domingo, 27 de marzo de 2011

Diez razones para ver la película Águila Roja



1. Se han arriesgado, tanto como serie (fue una propuesta valiente en su día), como como película y eso en España, tiene mérito.


2. Mantienen el elenco original, aunque haya personajes nuevos.


3. La calidad de la serie hace esperar una buena película.


4. Siempre es agradable creer que aún existen héroes.


5. A falta de la serie, buena es la película.


6. Aunque escueza, podremos ver a Gonzalo perdiendo la cabeza por alguien...


7. Si eso no os convence, hay dos escenas: con beso y sin beso que podrá verse en el DVD, aunque no sé cual habrán escogido para el cine.


8. Los duelos de espada (¿Sólo yo los echo de menos?).


9. ¡Inma canta!


10. Porque sí y punto.


Si no os he convencido, leed este artículo, yo no lo tenía claro hasta que lo he leído: El País

sábado, 26 de marzo de 2011

Perdida en la memoria



Como fui un poco tacaña el otro día, aquí van dos imágenes.
La primera, con un fragmento de la canción Lost de Saving Jane, cuya traducción sería: "Desvaneciéndome en el gris (...) Perdida en la sombra que dejaste atrás".
La segunda, con un trozo de la canción In arms of the angel de Sarah McLachlan, traucido: "Los recuerdos se filtran por mis venas. Déjame estar vacía e ingrávida y quizá encuentre algo de paz esta noche".
Espero que os gusten.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Desde que te fuiste


Os dejo una imagen aprovechando las capturas de NoA. La frase no es de nadie (de nadie relevante, quiero decir, vamos que me la he inventado). Aunque la imagen de la derecha sea de la tercera temporada la he usado para mostrar a la Alicia de "hoy", la que se ha quedado en esa España gris y tiene siempre presente a Fernando.
Espero que os guste.

domingo, 13 de marzo de 2011

Y el tiempo se paró - Capítulo IX (Fin)

Capítulo IX

El día que morí fue aterradoramente parecido a los demás. Era sábado y mientras desayunábamos, sonó el timbre; Fue Diana quien abrió la puerta y a los pocos minutos volvió a la cocina exultante con una revista en la mano y Nuria siguiéndola a poca distancia:

El artículo va a salir publicado mañana.− Me dijo emocionada, luego se volvió y siguió hablando, dirigiéndose a nuestros padres.− Pero nos ha traído un ejemplar de la revista.

Es un detalle.− Dijo mi padre, sorprendido.− Pasa, pasa. ¿Quieres un café?

Eh… sí, gracias.− Contestó Nuria mientras dejaba su bandolera en el suelo.

Es que Amaia y yo hemos ayudado en la investigación.− Explicó Diana, henchida de orgullo, mientras yo ponía los ojos en blanco.

Es cierto, además, con todo lo que ha pasado, creo que tenéis derecho a saber antes que nadie.− Continuó Nuria.− Ya sé cómo el asesino entró: Hay túneles que conectan esta casa con la antigua mansión Alcolea.

¿La mansión Alcolea? No me suena de nada.− Se extrañó mamá, mientras se acercaba la taza de café a los labios.

Papá le tendió una taza de café a Nuria.

Es que ya no existe, fue derruida.− Aclaró él.− ¿Te acuerdas que compré un libro sobre la arquitectura de la zona? hablaban de una antigua mansión de estilo barroco que fue destruida por un incendio y luego tuvieron que derruirla.− Le explicó a mamá.

Sí, esa es.− Corroboró Nuria tras tomar un trago de café.− Además en ese incendió murió un matrimonio. Los padres de Mario Alcolea, la persona a la que yo responsabilizo del crimen de los Bermejo.

Todos nos quedamos callados, mirando a Nuria, procesando lo que acababa de decir e intentando, sin éxito, recorrer los razonamientos que la habían llevado a esa conclusión.

¿Cómo lo sabes?− Inquirió mi madre.

Bueno, como comprenderéis, a estas alturas no hay muchas pruebas con las que trabajar, pero el árbol genealógico me llevó a fijarme en esa familia. Tras la muerte de todos los Bermejo, se convirtieron en la familia más próspera y poderosa de la zona, mejor dicho, su único descendiente vivo, Mario Alcolea se convirtió en el hombre más acaudalado de esta región. Así que con eso tenía el móvil, pero no el quién ni el cómo, porque no tenía nada que sustentara que Mario pudiese haber cometido los crímenes. Seguí investigando y di con Ricardo Alcolea, el padre, pero por lo que leí en las crónicas de sociedad, era un hombre de pacífico, de costumbres austeras, no sólo no encajaba, sino que había muerto dos años antes de que comenzaran los crímenes; entonces descubrí que Mario tenía una fama bien distinta: las crónicas, veladamente, le tildaban de libertino. Incluso encontré alguna noticia en la que se hablaba de altercados, peleas de bar y poco más. Sólo venían las iniciales de los implicados, así que no puedo estar segura al cien por cien de que se tratara de él, pero me dejó con la mosca detrás de la oreja. Me pasé semanas en blanco, porque no se me ocurría cómo se cometieron los crímenes… Si no había sido alguien de la casa, tendría que haber entrado sin que le vieran y entre la familia y el servicio, eso me parecía imposible, aunque le hubieran abierto la puerta, alguien recordaría que Mario había estado allí cuando tal o cual persona murió.− Tomó otro sorbo de café y nos miró a los ojos, sin duda, éramos un público entregado, pues no habíamos abierto la boca desde que comenzó su relato, aunque mi hermana y yo ya conocíamos algunos detalles.− Y entonces se me ocurrió visitar a Enrique Pineda, con la esperanza de que él pudiese decirme algo... lo que fuera. Estuvimos hablando y al final, ni siquiera recuerdo a qué vino, me habló de los túneles. No era raro que las mansiones tuvieran pasadizos que conectaran con otros lugares, en el caso de la mansión Alcolea, algunos se remontaban al S. XVII, pero con el tiempo, fueron incluyendo más y, al menos tres, conectaban la mansión Alcolea con esta casa que fue construida entre finales del S. XVIII y principios del XIX. Al parecer, cuando los padres de Mario murieron, pese a ser familia de los Bermejo, él se fue a vivir a una pensión de mala muerte y derrochó la herencia, pero no creo que se olvidara fácilmente de su casa y de los túneles, que no fueron destruidos por el fuego. En el reportaje sostengo que los usó para entrar en esta casa sin ser visto y huir de ella tras cometer los asesinatos. Cuando Guillermo Bermejo fue ajusticiado, su patrimonio pasó a Mario, incluyendo esta casa, en la que estuvo viviendo hasta que murió por causas naturales.

Hubo unos segundos de silencio y entonces mi padre preguntó:

¿Crees que así se coló la persona que dejó el árbol genealógico? ¿Usando esos viejos túneles?

Nuria se mordió el labio y contestó:

Es lo primero que pensé, pero he ido a la zona donde estaba la mansión Alcolea, aunque se ve fácilmente dónde estaban, ya no se pueden usar, están en ruinas. De hecho creo que el pasadizo de esta casa tendría que dar a ese lugar, pero seguramente el propio Mario Alcolea cegó los accesos, sabiendo lo que se podía hacer con ellos. Lo siento, pero sigo sin saber quién dejó ahí el árbol genealógico.

Cuando Nuria se fue, estuvimos hablando un rato sobre ello, mi madre cogió la revista y leyó en voz alta el artículo que venía a decir más o menos lo mismo que nos había contado Nuria, sólo que con algún dato más sobre la historia de las familias y varias fotografías antiguas a las que no presté demasiada atención en ese momento. A pesar de la emoción que suponía tener despejada la X en esa macabra ecuación, a las pocas horas la cotidianidad se impuso en forma de papel, más concretamente de lista de la compra.

Nos vamos a comprar ¿quién se viene?− Anunció mi madre mientras se ponía el abrigo.

Yo voy.− Dijo Diana bajando por las escaleras a todo correr.

Amaia, cielo, ¿Tú no vienes? No quiero que te quedes sola.− Me dijo mamá, asomando la cabeza por la puerta del salón, donde yo estaba repantingada en el sofá, viendo la tele.

No te preocupes, echaré la llave. Además, no me encuentro bien, creo que he pillado una gripe o algo.

A ver.− Se acercó a mí y me besó en la frente.− No parece que tengas fiebre… Bueno, tápate con la manta.

Oí como el coche se alejaba y cerré la puerta con llave. Aunque me repateaba reconocerlo, no me gustaba quedarme sola, pero ese malestar que había empezado hacía semanas, era particularmente intenso ese día. Volví al salón, me tumbé en el sofá y me tapé con la manta, mientras veía un programa de zapping. En algún momento, me quedé dormida y cuando me desperté me dio por ir a la cocina y echar una hojeada a la revista, empecé a pasar páginas y entonces me di cuenta: Allí estaba él, el mismo chico que vi reflejado en la ventana de la cocina. Un sudor frío me recorrió la espalda, leí el nombre y me mareé. Mi mente sólo atinaba a pensar “No puede ser, no puede ser, es un error”.

Creí que me caería redonda al suelo de un momento a otro, pero escuché un crujido que venía del salón, entonces con el corazón a mil por hora entré en el salón. Me quedé paralizada al ver la portezuela del pasadizo abierta, tras unos segundos en el quicio de la puerta, me lancé a cerrarla. Toqué la hoja de madera y entonces, antes de cerrarla, tuve la extraña sensación de que alguien me observaba, me giré y allí estaba él, de pié, junto a mí, me miraba como ensimismado y no parecía ser consciente de que yo estaba aterrada. Alzó una mano y lentamente la fue aproximando a mi cara, intenté alejarme, di un paso atrás… fueron unos segundos, pero parecieron una vida entera, notaba los peldaños de piedra clavándose en mi espalda, en mis brazos, en mis piernas y en mi cabeza, cada golpe era más doloroso que el anterior, hasta que mi maltrecho cuerpo aterrizó al final de la escalera.

Grité, lloré, me rendí, me rebelé de nuevo y volví a intentarlo, pero no hubo manera. Nunca logré salir de allí, los fantasmas no atravesamos paredes, ni puertas y Guillermo parecía estar contento de tener por fin alguien a su lado. Se limita a mirarme con embeleso y cuando intento abrir la puerta y escapar, me lo impide, pero casi con ternura, como si no quisiera hacerme ningún daño. Está loco y no me extraña, lleva en este pasadizo más de cien años, esperando a que alguien contara su historia. Imagino que en ese tiempo, perdió el juicio y cuando nosotros vinimos a vivir aquí, su soledad se hizo menor, se acostumbró a tener cerca a dos crías que indagaban en su pasado, que sentían interés por él. Tal vez sea ese el motivo, no lo sé seguro, no habla nunca, creo que ya no se acuerda.

Estoy muy cansada de estar aquí, en esta oscuridad y echo de menos a mi familia. Supongo que para ellos estaré desaparecida, porque mi cadáver sigue ahí, tirado al final de la escalera, y han pasado algunos años desde que morí; Aunque no importa demasiado, el tiempo se paró para mí. Y da igual cuantos días pasen, yo sé que Guillermo seguirá en ese rincón, mirándome con el asombro que da la locura y también sé que nunca me dejará marchar, lo que más me aterra es que algún día, yo también seré como él.

Me llamo Amaia Medina, tengo catorce años y estoy atrapada.

sábado, 12 de marzo de 2011

Aunque tú no lo sepas...



Os dejo dos imágenes.
La primera, en plan tierno, de Margarita y su sobrino.
Y la segunda, con fragmentos de la canción Aunque tú no lo sepas de Los secretos, sobre la pareja oscura.
Espero que os gusten.

miércoles, 9 de marzo de 2011

25 de Marzo

Recordad bien esa fecha, porque ese día se convocarán manifestaciones en toda España para pedir un endurecimiento de la Ley de protección animal que, actualmente, ni es ley ni es nada. Para cambiar esto, habrá recogidas de firmas, exigiendo un cambio en la legislación, para que casos tan graves como el del cobarde Asesino Knino no se vuelva a repetir o, por lo menos, que cuando le pillen cumpla una condena acorde con el crimen que ha cometido.
Os dejo el enlace a No al maltrato animal, colectivo del que ha surgido esta propuesta, donde podréis descargaros la hoja de firmas y también consultar los horarios y lugares en los que tendrá lugar la manifestación en vuestra ciudad.

lunes, 7 de marzo de 2011

Cuando te encontré



Os dejo dos imágenes.
La primera, con una cita de Jacinto Benavente, sobre el altruismo de Fernando.
Y la segunda, con un fragmento de la canción Con el sol en la maleta de Rosana, hablando del primer encuentro entre Alicia y Fernando y, por tanto de lo que supuso la despedida.
Se las dedico a NoA, por la maravillosa Web que ha creado, an la que podemos disfrutar de sus vídeos, de su relato y con la que me nutro de capturas (como las del primer montaje).

jueves, 3 de marzo de 2011

Entrevista a Lydia Bosch


La actriz, que interpreta a Isabel, una monja, en la tercera temporada de Águila Roja, comenta que "Isabel tiene muchas aristas, no se parece en nada a mí".
De momento es todo lo que se sabe de su personaje, aunque podemos intuir que traerá sorpresas en la trama de los hermanos-que-no-saben-que-son-hermanos.
Fuente: Que

martes, 1 de marzo de 2011

Águila Roja se lleva el TP de oro


Pese a competir con El internado y Aída, dos de las series más exitosas del panorama nacional, Águila Roja se ha llevado el ansiado galardón a la Mejor serie nacional. David Janer, en cambio, se quedó a verlas venir, pero por lo menos este año se lo llevó Paco León (Aída).
Fuente: Teleprograma