sábado, 29 de mayo de 2010

Capítulo XXXIX


CAPÍTULO XXXIX

Alicia marchaba hacia la casa de Álvaro con nervios pero con decisión. El día en el que iban a intentar sacar a Fernando de allí se acercaba con una velocidad aterradora, pero ella intentaba pensar que si todo salía mal, al menos moriría haciendo algo que creía correcto. Aún así, sentía una mezcla de rabia y horror al pensar en el riesgo que correría, al fin y al cabo era muy joven… Tenía toda una vida por delante, como le solían decir.

Para cuando llegó al piso, estaba empapada y tenía algún que otro enganchón en el abrigo, debido a que saltar de azotea en azotea con las tapias mojadas no era sencillo. A punto estuvo de caer de rodillas más de una vez.

Abrió la puerta usando su propio juego de llaves y entró en el piso tratando de no hacer ruido. Cerró la puerta y se volvió; la casa parecía vacía, la luz que entraba por las ventanas era mínima debido a la tormenta y el silencio lo invadía todo, hasta que escuchó unos pasos en el dormitorio. Álvaro asomó por la puerta, su expresión era una mezcla de sorpresa y alivio.

Pensé que ya no venías ¿Por qué has tardado tanto? si se me permite preguntar.− Inquirió él mientras avanzaba hacia ella y recogía su abrigo empapado.

Hemos tenido algunos problemas.− Respondió Alicia.

¿Qué problemas?− Preguntó Álvaro y la inquietud se filtró en su voz.

Ella le miró dubitativa, no sabía si debía responder. Al final, con firmeza, dijo:

La cuestión es que ya están resueltos.

Él evaluó su contestación y al final decidió no preguntar más.

¿Dónde está Pedrito?− Preguntó Alicia echando una ojeada al cuarto de estar, como si esperara encontrarle sentado en un sillón.

Álvaro miró a Alicia tratando de averiguar si su preocupación era sincera o no. Ella tenía unas grandes ojeras y parecía sentir verdadera inquietud por el pequeño.

Está con mi madre en casa de una tía abuela.− Comentó sin mirar a Alicia, luego dirigió sus ojos hacia ella y concluyó.− Ambos están bien.

Estuvo a punto de añadir “pero te echan de menos”. Al final se contuvo, no quería complicar más aquella situación, la idea de que Alicia llegara a sentir lástima por él o por su familia le horrorizaba.

Me alegro.− Suspiró, aliviada.

Se sentaron en el sofá y permanecieron un rato sin hablar, como si esperaran que los dos días que distaban entre ese momento y el momento en el que intentarían rescatar a Fernando fueran a pasar más rápido si ambos se quedaban quietos y callados.

Álvaro temía hablar, decir algo de lo que luego se pudiese arrepentir y Alicia temía callar, ocultar en los silencios lo que quería decir. Al final ella volvió su rostro hacia él y dijo.

Siento todo lo que ha sucedido, no tenía que haber sido así.

Álvaro no se movió, continuó mirando a la nada, pero su semblante se volvió más serio, la atmósfera del cuarto cambió de repente.

No sé a qué tengo que echar la culpa… Además de a mi ingenuidad. Jamás quise hacerte daño, espero que nunca hayas pensado que esto fue a propósito.

Nunca he pensado eso.− Soltó él, sin apenas mover los labios.

Supongo que las circunstancias fueron más fuertes que yo y no trato de justificarme, debí pensar más y mejor en las consecuencias de mis actos, en los sacrificios que todos, Fernando, tú y yo, estábamos asumiendo.− Hablaba con voz pausada, suave, pero decidida. Esperó una réplica por parte de Álvaro, pero esta no llegó y, entonces, con cierto temor, preguntó.− ¿Nunca podrás perdonarme, verdad?

En ese momento, él se volvió hacia ella.

Alicia, a esta situación hemos llegado entre todos. Yo siempre lo supe… siempre supe que amabas a Fernando, pero me convencí de que terminarías olvidándolo, que era una etapa. Cuando comenzamos a vivir juntos, pensé que tarde o temprano algo surgiría… Y surgió, surgió la desesperación al ver que tú seguías enamorada de él. Luego Fernando tomó la decisión por ti, te quedaste en mi casa y fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida. Estabas tan cerca y tan lejos, al mismo tiempo… No podía soportarlo. Y supongo que ninguno de los dos fuimos conscientes de que después estuvimos viviendo una mentira, bueno, sí que éramos conscientes, pero preferíamos ignorarlo.

Él se iba sintiendo más ligero a medida que hablaba y Alicia lloró mientras él relataba su parte, su dolor, pero se dio cuenta de que no eran lágrimas de dolor ni de culpa, sino de aceptación de una realidad que ya había acabado. Tras un breve silencio, él concluyó.

No tengo nada que perdonarte. Me has enseñado muchas cosas, para empezar, que puedo volver a enamorarme, algo que no creí posible tras la muerte de Verónica.− Confesó, con una sonrisa.− Y soy más fuerte ahora, no por el dolor, sino por la felicidad… Alicia, yo he sido muy feliz contigo… eso sí ha sido verdad.

Ella sintió la emoción presionando su garganta y se lanzó hacia él. Se abrazaron con fuerza, sabiendo que no sólo se demostraban la inquebrantable amistad y gratitud que siempre habría entre ellos, sino que además habían hecho las paces con su pasado.

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Mientras todo esto ocurría, un hombre de pelo cano y ojos castaños hablaba con Mendoza, para decirle que la misión se llevaría a cabo dentro de cinco días y le daba falsas instrucciones sobre su participación.

*A partir de ahora, el relato se publicará todos los sábados.

jueves, 27 de mayo de 2010

Entrevista a Elisa Mouliaá

La joven actriz ha comentado sobre su personaje:
Su contacto con la maldad, con la otra cara de la naturaleza humana, con la sucesión de episodios como objeto de juego entre varios personajes claves, aun sin ella saberlo, ha dejado una profunda mella en su interior. Ha madurado, ha conocido el amor verdadero y la pasión, conservando su ingenuidad y pureza. Tiene pensamientos generosos y eso es algo rígido de su conducta. Algo muy fuerte tendrá que pasar para que esto se tuerza en ella. En la tercera temporada ocurrirán mil cosas por las que sufrirá inevitablemente unas reacciones sorprendentes.
Estoy deseando ver evolucionar a este personaje, ver su fortaleza. Aquí os dejo el enlace a la entrevista completa.

lunes, 24 de mayo de 2010

Las nuevas incorporaciones






Espero que os gusten estas imágenes. Como no sé apenas nada sobre su personalidad, no me he atrevido a ponerles una cita o hacer un montaje, así que os las muestro así, con un poco de edición y ya.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Una visita al rodaje

La Fundación contra la hipertensión pulmonar ha visitado el rodaje de Águila Roja. Allí han tenido la oportunidad de conocer a David Janer. Es una iniciativa para dar a conocer esta enfermedad (catalogada dentro de las Enfermedades raras) y crear conciencia sobre el problema.
Ojalá esto sirva para que se investigue más y logren una cura.
Fuente: Hola (Sí, ya lo sé...)

martes, 18 de mayo de 2010

Con respecto al relato...

Lamento decir que ahora mismo tengo muy poquito tiempo y por ello no puedo seguir con el relato, que no panda el cúnico, que esto es algo temporal, seguramente en 15 días ya pueda continuar. Se han sumado muchas cosas: el último tramo del curso, las prácticas, una exposición que tengo que hacer, mi ordenador, que lo he tenido que llevar a que lo arreglen...
De modo que las próximas dos semanas, en principio, no habrá relato.
Un beso y gracias, de antemano, por la comprensión.

jueves, 13 de mayo de 2010

Dos nuevos rostros en Águila Roja


Mónica Cruz y Manuela Velasco se unen al elenco en la tercera temporada de la serie.
Mónica interpretará a Mariana, una pirata muy hábil con la espada que no dudará en arriesgar su vida para salvar a su marido. Manuela interpretará a Eugenia, una duquesa amiga de Juan que se caracteriza por tener un caracter muy liberal.
Fuente: Europa press

lunes, 10 de mayo de 2010

Más reconocimientos


Águila Roja ha sido premiada como Mejor iniciativa cultural por los Premios Madrid. Con este ya es el segundo galardón en poco más de una semana. Ojalá continúe esta buena racha.

sábado, 8 de mayo de 2010

Capítulo XXXVIII

CAPÍTULO XXXVIII

Oh, dios mío, ¿qué vamos a hacer ahora?− Murmuró Alicia, presa del pánico.

Calla y anda.− La ordenó Andrea.

Ambas apretaron el paso cuando unas gruesas gotas de lluvia les empezaron a golpear en la cara. El cielo se había ido volviendo cada vez más oscuro y los escasos claros, por los que pocos minutos antes se habían filtrado rayos de sol, habían desaparecido.

Alicia levantó la vista, pudo ver como el cielo se iluminaba y, unos segundos más tarde, escuchó el estruendo de un trueno; instintivamente se apretó más a Andrea. De repente todo parecía estar fuera de control. Alicia estaba angustiada, sin embargo, Andrea tenía una mirada concentrada y no daba muestras de haber reparado en la tormenta que se cernía sobre ellas.

Cuando llegaron al piso, Alicia temblaba. Estaba aterida de frío y más aterrada de lo que había estado en toda su vida. Se pegó a una pared del salón, hasta que Andrea la empujó hacia un cuarto y la obligó a quitarse la ropa empapada. Se sentía impotente, pequeña y débil… Y era su propio miedo lo que la hacía sentirse así. En ese momento, resonó en su mente la voz de Fernando hablando de la noche en que murió su padre: “Si no hubiera tenido miedo, le habría salvado”.

Se enfadó consigo misma, jurándose que no sería su cobardía la que matara a Fernando, se secó el rostro, cubierto de lágrimas y lluvia, y se cambió de ropa. Miró a Andrea y con voz serena le preguntó:

¿Qué vamos a hacer?

Esperar a que lleguen Charles y Fisco, lo primero que tenemos que saber es con quien ha estado en contacto ese hombre, así sabremos qué es lo que sabe y podremos poner a salvo a los que ya hayan sido descubiertos por ese cabrón.− Explicó Andrea, que había estado todo el camino pensando en ello.

¿Crees que sabe donde esta el piso?

No, habría venido aquí directamente si supiera eso. Sólo lo sabemos nosotros cuatro, nadie más, así que, de momento, es un lugar seguro.− Argumentó.

Pero si él está ahí quiere decir que lo saben ¿no? Saben que hay una operación en marcha para salvar a Fernando.− Razonó Alicia.

Andrea miró a Alicia y tras unos segundos, respondió:

Sí, seguro que algo sabe, pero nada concreto. Y otra cosa segura es que tenemos localizado al topo.

¿Piensas que es él? ¿Crees que tuvo que ver con la detención de Fernando?− Inquirió Alicia con rabia.

Posiblemente… Dios, ¡cuándo llegarán! necesitamos zanjar esto cuanto antes.− Balbuceó Andrea mirando su reloj.

Pasó una hora y media antes de que Fisco y Charles cruzaran el umbral de la puerta. Cuando llegaron, no hizo falta que Andrea dijera nada para que supieran que había ocurrido algo.

Andrea suspiró aliviada al verles y decidió decirles sin rodeos lo que habían averiguado.

El hombre al que teníamos que ir a ver, el que nos iba a ayudar… es policía, creo que puede ser Mendoza, el topo.

¿Qué? ¿Cómo lo sabes?− Preguntó Charles con el ceño fruncido.

Yo le vi saliendo de la comisaría… me empujó, casi me tira al suelo. Llevaba un traje, pero estoy segura de que era la misma persona.− Intervino Alicia.

¿Os ha visto?− Preguntó Fisco, preocupado.

No, ni siquiera hemos llegado a donde estaba él, Alicia le reconoció desde lejos, ha sido una suerte.− Dijo Andrea dedicándole a Alicia una mirada de orgullo a la que ella correspondió con una media sonrisa.

¿Estás segura, Alicia?− Inquirió Charles, acercándose a ella.

Sí. Le tuve a menos de un metro, recuerdo muy bien su cara.− Contestó.

¿Hasta dónde sabe ese hombre? ¿Cuántos camaradas han estado en contacto con él? Necesitamos saberlo ya.− Apremió Andrea.

Todos los ojos se posaron en Charles.

Lo averiguaré, pero antes tenemos que decidir una cosa: ¿qué vamos a hacer con él?− Dijo con aplomo.

Quitarle del medio no parece una opción, llamaría demasiado la atención. Sólo nos queda alejarnos de él, que los que hayan estado en contacto con él se vayan de sus casas y se oculten en otro lugar.

Charles escuchó a Andrea mientras caminaba de un lado a otro de la habitación con paso lento. Levantó la cabeza y miró a Fisco.

Tú conoces a los que nos pusieron en contacto con él.

Sí, y pongo mi mano en el fuego por todos ellos, si ese mamón les ha engañado, no es culpa suya.− Le interrumpió Fisco con voz acerada y, por primera vez, sus ojos, siempre vivaces y cálidos, se entornaron amenazantes.

No estoy insinuando nada.− Aclaró Charles.− ¿Crees que alguno de ellos estaría dispuesto a hablar con él sabiendo que es un traidor?

No te sigo, inglés.− Dijo Fisco, confuso.

Alejarnos de él no me parece una opción, si sospechan que conocemos su doble juego, lo más probable es que refuercen la seguridad en el edificio.− Comentó, dirigiéndose a Andrea.− Mientras que usarle para pasar información falsa, nos podría facilitar mucho las cosas… pero necesitaríamos a alguien con coraje y sangre fría, mucha sangre fría.

Yo podría hacerlo.− Declaró Fisco.

No.− Sentenció Andrea.− A ti te necesitaremos en la misión, no podemos descubrirte.

No puedo pedirle a alguien que haga eso, es prácticamente un suicidio.− Exclamó Fisco, indignado.

Le daremos un seguro, el partido tiene pisos francos, casas en las que se pueden ocultar camaradas, le proporcionaremos una identidad falsa para que pudiera salir de España cuando todo esto haya pasado. Simplemente tendría que decirle al tal Mendoza que la misión se llevará a cabo unos días más tarde de la fecha real, con eso tendríamos una gran ventaja, luego él desaparecería… mucho antes de que Mendoza muestre su verdadera cara.− Explicó Charles con un deje de impaciencia.

Fisco no parecía muy convencido, pero añadió:

Conozco a alguien que estará dispuesto a hacerlo.

Charles le dio un apretón de manos, satisfecho, aunque Fisco tenía aún una expresión sombría y Andrea permanecía con el semblante preocupado. Alicia contemplaba la escena con seriedad.

Mi parte sigue tal y como la habíamos acordado ¿no es así?− Preguntó.

Andrea miró a Charles y este asintió.

En ese caso debería estar en casa de Álvaro, a la espera de… ese día.− Comentó mientras recogía su abrigo y se lo ponía con prisas.

Estaba a punto de irse, cuando se dio la vuelta precipitadamente y dio un fuerte abrazo a Andrea. Ella la observó sorprendida, pero sonriente. Se volvió y abarcó a todos con una mirada llena de de gratitud.

Buena suerte.

jueves, 6 de mayo de 2010

No se puede ocultar...


Espero que os guste el poster. Va dedicado a todas las que perdemos los papeles con la relación Águila Roja - Margarita. Seguramente al ver a Juan diréis "¿Por qué lo has incluido?" Bueno, yo creo que los celos van a servir de acicate para que Gonzalo, o mejor dicho, Águila Roja, reaccione y luche por ella y la bese a la luz de la Luna, en vez de esconderse entre las sombras y velar por su amada en la oscuridad...
La frase que he utilizado es de François de la Rochefoucauld.

martes, 4 de mayo de 2010

Premio Max para Roberto Álamo



Roberto Álamo se hizo hoy con el Premio Max al mejor actor por su interpretación en la obra Urtain. Roberto ha dedicado su premio a todos los actores del mundo y al verdadero Urtain.
Fuente: Diario Vasco

lunes, 3 de mayo de 2010

Águila Roja se lleva la Medalla de Plata en el Festival Internacional de NY


La serie Águila Roja ha sido reconocida como la mejor serie de acción y aventuras, desbancando a series de otros países. Enhorabuena a los creadores de Águila Roja. Tratándose de un galardón a nivel internacional, sería lógico que en la Web se hicieran eco de la noticia.

Fuentes:

Capítulo XXXVII


CAPÍTULO XXXVII

Aunque el sol se filtraba por entre las nubes, la mañana era fría y gris. Las calles amanecían brillantes y húmedas después de aquella noche de pertinaz lluvia. Alicia observaba el panorama desde una ventana, pensando que no tardaría en volver a llover a juzgar por los grises nubarrones que se iban aproximando a la ciudad.

¿Lo has memorizado todo? Esto es importante.− Dijo Andrea reclamando la atención de Alicia, que permanecía frente a la ventana, con la mirada perdida.

.− Respondió escuetamente.

Andrea la miró intentando adivinar sus pensamientos. Alicia se volvió y miró a Andrea.

¿No volveré aquí, entonces?− Preguntó con tono indiferente.

Bueno, volveremos a vernos esta tarde, pero luego regresarás y permanecerás allí, hasta que llegue el momento.− Explicó.

¿Cómo voy a ir con vosotros?− Inquirió Alicia. Esta vez un deje de desconfianza se filtró en su pregunta.

Ya te lo dije: saldrás de casa media hora después de haber hecho tu parte, te dirigirás a la calle que te he dicho y esperarás allí hasta que pasemos.− Dijo, evitando mencionar el nombre de las calles, buscando un asomo de duda en el rostro de Alicia, pero esta permanecía fría e inexpresiva.− ¿No creerás que te vamos a dejar en tierra?− Preguntó con sorpresa.

Sería lo más sencillo.− Comentó Alicia mirando fijamente a los ojos de Andrea.

Pero no es nuestro estilo.− Objetó Andrea indignada.

Alicia siguió mirando a Andrea, pero al cabo de unos segundos, pareció convencerse.

Hasta la tarde.

Hasta luego.− Se despidió Andrea, molesta aún por la desconfianza de la chica.

El aire frió le azoto la cara. Apretó la barbilla contra el abrigo, para protegerse el cuello, mientras caminaba con paso ligero. Subir escaleras que no conocía, saltar muros como si fuera una prófuga… era increíble que se estuviera acostumbrando a eso.

Cuando llegó al piso de Álvaro, llamó a la puerta sin pararse a pensar en sus remordimientos, estaba demasiado cansada como para seguir culpándose.

Él abrió la puerta y ella entró sin esperar la invitación. Estaba empezando a hacer las cosas de modo automático, para no sentirlas, para no sufrir por lo que la rodeaba. Álvaro notó que su mente estaba lejos de allí.

¿Pasa algo?− Preguntó.

No.− Contestó mientras se quitaba el abrigo y acto seguido se sentaba en uno de los sillones del cuarto de estar.

Él se dio cuenta de que Alicia no tenía ganas de hablar, se comportaba de un modo extraño, así que fue directo al grano

¿Y bien?− Preguntó mientras se sentaba frente a ella.− ¿Cuál es su respuesta?

Lo lograste, estás dentro. Te explicaré lo que vamos a hacer.− Alicia sacó de su cartera un taco de cuartillas impresas y las dejó encima de la mesita que había entre ambos.− ¿Ves esto?

Álvaro se acercó y un escalofrío recorrió su cuerpo. Eran octavillas comunistas, hablaban únicamente de los derechos obreros, pero sabía que eso era suficiente para pasar, como mínimo, unos cuantos años a la sombra.

Nosotros nos encargaremos de tirarlas. Por supuesto no son sólo estas, tendré que traerlas poco a poco, son dos maletas de octavillas, quizá algo menos. Iremos a una zona cercana al edificio de Puerta del sol, se trata de que manden policías allí, de manera que otras calles quedarán despejadas y, además, en el edificio habrá mucho menos personal.− Explicó ella con voz monótona.

Una maniobra de distracción.− Tanteó.

Exacto.− Afirmó Alicia, toqueteándose el guante de la mano derecha; aún los llevaba puestos y Álvaro dedujo que la visita sería corta, aún así se sorprendió cuando ella se levantó.

Espera, ¿adonde vas?

Tengo que traer todas las octavillas aquí durante la mañana de hoy. Busca un lugar seguro donde ocultar estas, por lo que pueda pasar, no dejes que Pedrito o tu madre vengan a casa, es lo más seguro. Volveré por la tarde y me quedaré aquí hasta que llegue el día de actuar.

¿Te importaría dejar de hablarme como si fuera un desconocido?− Pidió Álvaro algo dolido.

Alicia se dio cuenta de que había pagado su frustración y desconfianza en Álvaro. Se mordió el labio, mientras recogía el abrigo, y dijo:

Perdona, no está siendo un buen día.− Dijo con su voz habitual.

Se miraron un segundo y ella salió por la puerta para recoger más octavillas. Al cabo de tres horas ya estaban todas en casa de Álvaro, escondidas en una oquedad que había tras un cuadro, en la que Alicia jamás había reparado.

Se despidió de él de nuevo, esta vez más cordial y volvió para reunirse con Andrea. Se notaba agotada después de haber pasado la mañana de un lado para otro, saltando muros y subiendo escaleras. Había vuelto al piso mucho antes de lo acordado, pero le daba igual. Necesitaba sentarse y la otra opción habría sido permanecer en casa de Álvaro, un lugar en el que era difícil evitar la culpa.

El piso estaba vacío, algo que Alicia aprovechó para dormir a pierna suelta en un sillón. No sabía cuanto tiempo había pasado cuando oyó unas llaves en la cerradura de la puerta. Rodó por el sillón y cayó de pie, se escondió rápidamente tras la mesa, hasta que vio los zapatos de Andrea. Se levantó y la miró sin decir nada. Ella sonrió.

¿Te habías escondido?− Preguntó divertida.

Por si acaso.− Soltó encogiéndose de hombros.

Eso está bien.

¿Dónde están Charles y Fisco?

Salieron temprano, están reuniendo algunas cosas y concretando el plan con algunos camaradas, justo lo que vamos a hacer nosotras.− Dijo mientras se quitaba el abrigo.

¿Nos vamos ya?

No, aún no. Tendremos que comer algo ¿no?

Se sentaron a la mesa y comieron queso y algo de embutido, no hablaron mucho, Alicia seguía dándole vueltas a esa sospecha que le había surgido durante la noche que le había robado el sueño. Confiaba en Andrea, pero sabía que a sus ojos, lo mejor para ella era no involucrarse. Aún así no hizo ningún comentario.

Cuando llegó el momento, las dos salieron de la casa, Alicia se agarró del brazo de Andrea. El frío se había hecho más intenso conforme transcurría el día.

¿Adonde vamos?

Digamos que tenemos una cita.

¿Con quien?

No lo sé exactamente, él se puso en contacto con nosotros mediante otros contactos, será de ayuda contar con alguien más, el tipo parece ser de confianza, hoy lo sabremos.

¿Y cómo le vas a reconocer?− Preguntó Alicia, extrañada.

Sé qué ropa lleva.− respondió ella con una sonrisa.− Parece infantil, pero funciona.

Al fin llegaron a una céntrica calle llena de gente, Andrea aminoró el paso, miraba distraídamente a los escaparates que había por allí. Al fin dijo:

Tiene que ser ese.− Dijo mirando de soslayo a un hombre enjuto de apariencia humilde que llevaba una chaqueta de pana de color caqui. El tipo estaba apoyado en una farola mientras fumaba un cigarrillo.

Alicia frunció el ceño, ese rostro le era familiar, pero no sabía de qué podía conocerle. Andrea tiró de ella, pero sus pies no se movieron, el hombre movió la cabeza y entonces pudo verle la cara con total claridad. Andrea que seguía tirando de su brazo, se puso en medio, obstaculizando la visión de Alicia.

Vamos ¿qué te pasa? Esto hay que hacerlo rápido.

No… él no…− Musitó Alicia, cuyos ojos se habían abierto como platos y negaba con la cabeza, asustada.

¿Qué pasa?− Repitió Andrea.

Ese hombre… creo que es policía. Lo vi saliendo del edificio donde está Fernando, hace unas semanas.

¿¡Qué?! Nos vamos de aquí.− Dijo Andrea.

Y agarrando a Alicia del brazo ambas se fueron al piso de nuevo con paso ligero.

Mendoza había sido descubierto.

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Lamento la tardanza, el trabajo se me acumula, hoy he tenido un ratillo y he continuado.

sábado, 1 de mayo de 2010

Dedicado a...


Otra imagen del Águila con Margarita. Como sigo deseando ver esa escena en la que el héroe la besa, aguanto la espera (además de trabajando, claro está) haciendo alguna de las mías, ya sabéis.
Quiero dedicar esta imagen a TheMartata. Lo primero, por ese vídeo que has hecho, que me ha parecido fantástico, y lo segundo, porque siempre me cuelo y te "robo" el honor de ponerlo tú...
He escogido una frase de la canción Broken de Seether & Amy Lee, siguiendo el estilo de My inmortal (la canción del vídeo de TheMartata). La traducción sería algo así: "Porque estoy roto cuando estoy solo y no me siento bien cuando estás lejos".
Espero que os guste, en especial a TheMartata.