular como para que sospechen que guarda relación con él. Eso haría que doblaran la seguridad.− Explicó Andrea.

Alicia permanecía con expresión de perplejidad.

Octavillas.− Concluyó Andrea.

Pero eso no sacará a muchos policías de allí.− Exclamó Alicia.

Muchas octavillas.− Dijo, poniendo énfasis en la primera palabra.− Arrojadas en calles cercanas, pero por las cuales no tendríamos que pasar, de modo que tendríamos alejados de nosotros a un buen número de policías.

Yo podría hacerlo.− Se ofreció Alicia, al tiempo que se ponía en pie.

Hay un problema.− Murmuró Andrea, mientras negaba con la cabeza.− Harían falta, como mínimo, dos personas para ese cometido: como te he dicho, son muchas octavillas.

Alicia volvió a sentarse lentamente, parecía realmente agotada. De repente se puso en pie de nuevo.

Debería ir a casa de Álvaro.

No puedes meterle en todo esto.− Dijo Andrea, agarrando a Alicia de la muñeca.

No es eso.− Aclaró Alicia.− Es que dudo mucho que la policía haya dejado de vigilar el piso y hace tres días que no voy por allí… si sigo si aparecer, sospechará, conviene, aunque sólo sea, que me vea salir del portal.

Pero ¿cómo vas a salir del portal sin haber entrado?

Eso no es problema, me voy.

Alicia… ten cuidado.

Ella asintió mientras se ponía el abrigo. Miró su reloj, eran poco más de las nueve. Mientras bajaba las escaleras, intentó pensar en el horario de Álvaro, pero lo había olvidado ¿tenía clase a esa hora los martes? Hacía poco tiempo, lo habría sabido, pero ahora dudaba; Eso le produjo cierto malestar, pero no supo el porqué.

Cuando llegó a una calle cercana se coló en otro edificio, para evitar que alguien la viese y saltó los muros que separaban azoteas. Alicia pensó que aquello se estaba convirtiendo en una costumbre, como poco, desagradable.

Llegó por fin a la azotea de Álvaro y bajó las escaleras, pero al llegar al rellano que daba entrada al piso, escuchó un crujido y, con el corazón acelerado, observó como la puerta se abría, mientras ella permanecía congelada dos escalones más arriba. Álvaro salía de la casa, llevaba el abrigo colgado de un brazo y al mirar inconscientemente a un lateral, vio la cara desencajada de Alicia. Él se quedó inmóvil, con la mano sosteniendo las llaves.

Ya me voy.− Musitó Alicia.

Alicia, entra, por favor, entra.− Pidió Álvaro al tiempo que subía el par de peldaños que los separaban y la agarraba de un brazo.

Ella le miró y cedió.

¿Por qué has venido?− Preguntó él una vez que estuvieron dentro de la casa.

Lo siento, pensé que la policía seguiría vigilando tu piso y que sería conveniente que yo me dejase ver.− Explicó ella sin poder evitar el tono de disculpa.

Sí, continúa allí abajo.− Dijo.

Perdóname, Álvaro, te estoy entreteniendo, tendrás que ir a la facultad.

Aún no, iba a recoger un libro que había encargado, pero puedo hacerlo por la tarde.− Comentó él que evitaba la mirada de ella por todos los medios.− Dime cómo estás, pareces cansada.

Alicia no contestó, necesitaba desahogarse con alguien, pero no podía usarle de esa manera, era demasiado doloroso.

Estoy bien.− Mintió.

Siempre has mentido mal.

Ella se puso rígida.

Dime qué ocurre, yo te lo he preguntado, dame al menos ese gusto.

¿Te vas a sentir mejor si te digo que no duermo? suena un poco sádico.− Comentó Alicia con ironía.

Álvaro sonrió.

No me refería a eso.

Ya lo sé.

De repente Alicia fue consciente de algo: habían vivido como un matrimonio o, al menos, lo habían intentado y ahora sólo les quedaban algunos recuerdos y muchos silencios, demasiados. Silencios que escondían secretos, conocidos por ambos, pero tan dolorosos que no se atrevían a pronunciarlos en voz alta, era mejor que siguieran viviendo en el silencio.

Independientemente de lo que ha pasado, sabes que puedes pedirme ayuda.− Soltó Álvaro de repente.

No sería justo.− Respondió Alicia.

Poco importa lo que es justo, hoy por hoy.− Suspiró él con esa mirada derrotada que Alicia ya conocía.

Sí que importa, a mí me importa y a ti, también.

Pídeme ayuda si la necesitas, aunque sea injusto que lo hagas, tal vez pueda evitar una injusticia aún mayor ¿no?

Sencillamente no tenemos toda la gente necesaria, Álvaro, pero tú no puedes ayudarme, créeme, no puedes… Aún así, gracias, por todo.− Replicó Alicia con dulzura, mientras se levantaba del sillón.

¿Por qué piensas que yo no puedo ayudar?− Preguntó él, molesto.

Tú no puedes… No debes implicarte.− Contestó ella con nerviosismo, acercándose a la puerta lentamente; quería zanjar esa conversación cuanto antes.

¿Eso lo decides tú? Mira Alicia, lo único que me tengo ahora mismo, lo único que me sobra, es tiempo. Tiempo que tengo que llenar de algo si no quiero volverme loco.− Exclamó él desesperado, al tiempo que iba hacia Alicia.

Álvaro tú tienes un hijo, no puedes correr los riesgos que corro yo.− Espetó ella con brusquedad.

Deja que sea yo quien valore los riesgos.− Repuso Álvaro con firmeza.

Alicia negaba con la cabeza, al mismo tiempo que retrocedía, dirigiéndose a la puerta que tenía a su espalda. Él dio un paso hacia ella, mirándola con furia.

Yo no puedo hacerte eso.− Murmuró ella.

¿Crees que quiero? Ahora mismo lo único que me apetece es meterme en la cama y dormir hasta que las heridas cicatricen, pero me da miedo que el día de mañana tenga que echarme sobre los hombros tu muerte, la muerte de Fernando y dios sabe de cuantos más. Tú no estarás en mi vida, haga lo que haga, pero mi conciencia seguirá conmigo irremediablemente y no quiero ser culpable de nada. No podría vivir pensando que si no hice nada, fue por rencor.− Explicó Álvaro.

Daba la impresión de llevar mucho tiempo deseando soltar eso y Alicia no pudo evitar llorar, mientras él explicaba sus razones.

No puedo Álvaro, no puedo

Sí puedes.

Ella le miró, sabiendo que no iba a ceder.

Siéntate.− Suplicó ella.

Ambos se sentaron y hablaron durante largo rato. Alicia continuó rechazando su ayuda, pero acordaron verse al día siguiente, luego ella salió por la puerta, fue a comprar un par de cosas y volvió al piso. Más tarde, subió a la azotea.