jueves, 29 de julio de 2010

Capítulo XLVIII



CAPÍTULO XLVIII

Fernando Solís ha muerto.− Comentó con una sonrisa de oreja a oreja, mientras mostraba eufórico unos papeles.− Uy, y por lo que veo Alicia Peña también, lo que son las cosas…

Alicia le miraba desde la cama con expresión divertida.

Anda, dame el mío, quiero saber cual es mi nuevo nombre.− Pidió, al tiempo que alargaba el brazo para coger el documento.

Habían pasado dos semanas desde que llegaron a Francia y por fin estaban en París. El médico había insistido en posponer el viaje para no agotar a Alicia, pero el día anterior, por fin les habían trasladado a un humilde piso en París, el mismo en el que Fernando había estado viviendo el último año. Aquella mañana, él había ido a recoger los papeles que les acreditaban a ambos como ciudadanos franceses de origen español.

Fernando Fombellida Medina.− Leyó en voz alta con los ojos fijos en el documento.− Me gusta, creo que el primer apellido proviene de Cantabria.

Alicia Vega Ibáñez.− Leyó ella aún recostada en la cama por prescripción médica.− No sé si me acostumbraré.

Claro que sí, date cuenta que nadie te llama Alicia Peña, te llaman Alicia a secas, los cambios de nombre suelen dar más problemas, pero en este caso sólo han variado nuestros apellidos.− Razonó Fernando sentándose junto a ella en la cama.

Ya.− Admitió, abstraída.

¿Ocurre algo?− Preguntó él, acariciando la mejilla de Alicia.

− Es que… Quiero ir a ver al marido de Andrea cuanto antes, tengo que entregarle la carta.− Contestó, apesadumbrada.

El médico ha dicho que no hagas esfuerzos, la herida está cicatrizando aún.− Sentenció Fernando al tiempo que se levantaba de la cama.− Ahora te traigo la comida.

¡Fernando!

¿Qué?

Se trata de entregar una carta, no de escalar el monte Everest, no se me va a abrir la herida por eso.− Objetó Alicia que empezaba estar cansada de tanto reposo y cuidados. Ella no se había arriesgado para pasar los primeros días en Francia como un vegetal; quería recuperar el tiempo perdido, quería disfrutar de la libertad, disfrutar de Fernando y, por estúpida que fuese la idea, estaba obsesionada con tomar un café en una terraza del bulevar Saint Germain, como en la carta de Fernando.

De acuerdo.− Concedió él.− Iremos después de comer ¿satisfecha?

No es la palabra más indicada, pero sí.

Comieron en la habitación. Alicia se sorprendió de lo poco romántica que resultaba la escena después de que él le hubiera llevado todos los días el desayuno, la comida y la cena a la cama. Estaba deseosa por salir, notar la brisa en la cara y pasear del brazo de Fernando; él, por su parte, seguía nervioso por la herida de Alicia, aún sabiendo que el peligro ya era sólo un recuerdo; muy vivo, sí, pero recuerdo al fin y al cabo.

Nada más cruzar la puerta, el viento, suave y helador, les rodeó. Ambos notaron como un escalofrío les recorría la espalda, pero no tenía nada que ver con la sensación térmica, era algo que iba más allá: La certeza de que habían sobrevivido, de que la vida seguía y debían vivirla y pelearla. Lo decía el aire, los desnudos árboles y el suelo empapado y tenían la sensación de muy poca gente era capaz de intuir esos mensajes secretos. Se sonrieron y se besaron, mientras caminaban hacia la casa de Antonio.

Deberíamos escribir una carta a Álvaro.− Dijo Fernando de pronto, mientras pasaban junto a un grupo de niños.

Sí, lo sé, pero… no sé como escribirle sin que resulte una carta vacía y sin que nos comprometa; ni a nosotros, ni a él.− Reconoció Alicia, que llevaba acariciando la idea de ponerse en contacto con Álvaro desde que habían llegado a Francia.

No te preocupes, esta tarde lo haremos.− Dijo Fernando.

Pararon junto a un portal, la puerta, pese al frío, estaba entreabierta. Los dos subieron las escaleras en las que reinaba tal silencio que cada paso producía un eco propio de las casas deshabitadas. Al fin, llegaron junto a la puerta indicada, los dos intercambiaron una mirada sombría, mientras Alicia metía la mano en el bolsillo y palpaba el sobre.

Fernando llamó a la puerta y, al poco rato, un hombre de mirada apagada abrió. Era Antonio.

Buenas tardes. ¿Es usted Antonio, el… bueno, el marido de Andrea?− Dijo Alicia casi tartamudeando. No sabía cómo dirigirse a alguien que acababa de perder a su mujer, pero recordando la muerte de su padre, supo que cualquier consuelo sonaba vacuo en esas situaciones, así que se abstuvo de decir un “Te acompaño en el sentimiento”, en esos momentos las frases hechas eran sólo eso, frases hechas.

Tengo algo que

Pasad.− Dijo Antonio con voz tomada.

Fernando y Alicia cruzaron el umbral y pasaron al cuarto de estar, era una estancia normal, pero la tristeza era algo tangible en esa sala. Un niño de unos trece años estaba sentado en una silla, mirando un álbum de fotos.

Liberto, venga, deja eso, hijo, ve a tu cuarto y ponte a leer.

El niño no discutió, cerró el álbum, lo dejó en una estantería y salió de la habitación en silencio. Antonio permaneció con los ojos fijos en la puerta durante unos segundos y luego murmuró:

No es bueno que se pase los días mirando sus fotografías.

Fernando y Alicia cruzaron una mirada, sin saber muy bien como plantear el motivo de su visita.

No lo habríamos logrado sin ella; Sé que no es un consuelo, pero es importante que lo sepas y él también debería saberlo.− Dijo Fernando, señalando con la barbilla la puerta que acababa de cruzar Liberto.− Andrea fue una mujer muy valiente y generosa.

Lo sé, pero gracias. Ella me habló de ti, le salvaste la vida cuando fue a España por el entierro de su madre. Te valoraba mucho.− Respondió Antonio.

Fernando notó cómo se le humedecían los ojos y asió la mano de Alicia.

Andrea me hizo prometer algo.− Intervino ella.− Cuando viajábamos en la camioneta, le prometí que si algo le sucedía, te entregaría a ti esta carta.− Relató mientras sacaba del bolsillo el sobre y se lo tendía a Antonio.

La expresión de Antonio se transformó en sorpresa al ver el sobre. Lo cogió con manos temblorosas y se dispuso a abrirlo mientras Alicia y Fernando ya se iban. Entonces ella se dio la vuelta y aguantando las lágrimas, balbuceó:

Nunca podré decirte lo que tu mujer hizo por mí… No hay palabras. Siento mucho lo que ha pasado, de todo corazón.

Antonio dejó la carta en la mesa y abrazó a Alicia. Mientras murmuraba un trémulo “Gracias”.

Alicia y Fernando salieron de la casa y pusieron rumbo al piso, ambos tuvieron que reconocer que estaban cansados, pero no por la caminata, sino por las emociones vividas esa tarde. Para cuando ellos llegaron, Antonio ya había leído la carta ocho veces, parando para llorar, para reír, para respirar, mientras los recuerdos iban y venían. Cuando Libertó oyó a su padre llorar, corrió al salón y al reconocer la letra de su madre en aquellas cuartillas, le arrebató la carta de las manos; Al terminar de leerla, se secó las lágrimas y se abrazó a su padre.

La echo de menos, papá.− Confesó aquel niño que acababa de abandonar su infancia en algún lugar entre el cuarto de estar y el pasillo.

Yo también, hijo mío, yo también.− Musitó Antonio.

martes, 27 de julio de 2010

Águila Roja en el Festival de Televisión de Vitoria


Las cadenas mostrarán sus platos fuertes en este festival, aprovechando para promocionar sus series y nuevas apuestas.
Entre ellas, Águila Roja, cuyo primer capítulo de la 3ª temporada será estrenado el 31 de agosto, con motivo de este festival.
Esperemos que nos regalen algún adelanto, para abrir boca.
Fuente: FórmulaTV

La Cazadora






Para todas las fans de la serie pero con mención especial de Marysol, Isla Lagartija y Cattie.
Espero que os gusten, son algunas de las creaciones que tengo sobre esta gran serie.

lunes, 26 de julio de 2010

Gónzalo, Margarita y otros...






Una de imágenes variadas.
La primera, con una cita tuneada de Virgilio, sobre ese amor que tarde o temprano se confesarán estos dos, esperemos que sea más temprano que tarde.
La segunda, con una frase de La canción de la Margalena de Joaquín Sabina, sobre Estuarda, esa mujer que se dedica al oficio más viejo del mundo, pero mantiene su dignidad y su buen corazón, a pesar de los golpes de la vida.
La tercera con un fragmento de la canción Run de Snow Patrol, la traducción sería: Pensar que podría no volver a ver esos ojos, hace muy difícil no llorar como en aquel largo adiós, que casi lo hago. Esta imagen muestra lo que Gonzalo cada vez tiene más presente: que si no hace algo, Margarita se irá para siempre.
La cuarta, con un sabio proverbio árabe, muestra la complicada relación entre Lucrecia y Margarita; Una de ellas, conspirando y traicionando, mientras la envidia por lo que tiene la otra la corroe, la otra, comportándose como una amiga, aún sabiendo que Lucrecia no hará lo mismo con ella llegado el caso.
La quinta, desde la mirada de Margarita que sabe también que Gonzalo es el amor de su vida y por ello un fragmento de una canción que yo creo que ilustra muy bien la situación: Lost de Saving Jane, cuya traducción sería: Y estoy perdida cuando estás lejos, perdida... me vuelvo gris.
Espero que os haya gustado esta tanda.

domingo, 25 de julio de 2010

Entrevista a Javier Gutiérrez


El actor participa en el Festival de Cortometrajes Islantilla Cinefórum, allí ha hablado de los cortometrajes como alternativa a las películas en tiempos de crisis y también ha dado fecha para el retoro de Águila Roja: Será en otoño.
Fuente: Ideal.es

Sátur, secundario o protagonista


De un tiempo a esta parte, las series han ido renunciando a ese protagonista con todo el peso interpretativo, para pasar a unas tramas corales en las que todos los personajes tienen algo qué decir. Darío López (Los Protegidos) señala que "Los secundarios suelen tener más gracia porque no tienes miedo de que caigan mal y te atreves con más cosas".
Y ese ha sido el caso de nuestro adorado Sátur, que ha ido comiendo terreno al amo. Yo, personalmente, lo agradezco, soy una ferviente seguidora de las tramas corales y las historias cruzadas en las que no hay un personaje más importante que otro, sino personajes diferentes con la misma relevancia... como en la vida, vamos. Aunque me encanta el personaje de Gonzalo.
Luis Narciso, director del casting de Águila Roja comenta que "Hacer series que giran sobre un solo personaje no te permiten desarrollar historias combinadas y modernas. El tema de los secundarios siempre ha sido muy atractivo. Y el público casi siempre los acaba eligiendo como favoritos. Los míos son los perdedores. Eso sí, hay que cuidar a todos".
Fuente: El País

viernes, 23 de julio de 2010

Capítulo XLVII


CAPÍTULO XLVII

Llevaban andando día y medio cuando oyeron un ruido varios metros por delante de ellos, a la derecha. El grupo se quedó quieto, observando con detenimiento el agreste paisaje que se extendía ante ellos, esperando vislumbrar aquello que les había hecho detenerse.

Fernando dio un codazo a Charles y soltó la mano de Alicia. Con un gesto les indicó que se iba a acercar, Alicia le miró con los ojos muy abiertos, como queriendo decir “No te atrevas”; pero Fernando ya estaba caminando hacia delante, con movimientos felinos y sin hacer un solo ruido. Se agazapó detrás de un arbusto, apretando con ambas manos la pistola, y vio a una pareja de guardias civiles. Estaban a unos cinco metros de él. Miró al lugar donde estaban Charles y Alicia, apenas pudo distinguir sus siluetas, aunque no distaban más que unos pocos metros de él. Aún oculto por el arbusto, alzó la mano izquierda hasta su hombro, mirando a lo que intuía que era Charles y, con los dedos, le indicó que eran dos.

Charles atisbó el movimiento de Fernando y le susurró a Alicia:

Parece que hay dos.

¿Qué hacemos?− Pese a que sólo era un susurro, se podía detectar el nerviosismo de Alicia.

Esperar, Fernando nos dirá cuando atacar.− Señaló él.

Pasaron unos segundos y, entonces, Fernando movió el brazo.

Alicia y Charles dieron un par de pasos, lo justo para distinguir a los guardias, y comenzaron a disparar. Ninguno dio en el blanco, por lo que sus disparos pronto tuvieron respuesta. Fernando, con la ventaja de la cercanía disparó a uno de ellos en la pierna y, al instante, corrió a refugiarse tras un árbol cercano. El guardia cayó al suelo y se arrastró tras una roca cubierta de musgo.

Alicia se adelantó a Charles y apuntó al guardia civil, quería darle en el brazo, pero erró el blanco y reveló su nueva posición, el guardia se giró con rapidez y ella no tuvo tiempo de reaccionar... Sintió como si tuviera fuego en el interior del hombro y cayó hacia atrás. Fernando lo vio y salió de detrás del árbol; apuntó al pecho del guardia civil y disparó. El hombre cayó hacia delante como un muñeco de trapo.

Charles se acercó al lugar en el que estaba tendida Alicia, y taponó la herida del hombro. Fernando fue hacia la roca tras la cual estaba refugiado el guardia civil, le quitó la pistola y la munición, luego rebuscó en su bolsillo, sacó las esposas que le habían puesto en Puerta del Sol y se las puso al guardia civil. Entonces corrió a ver a Alicia; sangraba profusamente del hombro derecho, era un herida muy similar a la que había tenido Fernando un año atrás.

Estoy bien, sigamos andando.− Dijo Alicia con toda la firmeza de la que fue capaz, mientras hacía ademán de levantarse.

Fernando la obligó a sentarse; se quitó el jersey de lana y las dos camisetas interiores que llevaba, las miró un instante y volvió a ponerse la camiseta que estaba más sucia y el jersey; Con decisión, rasgó la camiseta limpia y vendó la herida de Alicia en silencio, sin mirarla ni una sola vez a los ojos… No se atrevía. “Esto es culpa mía, tenía que haber sido más firme en Madrid, tenía que haberla obligado a quedarse, jamás le habría pasado esto con alguien normal, con alguien como Álvaro ¿Cómo he sido tan egoísta?”. La dura reprimenda a la que él mismo se estaba sometiendo paró cuando una mano suave le rodeó la muñeca con delicadeza.

Alicia le miraba con una mezcla de preocupación y embeleso.

Tú no tienes la culpa de nada.− Susurró ella, como si hubiera leído el pensamiento de Fernando.

Él no contestó, la ayudó a ponerse en pie y siguieron caminando en silencio. No podía dejar de pensar en el tiempo que tardarían en llegar a Francia y cuanto les llevaría encontrar un médico que la curara sin hacer muchas preguntas, pues ella no tenía ninguna documentación.

Alicia notaba que se mareaba de vez en cuando, pero disimulaba, no se sentía más cansada de lo que había estado antes, pero el dolor y la pérdida de sangre comenzaban a afectarla; Recordó cómo había estado Fernando antes de recibir el antibiótico y supo que ella también tendría una fase de delirio, pero confiaba en que para entonces ya estuvieran en Francia, la idea de que Charles o Fernando corrieran algún riesgo por ella no le resultaba nada alentadora.

Llegó la noche, descansaron unas horas, en las cuales Fernando no se separó de Alicia, pese a seguir estando distante y sin pronunciar palabra. Charles miraba de soslayo la herida de Alicia, pero tampoco se atrevía a hablar. Ella empezó a sentirse molesta con ese silencio, pero prefirió seguirles el juego, así que tampoco comentó nada.

Cuando retomaron el viaje, a Alicia le temblaban ligeramente las piernas, intentó disimularlo, pero esta vez no pudo. Fernando la cogió en brazos, como si no pesara más que una pluma y caminó a ritmo normal durante varias horas, aunque los brazos empezaron a dormírsele y notaba cómo ese desagradable hormigueo iba desde los hombros hasta la punta de los dedos. Alicia miraba su barbilla con expresión ausente y no se percató de que pasaba algo hasta que Fernando y Charles pararon. Fernando dejó a Alicia junto a Charles, que la sujetó con el brazo, mientras una fina arruga de preocupación aparecía en su ceño.

Buenos días.− Dijo Fernando con voz fuerte y alegre.

El hombre que había frente a él parecía un campesino o un pastor; Llevaba un abrigo de lana y portaba un cayado y una bolsa de cuero. A su lado un perro de caza alzó las orejas al oír a Fernando. El hombre también le miraba, pero no parecía darse por aludido. Fernando evaluó al hombrecillo y, calculando su edad, supuso que tal vez tenía sordera, así que se acercó más.

Buenos días, qué frío hace por aquí ¿no?

Esta vez el hombre le miró directamente a los ojos con cierta sorpresa y dijo:

Pardon, monsieur, mais je ne comprends pas.

Fernando sintió que el corazón se le paraba al oír a aquel hombre, y sin poder resistirlo, le abrazó. El otro se asustó un poco y el perro, al percibir el miedo de su amo, gruñó a Fernando.

No pasa nada, bonito, no pasa nada.− Murmuró Fernando liberando al hombrecillo de su abrazo y acariciando con suavidad al perro. Luego se dirigió de nuevo al hombre, que lo miraba aún desconcertado, y preguntó.− ¿Es Francia? ¿Francia?

El hombre le observó durante unos segundos que a Fernando se le antojaron horas y luego se limitó a asentir con la cabeza. Se dio la vuelta, corrió hacia Charles y Alicia y, casi llorando, abrazó a Alicia.

Estamos en Francia… ¡¡Estamos en Francia!!− Gritó sin poder contener la emoción.

Charles, abandonando su compostura británica por un momento, se unió al abrazo.

Tengo que encontrar un teléfono, para localizar a algún contacto que nos consiga un médico.− Dijo Charles, con una alegría extraña. Fernando y él se dieron un fuerte apretón de manos.

Alicia seguía algo mareada y sabía que no podría dar más de tres pasos seguidos, pero ya le daba igual: Habían llegado, estaban a salvo, aunque seguía sin creer que la pesadilla hubiera acabado. A pesar del cansancio, era consciente de que tendría que dejar reposar los acontecimientos para que su mente pudiera asumir lo sucedido en los últimos días.

Todo va a salir bien, ya lo verás.− Dijo Fernando, que de repente se sentía más descansado, mientras cogía de nuevo a Alicia.

Lo sé.− Murmuró ella, mientras echaba la vista atrás y recordaba a Fisco y a Andrea.

Fijaron sus ojos en las pupilas del otro, con el brillo de quien ha recuperado la esperanza. Fernando agachó la cabeza y besó a Alicia, mientras la llevaba en brazos.

Charles iba un poco por delante de ellos; al rato divisó un grupo de casas, se alejó de la pareja y, en un rudimentario francés, habló con algunos aldeanos.

En el pueblo de al lado hay teléfono. Deberíais esperarme aquí, no sé a qué distancia está.− Les informó.

Tendría que haber hablado yo con ellos.− Dijo Alicia con una sonrisa tímida, pues había visto los esfuerzos que había tenido que hacer Charles por entender y ser entendido.

Tú ahora no puedes hablar con nadie, es mejor que descanses.− Respondió Charles con amabilidad.− Os he pagado una habitación en esa posada.− Dijo, señalando una casona de piedra que estaba a su espalda.− Seguramente volveré mañana, cuando ya hayáis comido, en caso de que no vuelva, ponte en contacto con ellos.− Susurró metiendo un papel en el bolsillo del pantalón a Fernando.

No creo que vayamos a tener problemas aquí.− Observó Fernando.

Es mejor prevenir, ya lo sabes.

Cierto. Suerte, compañero.

Suerte, Charles.

Él sonrió y se puso en camino. Fernando y Alicia se quedaron viendo como se alejaba antes de ir a la posada.

¿Quieres salir en la serie?


Atentos a este dato, usuarios del juego online de Águila Roja competirán por un papelito en la serie. El torneo se celebrará en la Campus Party, en Valencia del día 26 al 31 de julio.
Desde aquí, os deseo mucha suerte a todos aquellos que vayais a participar.
Fuente: ABC

miércoles, 21 de julio de 2010

Soledades de una dama





Ronda de Lucrecia. Este personaje me inspira mucha tristeza, tal vez por eso las imágenes me han salido tan sombrías.
La primera de ellas haciendo referencia a ese amor, ahora perdido, que una vez hubo entre ella y Hernán. La frase es un fragmento de la canción Sorry de Lene Marlin; la traducción sería: Lo siento, es demasiado tarde para que todo vuelva, para que vuelva todo lo que tuvimos.
Con la segunda, con una frase de Rubén Darío, intento mostrar la soledad, fragilidad y tristeza de un personaje que en muchos momentos se muestra indestructible, pero que es más vulnerable que otros en apariencia más débiles.
La tercera imagen hace referencia a la situación en la que se encuentra Lucrecia -según los avances- en la tercera temporada, no tiene a Hernán, no tiene a su hijo y le quieren quitar todo aquello que posee. La frase es de Voltaire.
La cuarta, por ese amor (u obsesión, no lo tengo muy claro) que tiene por Gonzalo, esa persona a la que nunca tendrá. La frase es de Marcel Proust.
Espero que os guste.

sábado, 17 de julio de 2010

Capítulo XLVI


CAPÍTULO XLVI

Fernando cayó hacia la derecha, empujado por Alicia; Los dos quedaron ocultos por la roca en la que, hasta hacía poco, estaban apoyados.

¿Estás bien? ¿¡Estás bien!?− Chillaba Fernando, histérico, mientras palpaba el cuerpo de Alicia.

Ella estaba tan aturdida que tuvo que repasar con la mano su pecho y su vientre para comprender que no estaba herida.

Sí, sí.− Balbuceó.

Fernando la miró con intensidad, se abrazaron con fuerza y, acto seguido, se besaron brevemente; Al instante se apartaron y se pusieron en cuclillas, todavía protegidos por la roca, apretaron la espalda contra ella. Se miraron y ambos asintieron. Los dos salieron de su improvisado refugio y, con idénticos movimientos, apuntaron hacia el lugar donde intuían que podía hallarse Mendoza, pero el policía no daba señales de vida.

¡No disparéis!− Gritó una voz con acento extranjero.

Fernando y Alicia se miraron, confusos, y un segundo después, los dos adquirieron una expresión entre eufórica y sorprendida. El brezo que había tras la roca comenzó a moverse y, lentamente, un hombre de ojos azules se fue acercando a ellos con una sonrisa tímida en los labios.

Charles.− Murmuró Alicia, mientras se abalanzaba sobre él y le daba un fuerte abrazo.

Cuando Alicia se separó de él, Fernando le abrazó también, feliz ante la sorpresa de verle con vida.

Dejadme respirar un poco, españoles.− Se quejó él con humor.

Fernando y Charles se dieron la mano y empezaron a hablar, pero Alicia se había alejado y caminaba hacia el lugar donde había estado Mendoza.

Alicia, no te acerques.− Dijo Charles, esta vez con seriedad.

Pero ella no le oía; apartó una rama de brezo y descubrió el cadáver de Mendoza, tendido en el suelo. Era una imagen extraña: había un charco de sangre junto a su cabeza y tenía una postura antinatural, como si fuera una marioneta rota, pero lo más inquietante era su mirada apagada. Parecía observar con odio a Alicia, aunque sus ojos carecían de ese brillo astuto que habían tenido en vida.

Alicia, no mires.− Le susurró Fernando al oído, obligando a Alicia a retroceder.

¡Qué triste! Una vida así… ¡Qué triste!− Murmuró ella para sí.

Los dos hombres intercambiaron una mirada sombría mientras Fernando rodeaba con el brazo a Alicia, que permanecía con una expresión melancólica. Hubo unos segundos de silencio, hasta que decidieron seguir caminando.

¿No esperamos a Andrea? ¿Dónde está?− Inquirió Charles con tono despreocupado.

El semblante relajado de Fernando y la expresión circunspecta de Alicia desaparecieron.

Ella…− Comenzó Alicia.

La mataron, probablemente otro policía, porque de haber sido Mendoza, no le habría dado tiempo a llegar hasta aquí.− Concluyó Fernando.

Charles no daba crédito.

No.− Murmuró.− ¿Qué le voy a decir a Antonio?− Y miró interrogante a los otros dos, como esperando que le dijeran algo que diera sentido a ese absurdo.

Será mejor que andemos.− Comentó Alicia acariciando la espalda de Charles.

Caminaron en silencio por el agreste paisaje. Tras unas horas pararon de nuevo y se sentaron en un pequeño claro rodeado de brezo y alguna haya solitaria; Fernando rebuscó en la bandolera y sacó algo de queso, embutido, pan duro y una navaja. Comieron en silencio y luego siguieron andando. Estaban cansados y soñolientos, aunque no lo querían reconocer; El frío se iba volviendo más intenso a medida que anochecía, pero la tensión no les permitía parar.

− ¿Crees que tardaremos mucho en pisar suelo francés? − Preguntó Fernando a Charles.

No habían hablado desde que le contaron que Andrea había muerto y tanto Fernando como Alicia se sentían extraños, entre eufóricos y tristes… El regreso de Charles les había dado fuerzas, pero no podían evitar recordar a los dos compañeros que dejaban atrás.

Charles terminó de masticar el queso y habló.

No lo sé, no soy consciente de donde estamos, pero debemos de estar bastante cerca. Tres o cuatro días de distancia, calculo.

Alicia escuchó aquello con una indiferencia que la sorprendió. Metió la mano en el bolsillo y acarició el sobre ocre. Deseaba llegar a Francia y dárselo al marido de Andrea, sabía que sólo cuando hubiera entregado esa carta, podría hacer balance de lo sucedido. De repente se acordó de algo…

Gracias.

¿Qué?− Soltó Charles, sorprendido.

Gracias por haber matado a Mendoza, no es que me alegre de su muerte, pero no puedo dejar de pensar en lo que dijo.− Dijo ella en voz muy baja.

El muy cabrón la amenazó.− Intervino Fernando, mientras tomaba a Alicia de la mano.

No es sólo eso… él quería detener a Álvaro, sólo por haber tirado unos papeles, se notaba que disfrutaba haciendo daño. No lo entiendo.− Comentó Alicia pausadamente.

No hay nada qué entender, se movía por el afán de poder, por ambición, eso es todo; Y era un sádico.− Explicó Fernando recordando el día en que el policía había llegado a su celda, limpiándose la sangre de Juan. Entonces, miró a Charles y decidió cambiar de tema, el inglés estaba cabizbajo y no parecía tener ninguna gana de seguir hablando sobre Mendoza.− ¿Cómo te separaste del grupo?

No lo tengo claro… Sólo sé que cuado empezaron los disparos, corrí todo lo que pude, recuerdo que yo empecé a atajar en diagonal, para avanzar al mismo tiempo que ponía distancia entre los policías y yo, y cuando me di cuenta estaba solo, busqué a Andrea, porque estaba a mi lado mientras corría, pero no la vi. No sabía si me habíais adelantado o si, por el contrario, yo os había dejado atrás, así que no me quedó otra opción que seguir caminando. Apenas he dormido una hora por noche.− Relato él, al tiempo que se pasaba distraídamente la mano por el cabello.

Nos adelantaste, probablemente no nos sacaste mucha distancia, pero en este lugar ya es difícil ver lo que hay cincuenta metros más allá.− Dedujo Fernando.− Alicia y yo hemos pasado el día corriendo, por eso nos hemos encontrado.

Creo que ya hemos descansado bastante.− Sentenció Charles.

Se pusieron en pie y siguieron andando en silencio. Alicia y Fernando andaban muy juntos, para luchar contra el frío; Charles llevaba la delantera y caminaba muy seguro, sin siquiera sospechar que su previsión sobre el viaje no era del todo correcta.

martes, 13 de julio de 2010

La otra cara





Y como el héroe es lo que más me atrae, no podía ser de otra manera, aquí va la segunda tanda. Aquí quería mostrar lo que el Águila expone por Margarita... incluyendo su propia identidad.
En la primera imagen he usado la frase que dijo él mismo, utilizando también imágenes de Margarita en diferentes momentos de su vida.
En la segunda, un fragmento de la canción de Fito, Catorce vidas son dos gatos... es que me encanta esa canción.
En la segunda, un fragmento de la canción All you wanted de Michelle Branch, la traducción sería: Si quieres, puedo salvarte, puedo llevarte lejos de aquí.
Y en la última, una frase que ya he usado otras veces, de Pablo Neruda.
Espero que os gusten.

Sobre el amor perdido




Me apetecía explorar en los sentimientos de Gonzalo, el arrepentimiento por no haber hablado en su momento, su dolor al ver que Margarita se le escapa... Y esto es lo que ha salido.
En la primera imagen he utilizado una poesía de Bécquer.
En la segunda, un fragmento de la canción de Fito Catorce vidas son dos gatos, haciendo referencia con ese "lo que nunca fui" a la otra cara de Gonzalo, esa cara embozada que siempre se muestra tan amable con Margarita.
En la última, la frase es de creación propia.
En fin, espero que os gusten.

lunes, 12 de julio de 2010

Aupa la Roja

Lo siento, pero lo tenía que hacer...
PD: Viva la cefalópoda que te parió, Paul.

sábado, 10 de julio de 2010

El nuevo proyecto de Roberto Álamo


El actor Roberto Álamo será chico Almodóvar. Roberto se suma a un elenco formado por Elena Anaya (¡Bien!), Marisa Paredes y Antonio Banderas. La película, que tendrá de título La piel que habito, gira en torno a la venganza, y el propio director ha comentado que será una historia dura.
Lamentablemente, tendremos que esperar hasta 2011 para verla.

Capítulo XLV


CAPÍTULO XLV

Corrían por pura desesperación, sin saber muy bien hacia donde dirigir sus pasos. No conocían el punto exacto del que provenían los disparos, no sabían donde estaba la frontera ni donde estaban ellos, pero Andrea les había indicado el lugar al que debían andar, y eso hacían ellos: Correr en línea recta esperando que tarde o temprano algo les indicara que habían dejado atrás España, con su puñado de fieras gobernándola.

Interiormente, los dos se habían prometido salir vivos de esa situación, lo sentían como una especie de lealtad hacia Andrea, Fisco y Charles, pues si fracasaban, esas muertes habrían sido en vano. No sentían el cansancio ni el frío, en esos momentos, las sensaciones externas no tenían cabida, sólo estaba el dolor de haber perdido a tres camaradas, tres amigos, tres aliados. Y mientras corrían, asidos de la mano, se daban breves apretones, como intentando que el otro, al sentir esa presión, supiera que no estaba solo.

Llevaban horas corriendo, aunque los disparos habían cesado hacía rato; cualquier crujido, hasta el más leve susurro, provocaba un estremecimiento en ambos que se traducía en un rápido movimiento de brazo: alzaban las pistolas y apuntaban hacia ese lugar del que provenía el sonido, pero lo que encontraban era un pájaro que alzaba el vuelo al verles o simplemente un arbusto cuyas ramas eran agitadas por el viento.

¿Cómo llegaste a esto?− Preguntó Fernando al tiempo que corrían entre el brezo.

Convencí a Andrea y a Charles para que me dejaran ayudarles.− Respondió ella y, al pronunciar sus nombres, sintió un pinchazo.

Ya lo imaginaba, pero ¿cómo supiste de ellos?− Inquirió él. No sólo trataba de tranquilizar a Alicia, también necesitaba saber cómo habían podido llegar a esa situación… Esa situación que había intentado evitar por todos los medios.

Cuando leí que estabas detenido intenté hacer algo… Álvaro y yo mandamos cartas a cónsules y mandatarios, pero no logramos nada. Luego me… me fui de casa; Y por casualidad conocí a Andrea, ella me debió ver tan angustiada que, para consolarme, me habló sobre la misión y... a partir de ese momento, hice todo lo que estuvo en mi mano para formar parte de ella.− Explico Alicia, mientras se preguntaba cómo estaría Álvaro en esos momentos.

¿Cómo está él… Álvaro?− Preguntó Fernando, sintiéndose culpable al momento de nombrarle.

Bueno, no está bien, claro, pero… alguien como él no estará solo mucho tiempo. No se merece todo lo que ha pasado, ha arriesgado mucho, ha sido tremendamente generoso conmigo, con nosotros.− Dijo, apretando la mano de Fernando.

Como siempre.− Sentenció Fernando.− Al menos él no está implicado más que en la venta del cuadro y no lo podrán relacionar con esto.

Él… Él hizo más que eso.− Comentó Alicia con un deje de ternura.

Ambos frenaron su carrera por primera vez y se apoyaron contra una roca para descansar las piernas.

¿Qué quieres decir?− Preguntó él, inquieto.

Me ayudó…− Suspiró Alicia, con la respiración acelerada.− Álvaro me ayudó a tirar las octavillas. Era parte de la estrategia: una maniobra de distracción.

Fernando sintió un peso en el estómago al oír lo que Álvaro había sido capaz de hacer, aún sabiendo que Alicia ya no iba a estar a su lado; Le envolvió un sentimiento de gratitud y cariño mientras recordaba el momento en el que se despidió de él, frente a la camioneta.

Estoy deseando llamar a Madrid para que detengan a ese calzonazos.− Dijo una voz a su espalda.

Fernando se dio rápidamente la vuelta, pero al momento la voz gritó:

No sabes mi posición y yo estoy apuntando directamente a la cabeza de esa monería que tienes a tu lado… Si crees que no vas a errar el tiro, adelante, dispara, pero si fallas le reviento la cabeza a tu novia.

Fernando no disparó, pero tampoco bajó el arma.

Te ofrezco un trato.− Gritó.

Alicia le miró entre sorprendida y asustada, mientras apretaba fuertemente la pistola que tenía entre sus manos, la pistola de Andrea.

No estás en condiciones de hacer tratos, Solís.− Se mofó la voz de Mendoza.

Lo estoy, sabes que no vas a cazarme vivo, y si le haces algo a ella, es probable que los dos caigamos. Pero si me prometes que ni a Álvaro, ni a Alicia les va a pasar nada y que los dejaréis ir a Francia, con el hijo de él y su madre, te dejaré esposarme y llevarme a Madrid.− Hizo una pausa, intentando calcular la posición de Mendoza, luego continuó.− Piénsalo, sales ganando, nadie se imaginaba que podrías cogerme vivo una vez, pero dos… Nadie te toserá después de eso.− Negoció Fernando con voz potente y segura.

Mendoza no contestó inmediatamente, la oferta de Fernando era muy tentadora.

Alicia miraba a Fernando y al lugar del que venía la voz, mientras seguía agarrando la pistola con fuerza. “En cuanto se acerque, le disparo; en cuanto se acerque, le disparo”.

Es una buena propuesta.− Dijo Mendoza con voz golosa, mientras se mantenía oculto entre el brezo.− Pero verte llorando otra muerte me parece mucho más entretenido.

En ese momento resonó un disparo; Luego, silencio.

viernes, 9 de julio de 2010

Entrevista a Manuela Velasco


El otro nuevo fichaje, Manuela Velasco (Rec, La chica de ayer) concedió una entrevista a Europa Press, en la que habla de cómo es su personaje, del amor de Eugenia hacia Juan y de cómo se ha preparado para afrontar este nuevo papel.
Fuente: Europa Press

miércoles, 7 de julio de 2010

Entrevista a Mónica Cruz


Es bastante completita, conviene leerla. Mónica no sólo habla sobre su personaje, Mariana, sino también sobre otros proyectos en los que tiene previsto participar.
Fuente: Europa Press

Pasiones oscuras




La primera imagen para la pareja de la oscuridad, toma una frase de la canción Witness de Sarah McLachlan, cuya traducción sería: Sácame de la oscuridad, de la duda.
La siguiente toma parte de un soneto de Pablo Neruda.
Y en la última, tan sexy ella, uso parte de un monólogo que apareció en Buffy cazavampiros (no pódía ser de otro modo) en boca de Angel.
Espero que os gusten.